La extenista Arantxa Sánchez Vicario emocionada durante la presentación en Barcelona de su polémico libro de memorias. EFE
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Arantxa Sánchez Vicario ingresó 30 millones de dólares en su carrera como tenista. Ahora parece estar al borde de la ruina

David Placer

Economía Digital

La extenista Arantxa Sánchez Vicario emocionada durante la presentación en Barcelona de su polémico libro de memorias. EFE

Madrid, 07 de marzo de 2018 (04:55 CET)

Arantxa Sánchez Vicario ha pasado de una fortuna de 30 millones de dólares (24 millones de euros al cambio actual) a la ruina en apenas 15 años. Desde que la tenista acumulase la mayor cantidad de premios y contratos publicitarios logrados por cualquier atleta española hasta su ruina, han pasado los años de matrimonio con Josep Santacana, un hombre con un sombrío pasado empresarial y a quien Arantxa acusa ahora de arruinarla.

Sánchez Vicario ganó aproximadamente 17 millones de dólares brutos en premios (13,6 millones de euros al cambio actual), además de contratos publicitarios y patrocinios que, según su entorno íntimo, supusieron la misma cantidad que la obtenida en premios directos.

Fuentes familiares calculan que ganó 30 millones de dólares brutos. Desde que se retiró hasta su segunda boda en 2008, con Josep Santacana, Sánchez Vicario había confiado la gestión de su patrimonio en su padre, Emilio, que movía el dinero de su hija con total libertad y decidía las inversiones con gestores y asesores.

Pero desde su boda con Santacana, exayudante de un subastero, dejó de confiar en su padre y comenzó a delegar los asuntos económicos en su marido, que había sido condenado por estafa y tenía una larga lista de deudas impagadas a particulares, empresas y bancos, entre ellos el Sabadell y La Caixa. 

Los padres de Arantxa Sánchez Vicario gastaron casi 100.000 euros para investigar el pasado del novio de su hija. Y no le gustó nada de lo que encontraron. Entonces, la familia ofreció a Santacana firmar un contrato prematrimonial (capitulaciones) para que renunciara a la fortuna y demostrara, así, que se casaba por amor. El novio rechazó la propuesta.

17 millones en inmuebles

Cuando se casó, en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria, Sánchez Vicario tenía propiedades inmobiliarias de lujo en España y Andorra valoradas en 17 millones de euros.

Contaba con una vivienda en la avenida Diagonal de Barcelona, un piso de vacaciones en S’Agaró (Girona), un chalet de lujo en Formentera, aparcamientos en Sant Just (Barcelona), un piso en Esplugues de Llobregat y otro en Andorra. La tenista también contaba con sociedades en Uruguay, cuentas y fondos de inversión en Andorra, Suiza y Luxemburgo. Ahora, la mayor parte de ese patrimonio ha pasado a manos de Santacana.

Su fortuna comenzó a mermar con motivo de una inversión en la estafa piramidal de Bernard Madoff y por la crisis inmobiliaria de la época. Pero la pérdida mayor llegaría de la mano de su marido.  

Si el ritmo de vida de Sánchez Vicario siempre fue holgado, lleno de comodidades, con su segundo matrimonio, las vacaciones de lujo, los yates y las escapadas eran al normalidad para la nueva pareja. Entonces, sobrevino la primera crisis de Arantxa Sánchez Vicario con sus padres y hermanos, especialmente con Javier, a quien también acusó de haberle robado. En los primeros años de matrimonio, la tenista estaba convencida de que su familia la había timado y de que su esposo, nuevo gestor de su fortuna, había llegado para ayudarla.

Sánchez Vicario incurrió en una deuda con el banco de Luxemburgo, que ahora reclama 7,5 millones a la tenista en un juicio que podría terminar en cárcel. Mientras tanto, su marido fue transfiriendo los inmuebles de Arantxa a empresas controladas por él o su entorno. Hasta el piso en la avenida Diagonal donde vive la madre de Arantxa cayó en las manos de Santacana, según explican desde su entorno.

“Se ha llevado hasta mis trofeos”, declaró Sánchez Vicario a la revista ¡Hola!. Santacana vive ahora con otra mujer más joven y sigue disfrutando de las rentas patrimoniales de la mejor tenista española de todos los tiempos, que vuelve a denunciar que está al borde de la ruina.

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