El BBVA mueve ficha en la gestión de su ladrillo

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Deposita en una ‘inmobiliaria mala’ los activos dudosos y mantiene los de mejor salida en Anida

30 de abril de 2014 (22:34 CET)

Dicen en el BBVA, como resumen de la gestión inmobiliaria al término del primer trimestre de 2014, que la corrección de la oferta residencial está prácticamente finalizada, que los precios empiezan a evidenciar cierta estabilidad y que se aprecia un evolución favorable de los saldos dudosos --algo de perogrullo, solo faltaría que se incrementasen tras la vertiginosa disminución del crédito concedido--. Y que, por tanto, la exposición inmobiliaria neta se queda ahora en 14.169 millones, 400 menos que al acabar 2013.
 
Datos incuestionables de la entidad que, sin embargo, más allá de su apunte contable, no hacen valoración alguna acerca de un aspecto de la exposición inmobiliaria que al BBVA, y al resto de entidades, se les escapa de sus manos. El de los inmuebles adjudicados como consecuencia de operaciones de dación en pago a promotores o de ejecución hipotecaria a particulares que no han podido afrontar el pago del préstamo, y el banco se ha tenido que quedar con la garantía.  
 
Más viviendas por impagos
 
En el caso de los créditos otorgados a los promotores, esta eventualidad sí parece haberse estabilizado, pero, en cambio, siguen aumentando las viviendas que llegan al banco tras ejecutar el préstamo. 
 
Son ya cerca de 3.000 millones de euros los contabilizados por esta circunstancia, lo que ha obligado al banco presidido por Francisco González a tener que cubrir las posibles minusvalías al 41%, aportando provisiones que acumulan un importe de 1.215 millones de euros. En los últimos 15 meses, la exposición neta por este capítulo se ha incrementado casi un 15%, hasta los 1.746 millones, tras aportar 205 millones más de provisiones para cubrir el aumento de las viviendas adjudicadas por un valor de 449 millones de euros.

Entradas y salidas

Lo único que el BBVA puede hacer para que los activos adjudicados no se incrementen más es realizar una gestión adecuada. Si no se pueden amortiguar las entradas, al menos que se equilibren con el mayor número posible de salidas. 
 
Así, entre enero y marzo, logró vender más de 3.000 unidades, con descuentos cercanos al valor neto contable tras provisiones, cifra que junto a las operaciones realizadas en nombre de terceros, ascendió a cerca de 5.000 activos. Al final, el balance de la gestión inmobiliaria se ha saldado con unas pérdidas de 231 millones de euros, frente a los 343 millones perdidos un año antes.
 
Reordenación

Números que no acaban de salir, y que han llevado al banco azul a acometer una reordenación profunda en la gestión de la actividad inmobiliaria, con cambios a nivel organizativo y de responsables. 
 
Hasta ahora, el BBVA mantenía todos sus activos adjudicados bajo Anida, su plataforma de gestión. A partir de ahora, Anida irá por un lado, con los activos de mejor calidad y de mejor salida y, por otro, se crea una unidad de non performing assets, dentro del área de Gestión de Riesgos, en la que se depositan los inmuebles dudosos y cuyas ventas resultan más problemáticas y a precios incluso por debajo del valor neto contable.
 
Gestión desdoblada
 
El cambio supone la llegada a Anida de Agustín Vidal-Aragón en sustitución de Javier Sainz, y otorga la responsabilidad sobre esa especie de inmobiliaria mala a Pedro Urresti, de un perfil más financiero que inmobiliario. 
 
En esa gestión de los activos, el BBVA sigue muy pendiente de uno. El contemplado en la Operación Chamartín, en el que se embarcó, junto a la constructora San José, con la pretensión de obtener unos pingües beneficios, y que casi dos décadas después sigue completamente paralizado. 

Salida a la Operación Chamartín 

En el haz de vías de la estación de Chamartín, en Madrid, no se ha movido absolutamente nada. Desarrollos Urbanísticos Chamartín (DUCH), la empresa formada entre el banco y la constructora, tendría que haber pagado 1.000 millones de euros por los terrenos el pasado 1 de enero de 2014 a la compañía ferroviaria pública y al gestor de infraestructuras Adif. Pero no lo ha hecho. Todo está en stand by tras una sentencia contra el plan parcial del proyecto. 
 
Ante esta complicada tesitura, el BBVA ha colocado como responsable máximo a Antonio Béjar con una consigna clara, o se tira hacia adelante o, definitivamente, se da carpetazo al megaproyecto de prolongar tres kilómetros al norte el paseo de la Castellana. 
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