La expropiación de Repsol es una muy mala noticia desde cualquier punto de vista. Para España porque constata la debilidad del Gobierno español ante la comunidad internacional al no ser capaz de inclinar ayudas de otros países en defensa de la posición de una de las mayores empresas españolas.
Ante Estados Unidos cuyo presidente se entrevistó con la Presidenta argentina pocos días antes, no fue capaz de hacerle jugar en favor de los intereses españoles. Con respecto a la Union Europea más vale no hablar. No cuenta en política exterior desde que Javier Solana dejó el puesto a la baronesa Ashton (¿?). La mayoría de los países latinoamericanos todavía ven a España como el colonizador tradicional.
Con la globalización se ha oscurecido el papel de los gobiernos con respecto a los intereses de sus grandes empresas en el exterior. Apoyo formal sí, ¿pero hasta donde? ¿Está dispuesto a tomar represalias un país tan poco relevante como España? Las simples amenazas genéricas, diplomáticas, ¿es el único argumento que queda al Gobierno? O ¿sólo llamamos a consultas al embajador argentino como si estuviéramos en un conflicto del siglo pasado?
No parece que un gobierno --sobre todo de tamaño medio-- pueda sacar del lío en que se ha metido una empresa privada, sin ninguna presencia publica, y desconociendo el problema que en el fondo subyace desde hace tiempo con el Gobierno argentino, porque las empresas, por lo general, prefieren que los estados no metan las narices en sus numeros ni en sus manejos.
Repsol ha mostrado síntomas de incompetencia. Parece como si no se hubiera creído nunca en la posibilidad real de la expropiación. Que es a todos los efectos el peor de los escenarios. Por lo general la mayoría de los gobiernos no recurren casi nunca a esta medida tan unilateral y extrema. Intentan presionar, forzar jurídicamente la ley sin tener que llegar a expropiar que tiene políticamente muy mala prensa en la opinión publica.
El rompimiento se ha producido por la impericia de los ejecutivos de Repsol, o porque el Gobierno argentino no es del tipo de los corrientes. O ambas alternativas se han dado al mismo tiempo. Repsol no debe haber cuidado la relación con la sociedad argentina, por muy difícil que sea esta tarea. Tampoco se debe haber quitado la imagen de explotador de recursos naturales que todas las grandes compañías de hidrocarburos arrastran por el mundo.
Tampoco debe haber hecho muchos esfuerzos por no parecer el conquistador clásico español. Y seguro que Repsol no tiene un plan B. Y no ha sabido hacer llegar a sus accionistas el peligro de sus inversiones en Argentina. Ni a los profesionales, ni a los miles de accionistas de a pie, y me temo que tampoco a sus accionistas de referencia. Ha puesto más el acento en sus descubrimientos de bolsas inmensas de petróleo y gas que no en el riesgo de su inversión.
¿Qué consecuencias se pueden vislumbrar de la expropiación? Para empezar la acción se verá muy castigada. El litigio que ha anunciado Repsol ( a estas alturas, ¿le queda otra opción?) se ve muy lejano y de consecuencias impredecibles cuantitativamente hablando pero de efectos demoledores para la compañía.¿Cuál será el precio de la expropiación? Pero, ¿de qué precio estamos hablando? ¿El de cotización? ¿De qué periodo? ¿El contable? ¿El resultado del descuento futuro de flujos con las nuevas reservas? ¿Quién lo fijara? ¿Y cuándo? ¿Qué pasara a partir de ahora con los accionistas afectados? ¿Qué precedente se crea para otras empresas españolas o no? Demasiados interrogantes, todos ellos negativos, al menos a corto plazo, para Repsol.
Ah, se me olvidaba. Para que no quede duda, creo que la presidenta de Argentina no se merece formar parte de la comunidad internacional.