CatalunyaCaixa busca una salida de urgencia para transformarse en fundación

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MAPA FINANCIERO

Los turistas hacen cola delante de La Pedrera

09 de noviembre de 2012 (13:27 CET)

Las cajas dejarán de existir en muy poco tiempo. Todas ya han derivado su negocio financiero en los correspondientes bancos, y ahora deben convertirse en fundaciones, que serán las responsables de las obras sociales.

Es el caso de NovaCaixaGalicia, Caja Madrid y CatalunyaCaixa. Pero los representantes sindicales y los impositores perciben ahora el abismo. No hay tiempo, y la exigencia es clara. Antes de finales del mes de enero, según la ley catalana aprobada en el Parlament en julio, deberán ser ya fundaciones.

El Gobierno español, sin embargo, podría aprobar la próxima semana otra reforma financiera que modifique el régimen de las cajas y que haga innecesario que éstas aprueben la transformación a través de sus asambles. Y el límite que fijaría el Ejecutivo de Mariano Rajoy aceleraría el proceso hasta finales de este año.

Forzadas o de forma voluntaria


Los responsables de CatalunyaCaixa valoran diferentes posibilidades, después de que la asamblea de este miércoles rechazara esa transformación. De hecho, los votos a favor fueron numerosos, pero no alcanzaron las tres cuartas partes que exigen los estatutos de las anteriores cajas, la de Catalunya, de Tarragona y Manresa.

Así, 72 votos aceptaron la transformación en fundación; 30 fueron negativos y 37 se abstuvieron. Pero no se alcanzó el objetivo de las tres cuartas partes favorables al cambio.

Una de las posibilidades es repetir la asamblea en los próximos días. Sería, en realidad, aunque marcada por la ley, una opción voluntaria. La otra es esperar la ley española, analizarla, y acogerse a ella, lo que haría innecesario una nueva convocatoria de la asamblea. Fuentes de CatalunyaCaixa aseguran que no se ha tomado todavía ninguna decisión.

Un patrimonio envidiable

Sin embargo, todas las cajas conocen desde hace meses cómo será la nueva situación. Sin el negocio financiero, sólo les queda ser fundaciones, con un patronato que gestione el patrimonio y se dedique a la obra social.

CatalunyaCaixa tiene, precisamente, un patrimonio envidiable, con La Pedrera, --ingresa por su explotación 15 millones de euros al año-- Sant Benet, el Auditori de Tarragona o la Fundació Territori i Paisatge, que posee un 3,8% de la superficie de Catalunya.

Sin embargo, los represenetes sindicales rechazaron en la asamblea esa transformación. UGT argumentó que el cambio supone “un cambio en la gestión, tanto de responsables como de criterios, de un patrimonio importantísimo”.

Y que la nueva gestión hará desaparecer “el espíritu realmente social que siempre la ha caracterizado”. El sindicato añade que “el compromiso social desaparecerá”.

El modelo del BBVA

Fuentes de CatalunyaBanc aseguran, sin embargo, que una de las obsesiones que mueven a los actuales gestores del banco es que, cuando se consume la subasta, que puede ser inminente, los nuevos propietarios vean opciones atractivas en la obra social.

Uno de los modelos puede ser el del BBVA, que, tras adquirir Unnim, ha firmado una colaboración “indefinida” con las cajas que formaron Unnim, y que serán, como marca la ley, una fundación.

Así, Caixa Sabadell, Caixa Terrassa y Caixa Manlleu, podrán gestionar, bajo el paraguas de una fundación, el patrimonio del que disponen y mantener proyectos de obra social.

Un patronato de 20 miembros

Uno de las cuestiones de fondo que imposibilitan el acuerdo es que, con las fundaciones, y según la ley aprobada en el Parlament, la responsabilidad recaerá en un Patronato que tendrá 20 miembros, con poca representatividad para sindicatos e impositores.

De esos 20 miembros, habrá un límite para representantes políticos de un 25%, y el resto corresponderá a representantes de las entidades fundadoras, mecenas, fundaciones sociales y personas de prestigio.
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