Uno de los argumentos que se utilizan de manera recurrente es el de que si echamos de su cargo a la persona desprestigiada se producirá de inmediato una mejora de la situación, más allá de las razones que causaron el desprestigio.
En efecto, algunos inversores españoles mostraron su sorpresa en las redes sociales porque el triunfo político del PP en las elecciones municipales y autonómicas en España no se había visto correspondido con una reacción positiva en la bolsa. Esta visión se parece a la decisión tomada por algunos gestores de cajas de ahorros, que han elegido buscar capital privado para crear un banco, siguiendo el modelo de imitación típico de España. Y hann tomado la decisión sin realizar una valoración previa de las posibilidades reales de conseguir el objetivo que se busca. Dicho con otras palabras: “Si la Caja tiene un banco, yo, Caja de Valencia, Madrid o ... también”.
Creo que este modelo está acabado. El momento económico es de austeridad y los proyectos se valorarán por su sostenibilidad futura. Por eso cuesta creer que los mercados (los llamados mercados) apuesten por un futuro con muchas cajas en España. Parece que una solución que puede tener más éxito es conseguir dinero del FROB. Una apuesta que han hecho dos cajas catalanas, aunque ese dinero público puede no ser suficiente.
Volviendo al principio, es importante la solvencia de la persona, pero debemos distinguir lo que son sus errores, que todos cometemos, y lo que son operaciones de "acoso y derribo". Nuestros políticos saben mucho de esto último. Es una forma de deteriorar la imagen del que es un enemigo electoral peligroso. Y este es el argumento que me hace pensar que no servirá un cambio de persona y de partido político al mando de la economía española. Quizá para otras cosas sí, porque la crisis económica no está siendo compartida en su diagnóstico y no es corta. Hay que ver sólo las diferentes apreciaciones que sobre esta crisis han hecho con dos días de diferencia el presidente del BBVA, Francisco González, culpando al Gobierno de todo y mostrando impaciencia por los costes financieros. Y en segundo lugar, la opinión del presidente de la CECA, Isidro Fainé, afirmando que vamos por buen camino, y que sin embargo, esto va para largo.
Por eso se dudoso que ningún proyecto partidario sea "la solución". Nos encontramos, pues, en un momento en que las contradicciones son fuertes y hay que pedir a la clase política cintura y oído respecto a lo que le pasa a la ciudadanía. Hasta ahora, todos son muy sordos.