Brasil es un país proteccionista. No es que lo diga yo, que lo afirmo con contundencia, sino que la propia presidenta Rouseff lo certificó durante la presentación del plan Brasil Maior, el plan estratégico para las políticas industriales, tecnológicas, de servicios y de comercio exterior para el país de 2011 a 2014. O, dicho de otra manera, lo que todo empresario con ganas de instalarse en Brasil debería leer en profundidad porque los que ya están aquí se lo han leído y empiezan a “disfrutar” de sus ventajas.
No entraré en el contenido del plan porque es público y es mejor leerse la versión cruda en portugués, pero sí me detendré en una reflexión acerca de la conveniencia de las políticas proteccionistas para hacer avanzar un país.
Brasil no es sospechoso de falta de apetito para crecer y así lo ha demostrado en los últimos años posicionándose entre las 20 economías más exportadoras del mundo, aprovechando el tirón de sus minerales, petróleo, carne y soja entre otros. Este crecimiento ha permitido situar a su PIB en el sexto lugar del mundo (aunque su per cápita sea menos de la tercera parte del de España).
Este crecimiento se ha cimentado, junto a otros factores, dificultando el acceso a su mercado a los productos de importación. Por poner ejemplos sencillos: los coches en brasil son los más caros del mundo, especialmente los de importación; para desincentivar las compras en el exterior, el gobierno grava con un 6,23% las compras realizadas en el extranjero y pagadas con tarjetas de crédito brasileñas; las empresas locales de determinados sectores (confección, calzado, mueble y software) tienen un trato fiscal especial y en procesos de licitación públicos las empresas brasileras podrán tener hasta un 25% más de puntuación. Podría poner muchos más ejemplos, pero como muestra, un botón.
Algún crítico podrá decir que, recientemente, el gobierno bajó los impuestos a más de 400 productos de importación, lo que probablemente no sabrá es que fue una medida temporal (acaba en Junio de 2012) y límite ante el desabastecimiento de ciertas materias primas o productos manufacturados básicos que no se producen con calidad en el país como, por ejemplo, las ruedas de camión o ciertos repuestos de coche o avión.
La pregunta surge con facilidad: esto, ¿ayuda o pone en riesgo el crecimiento económico del país?. Para responderla creo que debemos añadirle la variable tiempo. Con certeza ayuda a corto plazo y posiblemente dañe seriamente al país a medio/ largo plazo. ¿Por qué?. Porque a corto plazo si los productores brasileños no son competitivos en el mercado global, una política proteccionista puede evitar que desaparezcan industrias como sucedió en España con la cerámica, el calzado, el juguete, el textil y tantas otras, lo que evita que se pierdan puestos de trabajo.
Para hacerlo sostenible, se debe trabajar en la mejora de la competitividad de manera sistémica. Adicionalmente, en tiempos de crisis, estimular el mercado interior (sobre todo si es del tamaño del de Brasil) ayuda mucho a limitar los efectos devastadores de las caídas de consumo de los clientes exteriores.
A medio plazo, los productores subsidiados que han tenido clientes cautivos gracias a los impuestos del gobierno y que no han hecho los deberes para mejorar su competitividad y valor añadido, serán simplemente eliminados del mapa cuando la coyuntura económica obligue al país a abrirse y créanme que sé de lo que hablo cuando señalo la mala calidad en las manufacturas brasileñas.
La pregunta está servida. Ustedes opinen...