Peer Transfer se lanza al mercado europeo tras su éxito en EEUU

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INNOVACIÓN

Iker Marcaide, en la sede valenciana de Peer Transfer.

17 de mayo de 2013 (02:00 CET)

Peer Transfer, la firma especializada en el pago de matrículas en el extranjero, ha conseguido implantarse ya en 40% de universidades americanas. La empresa, fundada en 2010 por el valenciano Iker Marcaide, crece al ritmo de entre 15 y 20 centros nuevos cada año. De momento, ya son unas 350. La que fue reconocida como mejor ‘start up’ del mundo en el HiT Barcelona de 2010 ha abierto ya oficina en Londres -la tercera tras Valencia y Boston- desde donde dará su salto al mercado europeo. Gran Bretaña será la puerta de entrada.

Según Marcaide, “esperamos dar beneficios en el plazo de un año y medio”. De momento, no le va mal. Prefiere no dar datos concretos, pero el año pasado multiplicó por ocho el volumen procesado con respecto al año anterior. Su mejor registro: mover seis millones de dólares en un día.

Peer Transfer es una empresa dedicada al pago de matrículas universitarias extranjeras, un mercado globla que mueve cerca de 50.000 millones de dólares al año. India, China y Corea son, de momento, sus mejores clientes. España sólo está en las lista de las ‘top 30’. En total, su sistema de pago se emplea en cerca de 200 países.

Mandar el dinero… y que llegue

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Boston University, la Cornell University (Nueva York) son sólo algunas de sus clientes. ¿Harvard? “Lo estamos persiguiendo, todo llegará”, sonríe. Peer Transfer no sólo se encarga de hacer llegar el dinero, se aseguran de que llegue.

“Todo empezó cuando me tuve que matricular en la Escuela de Negocios del MIT para un post grado”, señala. Trabajaba en Londres en el Boston Consulting Group y se le plantearon dos problemas. Primero, entre comisiones bancarias y tipo de cambio, el coste de la transferencia se encarecía entre un 3 y un 6%. El segundo, el dinero no llegó.

La solución al primer problema fue el origen de peer Transfer. En lugar de cambiar las divisas, se podían compensar. Es decir, tener una suma de dinero en EEUU y otra en el país de origen del estudiante. El ingreso se hacía en el segundo, pero se pagaba desde el primero. Adiós comisiones.

El problema de los 200 Lee

Hacer un ingreso y que llegue el dinero a su destino, en otros país, no parece una empresa complicada. “El problema es cuando eres una universidad con 5.000 estudiantes extranjeros, 200 se apellidan Lee o Wang, y la transferencia la hace el padre o el tío. Nosotros nos aseguramos de que no haya ningún problema”. Peer Transfer ofrece servicio 24 horas al día para garantizarlo.

Actualmente el modelo de negocio explica Marcaide consiste en que “reunimos el dinero en el país de origen y lo cambiamos de divisa todo a la vez, así reducimos los costes”, explica. El ahorro beneficia al cliente y una parte se convierte en ingresos de Peer Transfer.

La historia de la empresa parece el guión de La red social, la película que retrata la historia del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, sólo que es difícil imaginar a Marcaide dejando una estela de enemigos. La primera sede fue su habitación en una residencia de estudiantes en Boston (la misma en la que nació mientras sus padres estudiaban allí). Los primeros clientes, sus amigos. El capital inicial, 40.000 euros, era el dinero del crédito que solicitó para pagarse el postgrado.

9 millones de inversión

El primer paso fue contratar a un directora de ventas con experiencia en el mundo universitario, que aún hoy sigue en la firma, para pasar de tratar con estudiantes a negociar con las instituciones. Ahora, cuenta con seis comerciales y una plantilla de 41 personas.

Para llegar hasta aquí, Marcaide realizó dos rondas para conseguir inversores. En la primera, en 2010, consiguió atraer 1,3 millones de dólares. Un año después, 7,5 millones.

Aún así, la sede está en Valencia. El lugar recuerda a las típicas imágenes de empresas como Google. Amplios ventanales desde los que se ve el mar, no hay despachos para evitar una relación demasiados jerárquica ni horarios fijos. “Se funciona por resultados”, explica. Al fondo, una sala con futbolín para practicar deporte cuando hay que aliviar la tensión o baja el ritmo de trabajo.

Juego de Tronos

“Para pedir hay que dar”, explica citando a Juan Roig. En otras palabras, para exigir a sus empleados que lo den todo procura que tengan las mejores condiciones posibles. Es también el motivo por el que la sede estáen Valencia y no en otro lugar. “Soy de aquí, y me gustaría devolverle a mi cuidad parte de lo que me ha dado”, asegura.

Marcaide, de 30 años, es ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Valencia, no se ajusta al perfil de friki. Prefiere pasear y descubrir lugares nuevos que jugar al World of Warcraft o ver Juego de Tronos. “Eso se lo dejo a mis programadores”, bromea.

Una de las cosas que más llaman la atención es su tranquilidad. Parece que lo que ha logrado esté al alcance de cualquiera. La clave de su éxito, dice, es sencilla. “Si ves un cliente con un problema y se te ocurre una solución por la que esté dispuesto a pagar, tienes el principio un negocio”, explica. Ideas no le faltan, e incluso piensa en abrir un blog donde ir explicándolas por si alguien las quiere aplicar.

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