El acuerdo sobre Grecia, ¿calmará a los mercados?

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El resultado final de la operación de salvación económica del país heleno vendrá marcado por la interpretación que hagan las agencias de calificación

Nicolas Sarkozy

22 de julio de 2011 (08:52 CET)

El acuerdo alcanzado ayer por los países de la zona euro para un segundo plan de rescate a Grecia, con el objetivo además de evitar el contagio de la crisis a otros países en dificultades como España, no supone aún la salvación del euro, que queda pendiente de la reacción de los mercados financieros mundiales, que vendrá determinada por la interpretación que hagan del acuerdo las agencias de calificación financiera.

"El acuerdo sobre Grecia rebajará la tensión y generará confianza", dijo el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, al término de la cumbre celebrada ayer en Bruselas, convocada con carácter de urgencia ante los temores crecientes de que la crisis de la deuda, que ya obligó a rescates de Grecia, Portugal e Irlanda, se extendiese a otros países como Italia y España, poniendo en riesgo la propia zona euro, obligadas en las últimas semanas a pagar tasas cada vez más insostenibles para financiarse en los mercados.

El diario británico The Times y el francés Les Echos coinciden en calificar de "histórico" el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas, aunque gran parte de la la prensa europea se muestra escéptica a la hora de evaluar los resultados. El diario francés Le Figaro, por ejemplo, reconoce hoy que "la solución adoptada aporta un balón de oxígeno a las economías amenazadas por los mercados, pero mucho dependerá de la aplicación de las decisiones adoptadas".

Acuerdo de 158.600 millones

El acuerdo de los 17 países de la zona euro está evaluado en 158.600 millones de euros, una suma que se articula en dos partes: 109.000 millones de euros en préstamos de la unión monetaria y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y una contribución de 49.600 millones de los acreedores privados de Grecia, especialmente bancos alemanes y franceses.

Este nuevo plan de rescate aumenta el plazo de reembolso de los préstamos concedidos a Grecia de los 7 años y medio actuales a por lo menos 15 años, e incluso 30. También reduce los intereses del 4,5% a 3,5%. Estas condiciones se aplicarán igualmente a Portugal e Irlanda, los otros dos países europeos a los que sus socios se vieron obligados a rescatar.

Con estas medidas, Atenas cifra en unos 26.000 millones de euros la reducción de su deuda, que en estos momentos supera los 350.000 millones (más del 150% del PIB nacional). El recorte previsto de aquí a fines de 2014 equivale al 12% del PIB griego.

Pero el gran interrogante del acuerdo de Bruselas es la reacción de las agencias de calificación financiera a la contribución de la banca privada al plan de rescate griego.

Los dirigentes de la zona euro barajan varias posibilidades de participación: canjear sus actuales bonos griegos por otros con vencimiento más tardío, invertir sus créditos a medida que vayan venciendo o vender sus bonos a un precio menor al que los adquirieron.

Estas opciones implican una modificación de las condiciones acordadas en su día por los acreedores, con consiguientes pérdidas para éstos, por lo que las agencias de calificación podrían considerar la operación como una suspensión de pagos.

Este es el gran peligro que aún se cierne sobre el euro. La agencia Moody's ya advirtió hace unos días que las medidas que barajaba Europa suponían de hecho una suspensión de pagos encubierta. Si alguna de las tres grandes agencias estadounidenses se reafirma en los próximos días en la idea de una suspensión de pagos, esto podría llevar el pánico a los mercados internacionales, con consecuencias por ahora imprevisibles para las economías de los países en más dificultades y para los bancos implicados.

Pero con su decisión de ayer, el Eurogrupo se resignó a la posibilidad de que Grecia no pueda hacer frente a sus deudas, un tema que hasta ahora se había convertido en tabú. Hasta el propio presidente del BCE, Jean Claude Trichet, no descartó que Grecia sea considerada, al menos temporalmente, en situación de suspensión de pagos.

El peor escenario

Hasta hace poco tiempo, varios dirigentes europeos consideraban que éste sería el peor de los escenarios y el BCE se oponía ferozmente a una situación así. Los primeros afectados serían los bancos, porque deberían renunciar, voluntariamente o no, a una parte de lo que les deben y porque, además, el BCE advirtió que en caso de "default" no aceptaría los bonos griegos como garantía para prestar dinero a los bancos. Las entidades francesas y alemanas, además de las griegas, serían las más afectadas.

Eso supondría el cierre del crédito por parte de los bancos a empresas y ciudadanos, con la consiguiente paralización de la economía que provocaría, entre otros efectos, un aumento del paro. Algunos expertos ya advirtieron de que esto podría acabar en una explosión social en países como Grecia o España.

Para evitar que las agencias califiquen de "default" la situación en Grecia, los países de la zona euro parecen haber encontrado una solución: El Fondo europeo de Estabilidad Financiera garantizará los bonos griegos el tiempo que dure la situación de suspensión de pagos, que las autoridades europeas esperan que no sean más que unos días.

Como consecuencia del acuerdo, los mercados reaccionaron positivamente: las bolsas europeas y la de Nueva York vivieron ayer una jornada de subidas generalizadas, al igual que esta mañana lo hicieron las asiáticas, y las primas de riesgo por las deudas contraídas por los países en dificultades, como España, Italia y Grecia, se redujeron, dando un respiro a las arcas nacionales. Pero la batalla por la superviviencia del euro aún no está ganada. Los mercados... y las agencias de calificación marcarán en los próximos días el futuro de la eurozona.
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