A punto de empezar las vacaciones, el affair principal --la crisis griega es una broma a su lado-- no está resuelto. Me estoy refiriendo a las negociaciones entre demócratas y republicanos en Estados Unidos para autorizar el incremento del gasto público que permita al país endeudarse más y por tanto pagar las facturas a partir del 2 de agosto. Supongo que el día 1 a las 23:59h anunciarán el acuerdo, para evitar males mayores, pero por ahora es sólo un deseo.
Cuando en Europa se ha discutido la refinanciación de la deuda griega, las empresas de valoración de la solvencia de los países (los señores de Fitch, Standard & Poor's y Moody's) han desempeñado un papel determinante marcando el ritmo de las negociaciones o, a menudo, encareciendo los títulos de la deuda por su intervención u opinión. Sin embargo, no nos llegan noticias de que estén actuando de la misma manera con el caso de los EEUU, donde las advertencias de las agencias de calificación se han limitado a pequeños toques de atención “oye, que te quitaré una A como sigáis así”, han dicho a lo sumo.
Este escenario pone en duda la presunta neutralidad de esos agentes. En un escenario en el que no está claro si habrá o no acuerdo, estas agencias aún no han reducido la calidad crediticia de los EEUU. ¿Por qué no lo hacen? Y si no pueden hacerlo, ¿por qué no lo explican? La respuesta parece clara: hay dos varas de medir, por lo que es preciso cambiar este tablero de juego por otro en el que los europeos tengamos alguna oportunidad. No podemos perder de vista que el principal interesado de que en EEUU no pase nada es China, que ya ha dicho esta boca es mía. Públicamente ha recordado que es necesario un acuerdo entre los políticos estadounidenses. No en vano, es el principal acreedor del país.
Ya que hablamos de los países emergentes, si es que podemos referirnos a China como tal, éstos no tienen los problemas de Europa, lógicamente porque son quienes compran nuestra deuda. Así que sólo queda un camino para el Viejo Continente y es, como he defendido en otras ocasiones, construir más Europa en base a la pérdida de sobiranía de los estados miembro en el ámbito económico. Parece inevitable caminar por un sendero por el que hay poco margen para las diferencias políticas, quizá sólo las de la persona que gestione la 'cosa pública'.
Pero pase lo que pase hasta septiembre, agradezco a Economía Digital y a sus lectores la atención que me prestan durante todo el año. Aunque también siempre se agradecen las desconexiones temporales, como esta estival. Buen verano.