Las últimas noticias sobre Grecia nos permiten interpretar que, de momento, ha ganado tiempo y que hemos salvado el euro. Pero nadie nos ha explicado en qué agujero oscuro hubiéramos entrado sin el acuerdo del país helénico para aplicar el plan de recortes y cómo habría afectado a la moneda común. Así que podríamos decir que los griegos han salvado el euro.
Ahora toca conocer qué pasará en Estados Unidos. La prensa o los medios propagandistas que tenemos en España no lo explican con el mismo énfasis. Grecia no tiene nada que ver con EEUU, faltaría más. Por eso todo el mundo puede dar su opinión. Pero, y de EEUU, ¿qué decir? Pues con la prudencia obligada, que estamos ante otro momento crítico, se ha agotado la capacidad de endeudamiento del dólar y que hay dos caminos: o aumentar el techo del endeudamiento, o aplicar impuestos a las sociedades multinacionales y los más ricos.
Eso si hacemos caso a los teóricos de la economía española que critican la situación actual y que culpan a ZP de todos los males, sin explicar nada más que lo que creen conveniente. Es decir, insisten en aumentar el techo del endeudamiento, aunque la economía americana no sea viable.
Por el contrario, son los parientes de quienes dicen eso de que allí, en EEUU, hay que cumplir con el techo de déficit. No estamos ante un debate menor, nos afecta a todos. Ser la potencia dominante tiene esto: hasta hoy la política americana ha sido no reducir el déficit, a diferencia de lo que ha hecho Europa. Cabe recordar que el coste social europeo, lo empezaremos a pagar pronto, pero eso importa poco a nuestras élites, tienen la policía.
En EEUU pero, la maltrecha situación social aún preocupa menos. El esfuerzo del presidente Obama para crear empleo no está teniendo el éxito que se esperaba, por lo tanto sólo queda subir impuestos o... aumentar el endeudamiento. Yo defiendo la primera idea, entre otras cosas porque hay que garantizar unos mínimos de estado de bienestar.
Volviendo a Europa, sanidad, educación, dependencia... son valores que hay que defender. Adelgazar otras cosas: inversiones faraónicas, servicios prescindibles a las empresas y subvenciones de dudoso retorno social. Pero mantengamos el que se símbolo de civilización. O quizá hay quien quiere volver al siglo XIX?