Abadía: la teoría del safety car o que el gobierno ayude a los empresarios

Sin título

13 de enero de 2010 (13:32 CET)

Después del éxito de ventas conseguido con su primer libro, La crisis ninja, era de esperar que Leopoldo Abadía, el hombre que consiguió la fama explicando la crisis subprime a través de su modesto blog, volviera a probar suerte en las librerías. Su nueva obra se llama La hora de los sensatos, y va más allá del análisis de lo sucedido para centrarse en lo que se podría hacer para sacar a España de la crisis y cambiar su modelo económico.

Leyendo el resumen del libro realizado por su editorial, la idea de Abadía es muy simple: España debería tener un gobierno que permaneciera en el poder sólo el tiempo necesario (según él, cuatro años) para aplicar las medidas reparadoras, medidas, que, por otra parte, él mismo propone en el libro. Pasado este tiempo, los miembros de este gabinete tendrían que irse todos para casa. El autor compara este gabinete de crisis con fecha de caducidad con el safety car de la fórmula 1, es decir, el vehículo que, en caso de accidente, controla la carrera, poner orden e impide que se produzcan otros porque impide que los pilotos se adelanten.

¿Y qué tendría que hacer este gobierno con fecha de caducidad? Pues teniendo en cuenta que, según Abadía, “de esta crisis sólo nos sacarán las empresas y los empresarios, hay que animarlas para que hagan negocio, para que ganen dinero y para que ese dinero se reparta bien”. Por lo tanto, la gran misión de este ejecutivo sería ayudar a los empresarios a salir del bache.

Siguiendo el mismo símil que Abadía, parece que el safety car debería encargarse, además de a su tarea encomendada, de remolcar uno de los coches de los competidores, para que de esta forma se ahorrara un poco de combustible.

Por otra parte, Abadía también es partidario de la reforma laboral, aunque en su obra no especifica cómo debería llevarse a cabo. Eso sí, en una lista de buenas intenciones, el autor cree que en el nuevo mercado de trabajo, los empresarios no deberían tener “miedo a contratar”, mientras que los trabajadores deberían “estar bien pagados”, no temer a un despido y ser formados continuamente. Igualmente, todos deberían tener una jubilación digna.

Hay más propuestas de Abadía en este libro, algunas de las cuales consensuadas con su vecino del mítico pueblo de San Quirico, hombre de “gran sentido común”, que seguramente ha inspirado al autor, junto con los miles de preguntas que le han hecho los asistentes a sus conferencias, el título de su obra.
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