El Sol se acerca a la Tierra

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Empresas españolas licitan con éxito para Iter, el mayor proyecto tecnológico mundial

19 de abril de 2013 (20:32 CET)

La cita es en 2020. Para entonces, el proyecto Iter, el mayor experimento científico y tecnológico jamás diseñado, debería estar a punto para iniciar sus operaciones. Ni más ni menos que reproducir en la Tierra la reacción de fusión nuclear que se da en el Sol, en todas las estrellas.

De tener éxito, el modelo energético mundial cambiaría radicalmente. La confianza de que esto suceda es alta entre los miembros del consorcio internacional que lo impulsan. Entre ellos, la Unión Europea (UE), que alberga la sede en Cadarache (Francia), Estados Unidos, Japón, Rusia, China, Canadá y Corea del Sur.

Un presupuesto enorme

La ambición del proyecto se refleja en sus números. Sólo la UE aporta 6.600 millones de euros de un montante que podría oscilar con facilidad entre los 25.000 y los 30.000 millones. Un presupuesto enorme con el que van a construirse 39 edificios, se van a pavimentar cientos de kilómetros de carreteras y se va a instalar un reactor nuclear experimental, de nombre Tokamak, desde el que se procederá al experimento. Todo ello acompañado de soluciones tecnológicas pensadas en exclusiva para el proyecto, desde nuevos materiales a desarrollos informáticos, de seguridad, electrónicos o de ingeniería.

Las empresas españolas, como las de otros países, participan de un proyecto que publica sus licitaciones a un ritmo necesariamente alto. De forma mayoritaria, el retorno para España se vehicula a través de obras de construcción y servicios de ingeniería que desarrollan empresas como Ensa o Ferrovial. Pero también tienen cabida pequeñas y medianas empresas que aportan soluciones informáticas para la coordinación de datos u otras que puedan acreditar conocimiento y experiencia en alta tecnología.

De Barcelona al mundo


El proyecto Iter lleva al menos dos décadas gestándose. Parte de la idea de que la fusión nuclear de dos átomos libera una enorme cantidad de energía. El concepto es justo el contrario de la fisión nuclear, la base de las centrales nucleares actuales. Las contrapartidas de la fusión son, sin embargo, mucho mayores. La cantidad de energía generada es mucho mayor y la producción de residuos resiste pocas comparaciones: son de muchísima menor intensidad y se producen en una cantidad ínfima en comparación con las centrales convencionales. Por otro lado, el combustible necesario no es uranio. El agua pesada, fácil de obtener, es uno de los recursos principales.

Científicamente, el concepto está más que probado. Y tecnológicamente se está en ello, aunque ya se ha verificado la posibilidad de obtener energía. No obstante, a cambio de inyectar muchísima más y durante un brevísimo periodo de tiempo. Los avances en nuevos materiales y en seguridad de los últimos años han permitido invertir la ecuación y plantear, tras larguísimas disputas políticas (todas ellas con un claro trasfondo económico), el experimento definitivo.

La disputa por la sede

La solución se fraguó este último decenio. Japón aspiraba a albergar la sede de Iter, lo mismo que la UE. Estados Unidos y las demás potencias económicas acabaron declinando, bien por cuestiones económicas o meramente técnicas. España, en competición con Francia, aspiró a la sede. Y técnicamente, según reconocidos expertos, la propuesta de Vandellós mejoraba la de Cadarache. La foto de las Azores, con Aznar, Blair y Bush encabezando su lucha contra el eje del mal de Irak, tumbó cualquier aspiración. Francia, como potencia nuclear reconocida, se alzó con el premio gracias al “savoir fair”, entre otros, de Dominique de Villepin.

Como compensación, España recibiría la oficina técnica de licitación de proyectos de construcción, ingeniería, informática y otros menesteres de alta tecnología adjudicados a la aportación europea, la UE y Suiza. La oficina, que en todos estos años debe gestionar un total de 6.600 millones de euros, se ubica en Barcelona con el nombre de Energy for Fusion. Por su parte, el español Carlos Alejaldre, ocupa el cargo de director adjunto por Europa de Iter.

Participación española

Iter empezó sus operaciones en Cadarache consolidando el terreno donde deben levantarse sus 39 edificios en 42 hectáreas. 2014 es la fecha de salida para la construcción de este macrocomplejo y es por ello que, prácticamente cada semana, se publica un concurso público para la adjudicación de obras o desarrollo de alta tecnología.

La participación de empresas españolas empezó tímidamente, pero parece que poco a poco va alcanzando niveles razonables. En 2012, España licitó por valor de 200 millones de euros, una cifra que se verá ampliamente superada en 2013. Entre otras muchas empresas, destacan Ferrovial Agroman en convenio con compañías francesas, con un contrato que supera los 300 millones de euros, o la catalana Comsa Emte, por 35 millones de euros, todos ellos dedicados a infraestructuras.

Energía encapsulada

También en forma de convenio con empresas e instituciones de otros países, fórmula preferida por la parte europea, España participa en forma de contratos que prevén desarrollos informáticos, suministro electrónico y de alta tecnología y servicios varios. Todo ello con la idea de encapsular la energía del Sol en la Tierra.

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