29/07/2011 19:14
Una incógnita menos en el difícil horizonte que se divisa: la fecha electoral. Aunque sea sólo para remarcar los verdaderos enigmas, -el próximo gobierno-, y, lo que es más importante, las medidas o políticas que implementará quien sea que asuma la primera responsabilidad política del país.
Sí que es cierto que las encuestas parecen decantarse en cuanto al color político del nuevo ejecutivo pero no todo el pescado está vendido y las 16 semanas que nos separan del 20N pueden deparar cambios en las voluntades. Además poco o nada sabemos de las intenciones, las siniestras y las bienintencionadas, de los candidatos.
Silencio sepulcral en las filas populares sólo roto por algunas estimaciones que realizamos en base al carácter claramente conservador del candidato. Son solamente elucubraciones de muy poca utilidad para quienes han de gestionar expectativas, de inversión, de producción, de emprendeduría. En la otra orilla, el nuevo/antiguo candidato socialista, no es tan parco como su adversario pero sus vagas promesas suenan poco creibles viniendo de un, hasta hace instantes, miembro del inepto equipo gubernamental saliente.
Con suerte por lo tanto, a 16 semanas de las urnas y de terminarse lo que puede ser una inacabable campaña. Luego, no faltaría más, unas semanas de paripé hasta que con biblia o sin biblia, con crucifijo o sin, jure el gobierno ante las muletas del Rey. Y, mira por dónde, nos plantamos a pocos dias de Navidad, esas fechas en las que además de otros memoriales celebramos, para bien o mal de la economía, el gran festival consumista del año.
Tras ella, mitad de enero, que será el inicio oficioso del ejercicio gubernamental. Serán pues seis largos meses hasta cerrar un paréntesis que podría ser letal para la maltrecha economía de este pais. Seis meses en las que se dejarán de oir las peticiones más o menos razonables pero substanciales de los “agentes sociales” (¡vaya denominación policíaca!), para escuchar tan sólo promesas infladas e injustificadas. Seis meses en los que lo que no ha crecido durante una legislatura o más, difícilmente ahora brotará. Seis meses durante los que nos preguntaremos repetidamente que hemos hecho para merecer esto. Quizá bastante.