Junqueras desafía a Sáenz de Santamaría a parar el referéndum

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El consejero de Economía espera una negociación a fondo sobre inversiones, pero se arroga el liderazgo del independentismo

Oriol Junqueras tiene prisa por recaudar el nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. / EFE/Quique García

Barcelona, 10 de enero de 2017 (21:05 CET)

El año decisivo. El choque de trenes –desigual-- se producirá. El consejero de Economía y vicepresidente del Gobierno catalán, Oriol Junqueras, quiere negociar con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría todo lo que sea necesario, pero desafía al Gobierno a que pare el referéndum soberanista, porque seguirá adelante, lo autorice o no. "Siempre hemos sido independentistas, no pediremos permiso", sentenció el vicepresidente catalán, consciente, sin embargo, de que ya llegarán los tiempos de las rebajas.

Junqueras se arrogó este martes el liderazgo del movimiento independentista, sin renunciar a jugar una vía pragmática que le permita avanzar y ganar tiempo. En una reunión en el departamento de Ecomomía, con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que había comunicado previamente al presidente Carles Puigdemont, pero que irritó a su partido, al PDCat, Junqueras mostró su preocupación por las dificultades financieras del conjunto de España "si suben los tipos de interés, con la necesidad de colocar unos 550 millones de euros cada día durante todo el año".


Asumir las cuestiones económicas

La vicepresidenta le ofreció a Junqueras tranquilidad, al señalar que el Gobierno tiene previsto ese posible escenario. El dirigente republicano también quiso saber qué respuesta tendrá el Gobierno sobre el fondo de pensiones, que se va agotando, sin una fórmula, todavía, que pueda ser sustitutiva. Lo que quería exhibir Junqueras, en definitiva, es la preocupación de un dirigente de "estado", pendiente de conocer cómo podría quedar una Cataluña independiente en el contexto financiero internacional.

La reunión, sin embargo, tenía el objetivo de acercar posiciones sobre cuestiones tangibles, sobre los 46 puntos que en su día Artur Mas envió a Mariano Rajoy, y que hizo suyos el presidente Puigdemont. En esa relación de peticiones, la mayoría relacionadas con inversiones del Estado en Cataluña, la vicepresidenta se mostró optimista. O están a punto de resolverse, o se asumirán en poco tiempo.

La propia Sáenz de Santamaría tiene previsto anunciar un plan de inversiones en Cercanías de Renfe. Pero el bloqueo sobre la convocatoria de un referéndum es total. "Ni puede ni quiere entrar el Gobierno en una cuestión sobre la que no puede decidir como ha quedado claro con algunas decisiones en otros países, como Italia o Alemania –este caso el Constitucional alemán ha dejado claro que no se puede convocar una consulta en ninguno de los länder, tras una petición de un dirigente de un partido independentista en Baviera.


Vaguedades por ahora

Esa advertencia de la vicepresidenta la lanzó antes del inicio de la reunión. El Gobierno de Mariano Rajoy no quiere saber nada de un referéndum pactado. Y el Gobierno catalán insiste en que seguirá hacia delante, le guste o no al Ejecutivo de Rajoy. Aunque se trate de una retórica oficial.

El punto en común es que un acercamiento en distintas cuestiones, como las inversiones del Estado o el nuevo modelo de financiación autonómica, pudiera forzar al gobierno de Puigdemont a replantear su hoja de ruta. Pero, según fuentes nacionalistas, "no hay nada concreto, todo son vaguedades".

¿Qué quería entonces Soraya Sáenz de Santamaría? La idea de la vicepresidenta es negociar "todo lo negociable", menos el referéndum soberanista.

El Ejecutivo español, en realidad, y pese a la llamada 'operación diálogo', que lidera la propia vicepresidenta y el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, quiere asegurarse un interlocutor que tenga una mayoría estable detrás. Y no la tiene.


El interlocutor que no llega

Junqueras sigue en su estrategia de dejar señuelos al Ejecutivo, consciente de que en todas las encuestas Esquerra Republicana aparece como la fuerza central en Cataluña. Pero ahora mismo el gobierno catalán lo conforma una extraña coalición entre el PDCat, la antigua Convergència, que se desangra electoralmente, y ERC, además de diferentes independientes, y totalmente necesitados de los votos de la CUP para poder aprobar los presupuestos de 2017.

Ante esa tesitura, Sáenz de Santamaría sigue en su operación de seguir el pulso a la política catalana, con promesas y empatía. Poco más por ahora. Y Junqueras lo sabe.

El encuentro constató el liderazgo de Junqueras, a la espera de la reacción del presidente Puigdemont, que se niega, --por el momento-- a acudir a la reunión de Rajoy con todos los presidentes autonómicos, prevista para la próxima semana.

El líder de Esquerra sigue en su camino firme hacia el gobierno catalán, sin renunciar, oficialmente, al referéndum.