Una de las clases en un programa para directivos en IQS (Institut Químic de Sarrià)

La transformación de una empresa también puede pasar por un aula

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La farmacéutica catalana Sincrofarm disparó su rentabilidad operativa gracias al plan de acción diseñado por una de sus directivas durante un programa formativo

Economía Digital para IQS

Serie especial sobre el programa ITM de formación para directivos

Una de las clases en un programa para directivos en IQS (Institut Químic de Sarrià)

Barcelona, 26 de abril de 2017 (14:00 CET)

Muchos directivos, de grandes y pequeñas empresas, dudan si merece la pena emprender de nuevo el camino que va desde la puerta de una facultad o centro de estudios hasta la pizarra del aula. Estas dudas quizás aumentan si hablamos de profesionales del sector técnico, empleados en empresas de ingeniería, biología o farmacia, áreas donde los programas de gestión empresarial escasean.

Diana Gasset, Ingeniera Química y directora de operaciones de la farmacéutica catalana Sincrofarm, se encontraba a finales de 2015 en esta disyuntiva. ¿Vale la pena retomar los libros? ¿Supondrá un salto cualitativo tanto para mí como para mi empresa?

En el periodo en que Gasset deshojaba la margarita, la compañía a la que dedica parte de su tiempo y su capital --desde hace años también es accionista-- adolecía de varios problemas de cierta gravedad. El principal, un déficit de “rentabilidad en las líneas de producción”, señala Gasset, precisamente en el área de la empresa donde ella tenía mayor responsabilidad.

Un programa de perfil técnico

Con esta cuestión rondando su mente, esta joven profesional de menos de 40 años dio el paso adelante de matricularse en un programa de formación de directivos. Lo hizo en IQS (Institut Químic de Sarrià), un centro universitario, perteneciente a la Universitat Ramon Llull, que no le era ajeno: allí mismo había cursado sus estudios en Ingeniería Química. Gasset se inscribió en el programa Executive Master Industrial and Technical Managament (ITM), centrado específicamente en los conocimientos con los que ha de contar un profesional de su perfil.

“A mí me daba igual que fuese MBA o MBO”, recuerda con sorna Gasset. Para ella lo importante era buscar soluciones a los problemas concretos de su empresa. También encontrar unos contenidos que se adaptasen a las especificidades de una empresa como la suya.

Diana Gasset buscaba un programa que la ayudase a solucionar problemas concretos de su empresa

Dedicada a la fabricación de complementos dietéticos y otros medicamentos, Sincrofarm adolecía de una cierta desorganización en las líneas de sus dos fábricas. También padecía las consecuencias de unos operarios no suficientemente formados y una falta de implicación de todos los departamentos para implementar mejoras en la compañía. El margen de mejora, por tanto, era amplio.

Un proyecto de diez meses

Con estos mimbres Gasset (re)aterrizó en IQS. Desde el primer día, relata, comenzó a trabajar en el proyecto que han de realizar todos los participantes del programa y que les acompaña durante los diez meses que dura. Este proceso continuado se complementa, en el caso del Executive Master ITM, con contenidos sobre estrategia y dirección, innovación, economía global, gestión de proyectos, marketing o finanzas, entre otros campos.

Poco a poco, y con la implicación directa de la dirección de Sincrofarm (“participaban en las reuniones del proyecto que teníamos en el centro”), Gasset fue desarrollando un plan de acción, asesorada por los profesores del programa y con medidas de acción concretas, aplicadas casi simultáneamente a la operativa de la empresa.

Sincrofarm: la dirección de la empresa participó en las reuniones de desarrollo del plan de acción

Estandarización de las plantas

“Al final del curso académico ya notábamos los resultados”, recuerda Gasset. Por el camino las dos fábricas de Sincrofarm vivieron un proceso de estandarización, a través del que se incorporaron elementos nuevos, propios de la gestión visual de las plantas (paneles informativos, señales, pantallas…), que permitieron, por ejemplo, un descenso en los errores de calidad del producto o una mejora en el grado de satisfacción de los operarios.

Así, y en el periodo que coincide con el ejercicio de 2016, Sincrofarm vio mejorada la rentabilidad de sus líneas en un 30%, detalla la directiva. Un salto adelante que a buen seguro dibujó una sonrisa en la cara del resto de accionistas de la compañía.