La locura por el running relanza la venta de deportivas españolas

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Las zapatillas personalizadas, los gimnasios femeninos y la moda informal salvan un negocio español que fabrica en China

Varios corredores durante una carrera popular en Madrid / EFE

Valencia , 12 de enero de 2016 (20:51 CET)

Usted puede poner su nombre a su zapatilla deportiva, pintarle un logo, incluso incorporar un chip para entenderse por Bluetooth con otro corredor. Cuanto más detalles le ponga más seguro estará de que sus pies van protegidos por un producto fabricado en España.

Ahora bien, si usted quiere comprar barato, una zapatilla al uso y un diseño fuera de temporada tenga por seguro que comprará unas deportivas fabricadas en China o en Rusia. Lo cual no quiere decir nada sobre la calidad, pero mire la lengüeta de la zapatilla a ver qué dice.

Pero como la promesa navideña de volver al gimnasio, la locura del running en las calles de cualquier ciudad o la moda de vestir con zapatillas para ir a la opera han disparado la venta de deportivas, las marcas españolas hacen su agosto, fabriquen donde fabriquen.

Sube todo el calzado español

Después de años de penuria el calzado español vuelve a estar en auge, sobre todo en lo que respecta a marcas femeninas de gama alta y media, con productos de menor tirada y fabricados en Elche, Elda o en otras poblaciones de Alicante, con un fuerte cluster del cuero. (Es el derecho de una mujer a elegir su calzado)

Hasta el mes se septiembre de 2015 el total de las exportaciones españolas de calzado superaban los 2.300 millones lo que supone un 11 % más en valor, aunque en pares hay una reducción del 0,3 %, según datos de la Asociación Valenciana de Calzado (AVECAL).

Más 52 % de esa cantidad exportada corresponde a los zapatos originados en Alicante, donde las fábricas han hecho un duro ejercicio de contención de costes, mejora de la productividad, ajuste de márgenes y mejora de la calidad en base a diseño.

Destacan marcas como Pikolín, Panama Jack o Mustang y cantidad de pequeñas empresas donde acaban procesos con contratos temporales pero una gran tecnología. La calidad del cluster es tal que la empresa Stuart Weitzman, una de las mayores distribuidores de calzado del mundo, prefiere Elda a China.

Elegante, pero informal

Pero el gran salto se ha producido en el calzado deportivo cuando las zapatillas para ir a correr forman parte de la indumentaria precisa para ir a la opera o a la oficina. Cualquiera de las blogueras de la moda tienen mil consejos para combinar el calzado deportivo tan versátil.

Aunque según un portavoz de la Federación de Industrias de Calzado Español (FICE) este incremento del consumo del calzado deportivo no se ha traducido en un aumento de la fabricación en España.

Joma, Kelme, Buff y otras marcas fabrican en China y distribuyen en todo el mundo. Y además gran parte de estas empresas ya son de Fondos de Inversión y han perdido su vinculación con los capitales que las impulsaron. Este es el caso de Sprinter, que actualmente tiene la mayoría de sus acciones propiedad del grupo británico JD Sports, líder en su sector.

Pies customizados

Fide dice que las grandes producciones se fabrican fuera de España y las marcas españolas distribuyen en todo el mundo. Pero que aquí las mismas marcas u otras especializan sus fábricas en calzado deportivo customizado.

El calzado deportivo tiene sus modas, su tecnología, el diseño y su especialidad para cada deporte. Y por ello las empresas especializadas alcanzan unos altos resultados de producción y venta, sobre todo on line, la gran plataforma para la venta de calzado que permite vender a medida sin equivocarse, según FICE.

Una alegría de vez en cuando 

La patronal zapatera valenciana y la española no facilitan datos de la venta de zapatos deportivos. Aunque señalan que las últimas temporadas están salvando a muchas empresas que estaban al borde de la quiebra.

Este es el caso de Kelme, que desde su fundación en 1977 en Elche por la familia Quiles ha pasado por diferentes manos, entre ellas el conselleiro de Economía de la Junta de Galicia, Javier Guerra o la de fondos de inversión como Tirant.

Kelme se marchó a fabricar a Rusia y acabó en desastre. Y le debe a la Generalitat Valenciana 35 millones de euros que le quiso pagar con un solar en Aguamarga donde no se puede construir. Ahora quiere recuperar el tono del concurso de acreedores y está abriendo tiendas de retail ante la gran demanda de calzado deportivo, especialmente futbol que es su especialidad.
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