Cacaolat pasa página de Victory

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El intermediario que urdió la compra, a la sombra de Cobega y Damm, vende su participación del 2% y abandona la empresa antes de lo previsto

23 de julio de 2013 (20:32 CET)

El intermediario Luis Victory de Sintes ha puesto punto final a su presencia en Cacaolat. El empresario, acostumbrado a bregar y tomar el control de compañías en dificultades de todo tipo, ha vendido antes de lo previsto el 2% que logró tras la adjudicación de la antigua filial de Nueva Rumasa –emporio en quiebra de la familia Ruiz Mateos— al consorcio formado por Sol Daurella (Cobega) y Demetrio Carceller (Damm).

Él ayudó en la cocina de la operación, de hecho fue el urdidor, pero el capital salió de los bolsillos de esos dos apellidos con pedigrí industrial. Para cerrar la operación en 2011, se pagaron 75 millones por los activos y se comprometieron a invertir hasta 150 para la reactivación. Una nueva fábrica en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) se ha llevado 55 millones de esa inversión.

Reparto igualitario

Los socios mayoritarios se han repartido a partes iguales el pequeño porcentaje que les quedaba hasta llegar al 100% del capital y que hasta la semana pasada era propiedad de Victory. La salida estaba prevista. Según los pactos entre accionistas, ese 2% pasaría a manos de Daurella y Carceller transcurridos dos años de la subasta. Sin embargo, la salida se ha adelantado (el margen se cumplirá en octubre).

“Tiene un perfil que no es industrial, de oportunismo, bordea la especulación”, argumenta uno de los accionistas bajo estricta condición de anonimato para referirse al socio al que han expulsado de la compañía y que siempre se ha presentado como un consultor especializado.

Las tensiones de tesorería que atraviesan los negocios de Victory habrían empujado también al intermediario a pedir el adelanto de la operación, según las mismas fuentes.

Durante estos meses, Victory ha hecho realidad, sin embargo, una de sus aspiraciones empresariales: participar en la operación para reflotar la mítica firma de batidos. En 2007, intentó quedarse con la factoría pero Parmalat se decantó por Nueva Rumasa (a través de Clesa).

También contaba con el apoyo económico de Sol Daurella y con el respaldo industrial del gigante Cobega, el mayor socio de Coca-Cola en España y líder del embotellador único, con sede en Madrid.

Una subasta judicial

El verano de 2010, Victory jugó a caballo ganador y reforzó la alianza con otro de los gigantes del sector: Carceller. El dueño de Damm se sumó por sorpresa a la licitación de Cacaolat, con todas las ofertas ya diseñadas. Ello permitió presentar al juez el plan industrial más detallado para recatalanizar Cacaolat. Más completo, incluso, que el de Vichy Catalán, la otra alternativa local a la adjudicación.

Pero la trayectoria de Luis Victory no sólo la componen ciertos éxitos. De hecho, en 1994 adquirió las cenizas de Granjas Braut, una industria también especializada en derivados lácteos. No logró reflotarla y, en 1995, tras levantar la suspensión de pagos, reordenó el grupo en dos sociedades para traspasar el fondo de comercio a Puleva y a una firma holandesa (Campina). Es la faceta más oscura, próxima al achatarramiento de empresas, según algunas fuentes conocedoras de su actividad.

Reflotador de empresas

La última gran transacción llevada a cabo por Victory afectó a Troquelería Dover, uno de los líderes en troquelería de automoción. La firma fue adquirida en 2010 con pérdidas de 12 millones de euros. En este caso sí ha conseguido darle la vuelta a la situación y, en 2011, Dover cerró en el terreno de los beneficios: la empresa ganó 1,2 millones de euros.

Cacaolat, durante estos dos años de nueva gestión, no ha logrado la paz industrial que tanto necesitaba. Bajo el mando de Daurella y Carceller han proseguido los conflictos, como las discusiones económicas con los propietarios de los terrenos de la antigua factoría –en el barrio barcelonés de Poblenou—.

Ajustes laborales

Aunque los tres socios se comprometieron a preservar el empleo, la nueva Cacaolat ha despedido al 10% de la plantilla en los últimos 18 meses. Las salidas han sido escalonadas, en grupos poco numerosos. El actual director de la empresa, Francesc Lluch, justificó a los sindicatos que la reestructuración era necesaria para garantizar el futuro.

La modernización de las líneas de producción es la responsable de los excendentes de personal, según relatan los actuales propietarios.

Durante los dos años en los que Victory ha sido testigo de la intrahistoria del productor de batidos, las icónicas botellas han vuelto a los supermercados. Pero con timidez. La recuperación es lenta y quizá algo más costosa de lo que los dos patrones de la bebida catalana (y española) habían siquiera previsto.

Damm, al frente

De los dos socios al 50%, Damm es el que ha tomado las riendas de la gestión. “La operación se realizó en plena fusión de los embotelladores españoles de Cobega y se decidió que fuéramos nosotros”, explican fuentes de la cervecera catalana.

Los últimos datos económicos conocidos de Cacaolat, pertenecientes al ejercicio de 2011, justificaban unas ventas de 33 millones y pérdidas de cinco. “Nos está costando remontar la marca, que estaba muy hundida”, señalan desde la actual propiedad.

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