El 1 de mayo enciende las alarmas de la negociación colectiva

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LABORAL

Manifestación con motivo del 1 de Mayo / EFE

29 de abril de 2013 (00:00 CET)

El próximo ocho de julio es una fecha marcada en rojo en el calendario de sindicatos y patronales. Es el día límite marcado por la reforma laboral de principios del 2012 del Gobierno de Mariano Rajoy (PP) para que los agentes sociales lleguen a un acuerdo para renovar los convenios colectivos. Si en ese día no hay pacto entre las partes, desaparecerá el marco de relaciones laborales.

En la práctica, se esfumarán 55 documentos sectoriales y 296 de empresas en Catalunya, según datos de la Generalitat. La parálisis de las negociaciones es una realidad en ámbitos como el metal o las telecomunicaciones, entre otros. Los representantes de los trabajadores acusan con vehemencia a la patronal de no querer llegar a un punto de acuerdo. De hecho, esta será una de las reivindicaciones centrales del próximo 1 de mayo, día del trabajador. Pero, ¿quién gana sin un convenio colectivo?

Inseguridad jurídica

“Se puede pensar que los empresarios son contrarios a estos documentos, pero es una percepción completamente errónea”, afirma la directora de relaciones laborales de Pimec, Jana Callís. Remitirse a las condiciones laborales marcadas por el Estatuto de los Trabajadores no es una tarea nada sencilla, según su punta de vista. La norma magna que regula las relaciones entre empresa-trabajador de España es “un régimen disciplinario muy abierto con muchas cuestiones que remiten directamente al sector”.

Callís asegura que este escenario lleva a un “problema de inseguridad jurídica y conflictividad laboral”. “Si no se puede llegar a un acuerdo antes del ocho de julio ambas partes tienen responsabilidad”, señala el director de relaciones laborales de Foment del Treball, Javier Ibars. Reclama no decaer en el empeño a llegar a un pacto. “Si el ocho de julio no hay acuerdo no significa que las partes no sigan negociando. Deben decidir qué artículos del convenio anterior se quieren rescatar y cuáles no”.

Estatuto de los Trabajadores

Los agentes sociales señalan un gran punto flaco de la reforma laboral: no marca cómo se adaptan las condiciones de un centro de trabajo cuando ha desaparecido el convenio. “Socialmente es una bomba de relojería”, admite Jordi Vidal, abogado laboral de Col·lectiu Ronda. El letrado explica que incrementa la preocupación por saber qué pasará el día siguiente en que desaparezcan los convenios. Señala que las consultas en el bufete han incrementado en este sentido desde todas las partes, no es un dolor de cabeza exclusivamente sindical.

La norma marca de forma clara que no se prorrogará más el convenio, pero deja muchas cuestiones en el aire. ¿Se perderán las condiciones laborales que marcaba la norma anterior o serán derechos adquiridos? ¿Habrá una doble escala, salarial y de medidas sociales, entre las nuevas incorporaciones y las que ya existen? ¿Perderán poder adquisitivo los trabajadores actuales, en la diferencia que existe entre el salario mínimo de algunos documentos y el Estatuto?

“Hasta que no exista una primera sentencia que marque hacía dónde van las cosas no se sabrá”, afirma Vidal. El abogado señala que ahora se usa esta fecha límite “como una amenaza por parte de las grandes empresas a llegar a un pacto para no perder su convenio”. Es decir, para que el comité de empresa ceda en alguna de sus reivindicaciones, según su relato.

Fotografía real

Desde Foment del Treball muestran sus discrepancias en la radiografía que ha realizado la Generalitat sobre los convenios con amenaza de desaparecer. “Muchos ya están firmados o a punto de rubricarse. Incluso hay algunos que se han publicado”, afirma Ibars. Asegura que es el caso, entre otros, del convenio autonómico de hostelería y turismo, el de exhibición cinematográfica o el de servicios funerarios de Barcelona.

La patronal destaca la importancia de disponer de una fotografía real de la situación para emprender medidas para remediarla. En primer lugar, recuerda que existen los convenios de ámbito de referencia superior y, a falta de ellos, remarca de nuevo la importancia de mantener la negociación colectiva.

Flexibilidad

Ibars y Callís coinciden en tachar de “obsoletos” muchos de los documentos que existían hasta la fecha. Explican que las mejoras laborales de la inmensa mayoría se consiguieron en un coyuntura económica muy diferente a la actual. La congelación salarial no es un obstáculo, admiten. La caja de Pandora es definir la flexibilidad laboral.

Por ello, los empresarios reclaman el papal de mediador de la Generalitat. Es el único que tiene la Administración en la negociación colectiva, a través del Consell de Relaciona Laborals y el Tribunal Laboral de Catalunya. Para éste último, Ibars exige más recursos para poder lidiar con todas las causas actuales y las que prevén que existan tras la desaparición de ciertos convenios.

La responsable laboral de Pimec también recomienda a las empresas que puedan que intenten negociar si propio convenio. Para las más pequeñas, recuerda que se puedan adherir a otro documento de una empresa del sector. La clave, de nuevo, está en negociar cuál se escoge.
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