09/01/2012 12:21
Esta era la finalidad última de los padres de la Unión Europea y lo continúa siendo, al menos retóricamente, por sus principales dirigentes políticos actuales. Sin embargo, la confluencia de las culturas europeas se ve muy lejana y la unión política avanza más lento que las tortugas. La unión económica es la que parecía avanzar con más rapidez. Así, aunque todavía no está completada, se ha avanzado mucho en el mercado único europeo, especialmente de mercancías y de capitales. Con la introducción del euro en 1999 ("One Market, One Money") se pensó que se podría avanzar mucho más rápidamente en la integración económica y algunos, incluso, creyeron que eso haría avanzar también la unión política. Pero con la crisis actual se ha visto que eso era una ilusión. Que los que entonces avisaron de que la introducción de una moneda única en Europa crearía muchos problemas, tenían al menos una parte importante de razón. Que los que decían que si Estados Unidos podía tener una moneda única, Europa también, se olvidaban de algunas diferencias importantes entre las economías de las dos partes del Atlántico.
En primer lugar, en Estados Unidos hay un único mercado de trabajo con una muy elevada movilidad de los trabajadores desde las zonas con problemas de desempleo hacia las que hay una gran demanda de trabajo. En cambio, en Europa los mercados de trabajo nacionales son todavía muy diferentes -por cuestiones de lengua, cultura, religión, pertenencia a sindicatos, sistemas de seguridad social-y, por tanto, la movilidad es aún muy limitada. En esta situación, los problemas de los países o regiones con elevadas tasas de desempleo sólo se podrían solucionar con la utilización de una política monetaria o una política fiscal. La primera no es posible por la propia existencia del euro y el Banco Central Europeo (BCE), y la política fiscal tampoco es posible por la escasez del presupuesto de la Comisión Europea y por las restricciones a los déficit fiscales de los estados de la eurozona.
En segundo lugar, en Estados Unidos hay un sistema fiscal y una política fiscal en el ámbito federal y existe el Tesoro federal. La mayoría de los impuestos se pagan en el ámbito federal y la mayoría de los gastos se hacen también a este nivel, con un peso del presupuesto federal que se aproxima al 25% del PIB. En cambio, el presupuesto de la Unión Europea está en torno a sólo el 1% de su PIB ya que los impuestos y los gastos públicos se gestionan mayormente al ámbito de los estados miembros. Por lo tanto, en Estados Unidos es posible hacer políticas fiscales anticíclicas desde el ámbito federal con transferencias a los estados que se encuentran con problemas de recesión y desempleo. Por el contrario, estas políticas no son posibles en la Comisión Europea mientras que los estados se encuentren limitados por las restricciones al déficit público y por las presiones de los agentes que actúan sobre las primas de riesgo de la deuda pública de los países demasiado endeudados.
En tercer lugar, los estados de los EEUU están obligados por su constitución a mantener sus presupuestos anuales operativos en equilibrio y sólo pueden endeudarse de forma limitada para hacer proyectos de inversión, por ejemplo, en escuelas o carreteras. Estas limitaciones están condicionadas al hecho de que los estados americanos (como los países de la eurozona) no pueden crear moneda, algo que sólo puede hacer el estado federal (el BCE en el caso de la eurozona). Como sabemos, a los países de la eurozona también les quieren imponer limitaciones similares a las que tienen los estados americanos.
Llegados a este punto, la gran cuestión es: ¿podrá Europa solventar estas diferencias y avanzar hacia la integración económica, hacia una moneda única que funcione y hacia la unión política? A corto y medio plazo parece claro que no. Incluso en el caso de que se avance hacia una mayor unión política, todo apunta a que será en el sentido de un mayor poder de Alemania (y mucho menos Francia) para controlar los presupuestos, ingresos y gastos públicos de los otros países, y especialmente los de la periferia. Esta transferencia de soberanía (y pérdida de democracia en los ámbitos nacionales) llevará probablemente a un aumento de las tensiones y conflictos que ya existen principalmente entre Alemania y otros países de la eurozona.
* Profesor de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona. Decano de la Facultad de empresa y Comunicación de la Universitat de Vic