“El Ágora se acabará en su día”, dijo la semana pasada el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ante la insistencia de los periodistas. “Ahora no es una prioridad, ahora hay que ser eficientes con el poco dinero que tengamos”, apuntó sobre el último edificio construido en la Ciudad de las Artes y las Ciencias en el que ya se han gastado 77 millones de euros, según revelaba la Sindicatura de Cuentas a finales de 2011.
El Ágora, diseñado por Santiago Calatrava y que debía estar acabado en julio de 2010, es uno de los ejemplos más llamativos de obras o proyectos paralizados por la crisis. En un solar junto al Oceanogràfic yacen apiladas desde hace años más de un centenar de inmensas láminas de acero que tendrían que lucir ahora en la cubierta. Y allí seguirán durante un buen tiempo más porque el Consell no se plantea ahora afrontar el coste que supondría acabar el edificio.
El caso del Ágora, sin embargo, no el único. Ni mucho menos. La Generalitat, ahogada por sus deudas y con graves dificultades para cumplir un calendario de pagos en los próximos meses, ha suspendido muchos de las grandes obras faraónicas que ideó en tiempos de bonanza. Ahora, hacinados en los cajones de los despachos, estos proyectos esperan tiempos mejores. Algunos ya no pasarán nunca del papel. Otros esperan una inyección económica privada. Estos son algunos de los ejemplos.
Un metro sin hora de llegada
La línea T2 es el gran proyecto de Metro Valencia que pretende unir a través de 10 kilómetros de vías los barrios de Torrefiel y Nazaret atravesando el centro histórico de la ciudad. Un trazado delicado, subterráneo en el centro y abierto en la zona marítima, que se eterniza. El Consell lo considera “irrenunciable”, pero la falta de liquidez ha hecho que sólo se hayan ejecutado unas obras y otras no. La línea debería comenzar a funcionar a principios de 2013, un plazo que ahora parece imposible de cumplir.
Más complejo todavía será desarrollar la estación definitiva del AVE y el Parque Central. Un proyecto a tres bandas entre Gobierno, Generalitat y Ayuntamiento de Valencia que busca financiación público-privada como única solución para afrontar unas obras de tal magnitud. La céntrica macroestación, que pretendía agrupar trenes de alta velocidad, larga y media distancia y metro, debía estar acabada en 2014, pero ahora ya nadie se atreve a dar un nuevo plazo. Además, el Parque Central, llamado a ser el pulmón verde de la ciudad con 250.000 metros cuadrados, acumula más retrasos al estar supeditado a la infraestructura ferroviaria.
Descartada la Torre de la Música
Otros proyectos, sin embargo, nunca pasaron del papel. Uno de ellos es la Torre de la Música, un ambicioso edificio de cien metros de altura y cien millones de euros que estaba llamada a albergar la emblemática sede del Berklee Collage of Music a partir de 2010. Sin embargo, su director, Guillermo Cisneros, descartó hace un mes definitivamente su construcción. Por ahora las primeras clases han empezado en el Palau de les Arts.
Aunque por repercusión, el ejemplo más llamativo es el del Aeropuerto de Castellón, donde casi un año después de su inauguración siguen a la espera de que aterrice el primer avión. Su inversión inicial fue de 200 millones de euros (70 de ellos salieron de las arcas públicas) y por ahora ya cuesta cerca de 300.000 euros cada mes sin funcionar. Además, esta semana se supo que un error de cálculo en el proyecto obligará a rehacer parte de la infraestructura, ya que el espacio de giro para los aviones es demasiado pequeño.
Una lista interminable
Estos proyectos son sólo algunos ejemplos de una lista casi interminable que podrían seguir con las fallidas Torres de Calatrava y la ampliación del IVAM en Valencia, la Ciudad de la Justicia y el Centro de Congresos en Alicante, la Ciudad de las Lenguas y el Centro de Convenciones de Castellón o la Ciudad de las Artes Escénicas de Segunto. O podría seguir también con los hospitales finalizados pero cerrados en Llíria o Gandia, y otros aparcados en Torrent, Ontinyent y la Vall d’Uixó. Todos ellos promesas y proyectos que ahora no se pueden cumplir.