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Colet: “El conseller Mena es más duro que Mar Serna y Josep María Rañé” 
Xavier Salvador/ Cristina Farrés
“Las empresas lo que quieren es pagar menos impuestos y más facilidades para ganarse la vida. A nosotros nos interesa que vayan bien” “El modelo de la 'conselleria' es la que escogió Artur Mas” “En los sindicatos hay muchas personas dispuestas a salvar empresas”
Enric Colet
Perfil
Enric Colet Enric Colet Petit. Profesor de Esade, especializado en sistemas de información, fue escogido por el conseller Mena como su número dos en el departamento. Artur Mas le nombró secretario general y desde entonces es el encargado de darle contenido a un área que es la más discutida de la nueva administración catalana.
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23/07/2011 04:00
El equipo de Francesc Xavier Mena aterrizó en el departamento de Empresa i Ocupació como un elefante en una cacharrería. Procedente del sector privado y vinculado a la escuela de negocios Esade, la guardia de corps del conseller se ha granjeado no pocos enemigos en el medio año que llevan en los cargos. Enric Colet, secretario general y número dos de la conselleria, expone a continuación su filosofía y defiende los argumentos políticos que les han llevado a convertirse en el área del Govern más criticada.

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(catalán)
¿A qué se debe la mala imagen de la 'conselleria'?
La mala imagen es relativa, aunque es verdad que tenemos algunos temas pendientes con los agentes sociales. El primero de ellos es la reducción del número de consejos tripartitos. Unimos los antiguos departamentos de Trabajo e Innovación, Universidad y Empresa; también reducimos los consejos a uno: el Consell de Relacions Laborals de Catalunya. Lo estamos potenciando incluso en la Ley Omnibus, donde incluimos una modificación para darle más autonomía. A cambio, eliminamos otros consejos.
¿Esta decisión molesta?
Sí, los agentes sociales no lo interpretan demasiado bien. Lo mismo pasa cuando anunciamos que dejaremos un sólo consejo de los dos que preveía la ley de Política Industrial aún vigente, el consejo rector de ACC1O y el de Política Industrial. En todo caso, se tendría que preguntar a ellos por qué les cuesta tanto.
Dicen que no es un tema de fondo, si no de formas.
Aquí hay otra cuestión encima de la mesa. En el momento difícil actual, tanto por el contexto de crisis como por la reducción del presupuesto, este Govern va a una velocidad de crucero muy alta. Doy la razón a los agentes en esta crítica, ya que cuando las cosas iban más lentas se podían repensar más.
¿Está en peligro la concertación social en Catalunya?
No, aunque también hay otro punto crítico con los agentes sociales. Esta conselleria es la que transfiere los fondos de representatividad de los que cuelgan los de formación. Aquí los agentes sociales participan mucho y se han recortado el 15%, cuando el presupuesto conjunto de la conselleria ha bajado el 23%. Esto también genera tensiones.
¿Entonces, al final es un tema de dinero?
No lo sé. Pero entiendo que toda organización social tiene sus gastos y cuando planteas un recorte le provocas un problema nuevo. Pero en el momento actual se tiene que hacer, nadie en la sociedad entendería que recortemos en los hospitales, servicios sociales, educación, empresas, medios de comunicación y no en las patronales y sindicatos. También hay otro elemento que complica nuestra situación: la apertura de la confrontación en la representatividad en las patronales. 
¿Qué piensa de esta confrontación?
La falta de un mecanismo objetivo de representatividad patronal dificulta establecerla. Hasta ahora funcionaba un stato quo que había determinado el presidente Pujol hace mucho tiempo: el 75% la tiene Foment del Treball y el 25%, Pimec.
¿Se modificará?
En los últimos años se ha cuestionado de ambos lados. Foment quiere dar carta de naturaleza a Fepime como representación de las pequeñas y medianas empresas, una asociación que tradicionalmente ha estado ligada a la patronal de las grandes empresas; y Pimec afirma que hay un problema en los órganos. Piden que las organizaciones más representativas tengan el mismo número de sillas que el resto.
¿Qué piensa la administración sobre estas discrepancias?
Se tiene que encontrar una solución. Lo óptimo sería que las propias patronales se pusieran de acuerdo. En el momento difícil que vive el país, es un reto añadido que ponen al presidente de la Generalitat. Artur Mas tiene que resolver un tema que, a lo mejor, no es el momento más idóneo para plantear. Pero las patronales son libres de defender sus intereses.
¿Y si no llegan a este acuerdo? ¿Qué van a hacer?
El Govern intenta mediar. Esta es la primera opción, aunque existe una segunda vía: establecer un mecanismo objetivo para valorar la representatividad. Pero sería costoso económicamente y, en el contexto actual, no es lo más adecuado para acabar llegando a una conclusión que probablemente todos ellos ya saben. Las patronales son conscientes de lo que representan, si lo explicitaran nos ahorrarían gastar dinero en medir la representatividad.
¿Tiene algún límite temporal?
No, pero es indudable que no se puede mantener mucho más tiempo.
Del relato se infiere que el problema final es que hay mucha gente que quiere acceder a la 'mamella' pública y ustedes le quiere poner freno.
Exacto, por convicción y por necesidad. Por convicción, porque creemos que el tejido empresarial tiene que ser libre, con empresas que compiten en el mercado y no por las ayudas públicas. La Administración tiene que ayudar pero sin crear situaciones clientelares. En un escenario de ajuste presupuestario como el actual, tienes que hacer de la necesidad una virtud. Por ello estamos reforzando que menos empresas, asociaciones y gente esté colgando de la mamella pública.
¿Es compatible eso con un gobierno que se autoproclama 'business friendly'?
El gobierno business friendly es amigo de las empresas que luchan para competir en sus mercados, que innovan, se internacionalizan, ocupan a trabajadores, son responsables socialmente, tiene buenas prácticas laborales, etc. El protagonismo lo tienen que tener las empresas y los empresarios, no la Administración. Les tenemos que ayudar cuando les crece la actividad, cuando tienen que entrar más camiones en la fabrica y la carretera es estrecha, por ejemplo. O cuando se quieren internacionalizar y no saben cómo dar los primeros pasos.

Aunque en primer lugar se tiene que fomentar que se ayuden entre ellos a través de las asociaciones o las Cámaras de Comercio. Nosotros tenemos que acercar la innovación a las empresas, pero el círculo virtuoso tiene que funcionar: los que hacen desarrollo tienen que cobrar de las empresas y las empresas ganar con la innovación.

La Administración tiene que intervenir cuando sea necesario, no estar en el centro. No tenemos que poner trabas a los negocios. Las empresas lo que quieren es pagar menos impuestos y más facilidad para ganarse la vida. A nosotros nos interesa que vayan bien, porque entonces pagan impuestos que nos permite sustentar la educación (que después beneficia a las empresas), la salud y el bienestar social.
¿Qué respuesta tendría para los que acusan a la 'conselleria' y a su equipo de gobierno de ser demasiado Esade y demasiado poco político?
El modelo de la conselleria es el que escogió el presidente. Artur Mas podía haber escogido a alguien de dentro de CiU dispuesto a hacer de conseller, secretario general o director general. Pero confió en Francesc Xavier Mena para organizar su equipo. Es indudable que somos menos políticos, pero tenemos la ventaja de que conocemos las empresas con mucha profundidad. Tenemos un aire diferente sobre lo que tradicionalmente se hace. No es tanto de donde venimos, de Esade o IESE, si no de la clase de conocimientos y habilidades que tenemos. Hemos observado durante muchos años desde la educación superior el funcionamiento de las empresas con competitividad internacional demostrada. Aportamos cosas, se nos escapan otras.
Se les acusa de ser tibios en la lucha para evitar que se vayan empresas de Catalunya.
Una conselleria que en medio año no ha tenido ninguna deslocalización -que habrán porque es ley de vida, las empresas se van- no es una conselleria tibia. Si la comparamos con otros momentos somos más dura. El conseller Mena es más duro que Mar Serna y Josep Maria Rañé. Tiene una forma de tratar a las empresas diferentes.
¿Mejor o peor?
Creo que mejor. La forma exquisita en que el conseller trata a las empresas y los directivos japoneses es notorio.
¿Y a los sindicatos?
También. El conseller se ha reunido con todos, se ha avanzado y se ha llegado a acuerdos. En los sindicatos hay muchas personas dispuestas a salvar empresas, cuyo nombre no se puede decir porque los comprometerías. Tanto en CCOO como en UGT, mucho más allá de los comités.
Lo dice como si su objetivo final fuera cerrar empresas.
La posición de CCOO y UGT va en el mismo sentido de la conselleria, otra cosa son los comités de empresa de determinados centros.
Pero ha habido alguna salida de tono con un alto directivo de UGT por diferencias por cómo se hacían las cosas. Incluso terminó pidiendo respecto institucional para el sindicato que representaba.
No tengo constancia de que pasara, lo lamentaría mucho. Respetamos escrupulosamente a los sindicatos. El conseller, yo y la secretaria de ocupación (Esther Sánchez), creemos que son completamente necesarios, son la base del modelo social europeo. Otra cosa es si estamos de acuerdo en la adaptación a los tiempos actuales de los sindicatos, aquí empezaríamos una discusión como cualquier ciudadano. Los sindicatos tienen que trabajar más por la conservación de los puestos de trabajo y se tienen que implicar en las empresas para que sean serias. Un comité no puede esperar que caiga un centro para intervenir. Tiene que seguir si la empresa invierte, es rentable y tiene que estar dispuesto a hacer cambios y sacrificios para conseguirlo. Cuando un sindicato o un comité de empresa quiere mantener los empleos en serio, lo hace. También existe gente que quiere cobrar las indemnizaciones y cuando más caras, mejor.
¿Pasa lo mismo con los empresarios?
Sí. Hay empresarios excelentes que luchan por el negocio y los trabajadores; y gente que va a ver lo que recoge y se va corriendo. Pasa tanto en los sindicatos como en las patronales. Pero no se tiene que olvidar que, al final, una empresa es una colaboración entre empresario y trabajadores.
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