Contra la incertidumbre, conceptos y valores

Jordi Joly i Lena

22 de octubre de 2012 (16:53 CET)

Nos hace falta profesionalidad, transparencia y valores para poder hacer frente a los extraordinarios retos en que nos encontramos inmersos. Las circunstancias nos están abocando a una situación insólita y, de repente, nos damos cuenta de que tenemos que cambiarlo casi todo y ésta es una tarea prácticamente inabarcable. La obsesión por el "cortoplacismo" nos ha traído adonde estamos y, con en esta misma dirección, no seremos capaces de salir. Tenemos que aprender a ser coherentes y racionales, trabajadores incansables orientados al medio y largo plazo, necesitamos salir de la inmediatez efímera y demostrar a la ciudadanía que puede contar con unas instituciones capacitadas, modernas y competitivas, al servicio de lo que realmente reclama la sociedad actual y preparando de forma permanente las bases de un futuro sostenible y mejor.

Contra el miedo de las incertidumbres actuales, nos hace falta capacidad de decisión, decisiones valientes, que a menudo no están exentas de riesgos, y precisamente por eso, éstas tienen que ir acompañadas de máxima profesionalidad, transparencia y valores. Tenemos que ir construyendo una cultura política que efectivamente imprima su razón de ser, marcando el carácter ideológico que le corresponde en el marco de una democracia representativa madura, pero a la vez una política profesionalmente respetada, que facilite, entienda y promueva su mejor herramienta para convertir sus ideas en realidad. Y esta herramienta al servicio de la política y de la ciudadanía es una administración pública altamente eficaz, eficiente y competitiva. Se puede resumir en un pacto entre la política y la gestión para hacer posible unas instituciones fuertes y potentes, que garanticen un entorno efectivamente próspero y facilitador de oportunidades, consolidador de los fundamentos del crecimiento económico y por lo tanto de la creación de ocupación.

Reivindicar y poner en valor la función pública se convierte en un fundamento imprescindible, ahora más que nunca, porque no nos podemos permitir unas organizaciones públicas débiles, por eso hay que reconocerlas y motivarlas, hay que promover una alta dosis de profesionalidad dentro de las mismas, al servicio de la sociedad y del país. Todo ello estableciendo un sistema que permita a las personas y profesionales el paso del sector público al privado sin barreras de ningún tipo. Lo mismo debe suceder con la política, las organizaciones tienen que ser igualmente competitivas en un sector como en el otro.

La mejor de las promociones económicas que puede hacer una institución pública es la apuesta por la profesionalización de su administración y organizaciones. La mejor garantía que puede tener una empresa privada en un entorno competitivo es disponer de unas organizaciones públicas que hablen el mismo idioma, y esto no quiere decir que tengan que restar sometidas a la iniciativa privada, sino al contrario, a su servicio, desde la competencia y no desde la sumisión o el clientelismo. De este modo se pueden desarrollar entornos transparentes y dinámicos, entornos de confianza, marcos de actividad imparciales y efectivos. Estos son los auténticos enlaces público-privados al servicio de la sociedad.

A todo esto le tenemos que sumar con carácter transversal, la transparencia como garantía de un derecho fundamental del ciudadano, como herramienta útil para la rendición de cuentas y la capacidad profesional de las organizaciones públicas y la responsabilidad política, la transparencia como la mejor de las vacunas para garantizar entornos de confianza tan necesarios para el crecimiento económico, como gran barrera para aquellos que forman parte de culturas propias de la política otras épocas fundamentadas en la opacidad y el control interesado de la información. La democratización de la información es una auténtica realidad que no se puede rehuir.

Finalmente, los valores, valores que tienen que ser la base de cualquier proyecto, valores vinculados al esfuerzo, a la superación, al servicio, a la constancia, al rigor, a la honestidad y al creer de verdad que sólo predicando con el ejemplo podremos construir políticas públicas y proyectos que realmente garanticen el largo plazo y los escenarios de competitividad propios de aquellas sociedades que quieren ser contadas como socialmente avanzadas.

Profesionalidad, transparencia y valores para luchar contra el miedo y la incertidumbre, para construir estados auténticamente ganadores y unas instituciones de las que nos podamos sentir auténticamente orgullosos.


** Gerente de Economía, Empresa y Empleo del Ayuntamiento de Barcelona
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