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Una visión catalana del ocaso de Bankia
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Bankia, digámoslo de entrada, siempre ha sido un engendro, desde que a Jaime Terceiro le expulsaron de la presidencia de Caja Madrid. Dejó de ser una entidad profesional, de gran prestigio, con una red excelente, especialmente en Madrid, para convertirse en una "palanca" político-económica de la Comunidad de Madrid.

Algunas grandes operaciones corporativas le convirtieron en una máquina de consecución de intereses políticos y económicos de la mano de Esperanza Aguirre, y después del PP.

Endesa ("antes alemana que catalana"); Iberia privatizada y consolidada en el Aeropuerto de Madrid; la tecnológica Indra, la conjunción con la aseguradora Mapfre... son operaciones de riesgo, bastante diferentes de las inversiones de La Caixa, centradas en utilities, aunque con Endesa ganaron muchísimo dinero.

Cuando se habla de que Bankia tiene/tendría que haber vendido sus participadas, se olvida de que su valor en libros es superior a su precio en bolsa. Aunque es verdad que sus plusvalías empresariales tendrían, en su día, que haber servido de "garantía" para su cartera inmobiliaria.

Una carrera desenfrenada para ganar dimensión (con decisiones de "banca de inversión", con una gran exposición al inmobiliario) y el control de intereses políticos de la Comunidad de Madrid concluyeron con la fusión precipitada, en una huida hacia delante --ahí el Banco de España tenía que haber puesto más autoridad y sensatez-- con Bancaja (¡vaya otra!) y otras cajas pequeñas, un autentico pelotón de los torpes.

Bankia es el ejemplo perfecto de la manipulación política en una entidad financiera. Todo ello aderezado con luchas intestinas en el PP. Al final, como no podía ser de otra manera, les ha explotado en las manos. En primer lugar al PP, pero también al Banco de España, y su nacionalización es la peor noticia (ex-aequo con la expropiación de Repsol) acaecida en la economía española en esta crisis.

En el tratamiento de la crisis financiera bancaria en España tampoco el Banco de España ha dado lo que se esperaba de su prestigio en las épocas de Mariano Rubio y Luis Ángel Rojo.

Ha pensado que las fusiones ayudarían a capear la crisis, porque creían que había un exceso de capacidad, que la hay, pero se olvidaron o subvaloraron de que además había un problema de solvencia a causa de la inversión inmobiliaria, que se iba agrandando a causa de la caída de la actividad y el desempleo en España. Los bancos no podían generar ingresos de sus clientes.

La discusión estriba en si el Banco de España hubiera tenido que haber intervenido antes. Los funcionarios del banco argumentan que no tenía atribuciones suficientes, que no había suficiente motivo o evidencia. Los bancarios que tuvieron que lidiar con la anterior crisis bancaria de los años 80 creen que siempre el banco tiene autoridad suficiente (recuerdan la intervención de Banesto que llevaron a cabo Serra, Solbes y Rojo), y que lo que falta es decisión y fuerza política. Ausencias que se producían al tiempo que se opinaba sobre el mercado de trabajo en España.

El gobierno anterior, por su debilidad ante la crisis generalizada, no se atrevió a tomar medidas mas radicales contra una institución dominada por el PP. Y el actual ha tomado las decisiones cuando no ha tenido más remedio: cuando el auditor se negó a firmar las cuentas. Pero dejó que Bankia saliera a bolsa, que emitiera preferentes...

Para el PP y para Rato el banco es un verdadero desastre de gestión, aparte del coste que representa para todo el sistema bancario y la credibilidad del país.

¿Y los auditores? Vaya por delante que Deloitte es una de las más serias auditoras, sino la que más, de las que operan en España, después de la fusión con Arthur Andersen. Es muy probable que el auditor haya aguantado hasta que no ha podido más. Hasta que ha visto que los planes de los gestores no iban en el sentido que permitiría enderezar la marcha de Bankia.

A todos extrañó que no pusieran objeciones al auditar Banco de Valencia, pero también sucede que el auditor no puede llegar a revisar todas las operaciones, y tiene que fiarse, hasta cierto punto, de las explicaciones que le dan los gestores.

En definitiva, un gran fiasco. Bankia es la tormenta perfecta de cómo se han hecho las cosas. Y la pregunta que todavía subyace es: ¿Se podría haber evitado? ¿O era inexorable, ya que el modelo era intrínsecamente explosivo?

El sistema financiero --ahora parece claro-- tiene que ser controlado. La libertad de empresa no se puede aplicar, sin más, dadas las consecuencias que una mala gestión comporta.

El Banco de España está para eso, para controlar, inspeccionar, recomendar y prohibir practicas tóxicas. Para esto tiene un estatuto especial. ¿Por qué el Banco de España no impidió la fusión?, ¿Por qué no paró la exposición al riesgo inmobiliario?, ¿Por qué, en su día, no obligó a Caja Madrid a limitar su riesgo en inversiones industriales y de servicios?

Porque el poder político todavía tiene más influencia en el sistema financiero que los órganos de control, y porque, especialmente las cajas, acogen en sus estructuras (miren el Consejo de Caja Madrid-Bancaja-Bankia) a muchos políticos profesionales.
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