Las Ramblas vuelven al mapa pijo de Barcelona

Tío Carlos, Shiva y Ultramarinos, algunos de los restaurantes que quieren recuperar el prestigio que la calle más famosa de Barcelona ha perdido

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Imaginen la escena: sábado noche en las Ramblas de Barcelona. Un grupo de jóvenes de razas varias juega a empezar su juerga a las puertas de un local. Cigarrillos, latas de cerveza, alguna botella y muchas risas. A unos metros, observan encandiladas tres mujeres de mediana edad (una de ellas es la ex de uno de los industriales textiles más importantes del mundo). Elegantes y muy bien vestidas, se nota que ese día han pasado incluso por la peluquería para la cita nocturna. Bolsos de Chanel, abrigos de piel, joyas, etc.

«Hacía años que no bajaba a las Ramblas», comenta una de ellas, «porque el Liceo no son las Ramblas, es otra cosa, y cuando vamos, salimos pitando de allí con miedo a que nos roben». El comentario provoca las risas cómplices de las amigas, que se sienten esta noche como unas rebeldes. Han pisado territorio comanche, como cuando eran jóvenes y alguna vez se escapaban a tomar algo al Glaciar. Aunque de eso hace tiempo.  

Nuevos restaurantes para la alta burguesía

Una de ellas fuma un pitillo (Marlboro, no lo duden) mientras esperan a que llegue el taxi que las recoja a las puertas del restaurante Ultramarinos. Acaban de cenar en uno de los locales de moda de la ciudad, un sitio que obliga a las clases altas a bajar de nuevo al Chino. Las Ramblas, de nuevo en el mapa ‘pijo’ barcelonés. Y el Ultramarinos no es el único local. En los últimos meses son varios los que han abierto en la zona y que han llamado la atención de la burguesía de la zona alta.

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El Grupo Costa Este, de los hermanos Ramón y Javier Bordas, también ha puesto su vista en Las Rambas. Hablamos de uno de los grupos empresariales más potentes de Barcelona en cuanto a ocio y noche se refiere, propietarios de locales como Nuba, Opium, BlingBling y los restaurantes Cachitos. El local de los Bordas, que ocupará un antiguo sex shop y será además de restaurante bar de copas, tiene las obras paradas por un pequeño problema administrativo. 

Y no hay que olvidar la oferta de la Boquería, apuesta distinta y siempre segura, que tienen tanto el chef Carles Abellán -abrió en verano un local- y Oscar Manresa -quien hizo lo propio en septiembre de 2012 con el restaurante Rambla95-. «Mucha materia prima y mucha ilusión», comentaba en su momento el cocinero. Manresa es también el encargado del restaurante de los bajos del Hotel Ramblas Chic&Basic, propiedad de Hugo Beltrán (hijo de la relaciones públicas Dolly Fontana), situado a pocos metros de este paseo, junto a la Escuela Oficial de Idiomas.  

Las Ramblas, territorio extranjero

Ante estos movimientos, la Associació d’Amics de les Rambles ofrece unos datos muy contundentes, obtenidos a través de un estudio realizado a fondo por la entidad. Informan de que el 21% de los visitantes de la Rambla son vecinos de Barcelona, de los cuales el 48% lo hacen cada semana, mientras que el 32% la visitan una vez al mes.

El 70% de los barceloneses que pasean las Ramblas suele consumir algo en sus cafeterías o restaurantes y el 50% compra en sus tiendas. En cuanto a los restaurantes, la nota que reciben es de un 7 sobre 10, bastante alta si tenemos en cuenta la fama que les precede.

Aunque lo cierto es que cuando se trata de saber qué porcentaje de clientes de los restaurantes son barceloneses o extranjeros, la cosa cambia. El 58% de quienes escogen un establecimiento hostelero de las Ramblas para comer o cenar son extranjeros, en su mayoría italianos, alemanes, holandeses y británicos.

Seducir al público barcelonés

Y eso lo sabe bien Kate Preston, socia junto a su marido José Lomardero del Grupo Lombardo, propietario del restaurante Ultramarinos, el local de moda en la zona. «Tenemos que volver a acercar al barcelonés a las Ramblas», dice Preston a las puertas de su restaurante, «como inglesa sé el valor que tiene un paseo como este y me da mucha pena que la mayoría sean guiris y que los locales no tengan una mínima calidad».

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La batalla del Grupo Lombardo por conseguir un local en las Ramblas ha sido larga. Como el Ayuntamiento no da permisos para abrir nuevos por motivos más que razonables -saturar la vía con más restaurantes va en detrimento de su atractivo y autenticidad casi perdida, aducen-, si una empresa quiere tener un restaurante en el lugar debe esperar a que cierre uno ya existente.

La tendencia de Ultramarinos

En el caso del Ultramarinos, fueron dos: un bar y un restaurante de comida rápida. El resultado es espectacular, sobre todo gracias al interiorismo del siempre presente Lázaro Rosa-Violán. Aunque esta vez ha logrado salir de su mundo creativo y ha ideado una decoración distintiva, festiva y alegre, que recuerda a una verbena popular.

El local cuenta con capacidad para unas 200 personas, aunque -dice Preston- que casi nunca lo llenan del todo para mantener el encanto. La carta es excelente, basada en producto de temporada, de mercado y básica. «No queremos estridencias ni creatividad, buscamos ofrecer cocina de mercado de calidad, con algún toque personal y alguna referencia a nuestra historia personal».  

El precio medio es de unos 30 euros y ofrecen desde tapas hasta ensaladas, hamburguesas, arroces y hasta pizzas («estamos en las Ramblas y muchos clientes piden pizza, no lo podemos obviar», puntualiza) en una carta larguísima en la que destaca una estupenda ensalada griega, la ensaladilla rusa muy tradicional y la hamburguesa de vaca vieja. Los postres son espectaculares y cuentan con alguna referencia británica.

La apuesta el grupo Lombardo

Algo que sucede también en el Ajoblanco, de la misma empresa, donde el Eton Mess es uno de los referentes dulces y un pecado para quienes están a dieta. El Grupo Lombardo cuenta con diez restaurantes en Barcelona (Ultramarinos, Ajoblanco y el resto son Taller de Tapas) en los que emplea a 300 personas.

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El matrimonio José-Kate Lombardero-Preston lidera esta empresa y ahora que sus hijos ya son adolescentes empiezan a pensar en un futuro familiar en el negocio. El mayor, por ejemplo, está en la cocina del Ultramarinos. «Hay que empezar desde abajo», recuerda el padre con orgullo, puesto que es así como lo hizo él y a estas alturas ya tiene un imperio gastronómico en Barcelona. Y con su última apuesta ha conseguido volver a poner a Las Ramblas en el mapa de los barceloneses. 

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