El gatillazo de la franquicia erótica que vende las pérdidas como éxito

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La sex-shop Dolce Love se transformó en franquicia con apenas dos años de trayectoria. Seis tiendas cierran en menos de un año

La sexóloga Valerie Tasso, la dueña de la empresa, Ángeles Becerra, y Nacho Vidal.

Madrid , 23 de octubre de 2016 (01:00 CET)

Una sexóloga de Badajoz que contaba con varios varios años de experiencia como organizadora de eventos tupper-sex tuvo la idea de montar la franquicia Dolce Love para vender vibradores, condones, muñecas y muñecos hinchables y demás juguetes sexuales en tiendas por toda España. Su experiencia  con los establecimientos de este tipo era muy limitada. Casi nula. Contaba con una tienda en Badajoz que, según ella misma cuenta, abrió hace apenas dos años.

Sus resultados económicos han sido bastante modestos a juzgar por las cuentas depositadas en el Registro Mercantil: 880 euros de beneficios el primer año de operaciones (2013) y casi 2.000 euros de pérdidas durante su segundo año (2014). A pesar de ello, Ángeles Gutiérrez Becerra, propietaria de la marca, se sintió con fuerzas para convertir su tienda en una franquicia y animó a una decena de emprendedores a seguirla con su franquicia low-cost.

A pesar de la escasa fiabilidad de un modelo probado sólo en una tienda, no sólo ha logrado expandir su modelo de negocio en España, sino que también ha convencido a emprendedores para abrir tiendas en Portugal. Promocionó su negocio en internet y hoy, al menos seis locales han quebrado pocos meses después de haber inaugurado. La mayoría no ha cumplido el medio año de vida.

Previsiones infladas

Un grupo de franquiciados arruinados tras la experiencia de montar la sex-shop Dolce Love explican a este diario que las estimaciones de ventas entregadas por la franquiciadora eran excesivamente optimistas y que no tenían base en ninguna experiencia real.

"Me dijo que vendería más de 340.000 euros al año. Sabía que la cifra era una exageración, que estaba inflada, pero pensé que al menos podría cubrir gastos al principio. No fue así. Siempre hubo pérdidas. No tuve ni un mes de beneficios", explica Elizabeth Pérez que facturaba menos de mil euros al mes en pleno barrio de Chueca de Madrid.

Su asesor legal, José Zamarro, del despacho Pérez, Álvarez y Asociados, reclama a la franquiciadora la devolución del canon, las pérdidas en las operaciones y la compra de la mercancía que la franquiciada no pudo vender. El asesor legal entiende que Dolce Love logra que los franquiciados se adhieran a la marca bajo cifras falsas sin ningún cálculo real. "Es algo habitual en las franquicias que sólo intentan obtener un ingreso en el corto plazo y que no tienen ningún problema en que sus franquiciados quiebren", explica. "La improvisación es tal que mi clienta abrió en el barrio de Chueca y no incluyeron objetos sexuales para el público gay en la mercancía inicial", añade.

La publicidad

La propietaria de la marca, Ángeles Gutiérrez, asegura que Dolce Love es lo suficientemente sólida como para seguir inspirando el crecimiento de una franquicia erótica. "No significa que sea un fracaso. No te puedes fijar sólo en el resultado porque a lo mejor he hecho inversiones que no están reflejadas allí", se justifica.

Explica que ha organizado muchas tupper-sex (citas privadas en casas o en establecimientos destinadas a vender objetos y juguetes sexuales) en los últimos años y que, pese a los modestos datos de facturación registrados por su tienda, el negocio de la tienda erótica tiene muchas posibilidades.

"La culpa es de ellos porque no han hecho publicidad. Esta es una franquicia low-cost. No pueden pretender que por menos de 200 euros al mes que pagan de canon, la central les haga la publicidad de sus locales", explica la dueña de la franquicia. "Eso lo deben hacer ellos y no pueden culparme a mí de su ineptitud. Yo he hecho fiestas de inauguración hasta con Nacho Vidal. Eso cuesta mucho dinero", añade.

Los franquiciados afectados aseguran que la marca está prácticamente liquidada. Al entrar a la franquicia tuvieron que pagar entre 23.000 y 40.000 euros, unas cantidades que le garantizaron la puesta a punto de la tienda, incluida la mercancía inicial. Pero desde el primer momento, las ventas fueron un auténtico desastre.

Los franquiciados compran a unos 10 euros vibradores Adrien Lastic que luego pueden vender a 30 o 40 euros, mientras que los condones Toy Joy, que los compraban a 4 euros, podían ser vendidos a 10 euros. A pesar de los holgados márgenes, nada parece funcionar con la franquicia. "Creo que es una suma de factores. Incluso he llegado a pensar de que el mercado de sex-shop no está maduro para una franquicia de este tipo", explica Alba, una exfranquiciada de Tarragona.

Las franquicias de sex-shop no han tenido buena suerte en España. Han quedado en el camino marcas como Sensual Love o Sex Place, que han sido transformadas en tiendas on-line. Otros establecimientos propios como Amantis se dan el lujo de anunciarse hasta en el metro de Madrid.

Pese a las dificultades y al cierre precipitado de las franquicias, la creadora de Dolce Love asegura que su marca repuntará y que seguirá expandiendo sus tiendas. Ahora exigirá a sus futuros franquiciados que deben hacer publicidad con sus propios medios para intentar evitar que las nuevas tiendas vuelvan a sufrir un coitus interruptus. 
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