Comprar un euro costaría hoy 230 pesetas

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18 de mayo de 2010 (14:40 CET)

Hoy, comprar un euro nos costaría 230 pesetas sólo teniendo en cuenta la inflación, en vez de las 166 en que se fijó el tipo de cambio fijo en enero de 1999. Desde la llegada del euro un año antes, España ha perdido un 20% de competitividad mientras que Alemania ha ganado un 13%, según la CE, según indica María Martínez en un articulo en Invertia.com. Esto significa que de existir la peseta habría que recurrir como antaño a devaluarla al menos un 33% para regresar a la situación de partida.

Las persistentes diferencias de competitividad han ido aumentando entre los países de la moneda única. En España, la divergencia en precios y costes es grande ya que, desde 1998, hemos bajado un 20% de competitividad, medida en tipo de cambio efectivo, según reseña la CE en su último informe anual, frente al 13% que, por ejemplo, ha ganado Alemania.
Por tanto, España ha perdido pues un 33% de la competitividad frente a Alemania desde que se estableció la divisa única. Así, y si tuviéramos todavía la peseta como moneda de cambio, deberíamos pagar 221 pesetas por cada euro, 55 pesetas más que hace doce años. Lo más sorprendente es que hasta 2008 nuestra economía ha crecido a pesar de ir perdiendo competitividad progresivamente frente al exterior.

“Nuestros precios, costes salariales unitarios y márgenes empresariales han crecido más que los de la zona euro. Ello ha terminado reflejándose en un abultado déficit por cuenta corriente, déficit que, aunque puede verse como un exceso de inversión sobre el ahorro, está indicando también una insuficiente competitividad de nuestro país con avances muy pobres de la productividad”, en palabras del Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez.

Sueldos y productividad


Una parte significativa de esta pérdida de competencia económica, se debe a los costes salariales, que han subido más que la productividad. En la última década, la tasa media de crecimiento del coste unitario de la mano de obra ha oscilado entre el 0% de Alemania y del 2,5% en algunos Estados miembros de la UEM, entre los que figuran los llamados PIIGS, paises del sur de Europa, junto a Chipre y Eslovenia.

Así lo dice la CE en su informe: “Si los costes salariales y los aumentos de precios no se compensan por el aumento de la productividad, esto lleva a la pérdida de competitividad prolongada y a la acumulación de los desequilibrios internos. La evidencia muestra que en algunos Estados miembros (España, Portugal, pero también Bélgica, Irlanda, Italia) el crecimiento salarial ha superando el crecimiento de la productividad durante algún tiempo”.
Pero no solo eso, el aumento de los precios, que según el INE ha sido del 38,3% entre 1998 y 2010, supone que nuestra vieja moneda se habría depreciado hasta cambiarse con el euro a 229,61, muy lejos de las 166,386 iniciales. Y eso que entre marzo y octubre de 2009, la inflación registró tasas negativas; ahora ha sido la subyacente (sin energía y alimentos) la que ha entrado en terreno negativo, al situarse en -0,1% en abril.

Esta bajada de precios, aunque azuza el fantasma de la deflación, supone una ligera mejora de la competitividad española, según los analistas. Y es que unos precios más bajos permiten, sobre todo si vienen vía salarios, aumentar la productividad ante la imposibilidad de recurrir como se hizo en dos ocasiones a devaluar la moneda.

Un estudio del instituto Brueguel titulado Dos crisis, dos respuestas concluye de que el verdadero problema de España es la competitividad, ya que desde su integración al euro “la política presupuestaria ha sido muy disciplinada –incluso con superávit sustancial entre 2005 y 2007- y su información presupuestaria ha sido bastante exacta”. Según el estudio, los problemas de competitividad han dado lugar a tensiones fiscales, cuyo origen no está en las cuentas estatales.

De hecho, Bruegel señala que entre 1998 y 2007, los costes de producción crecieron significativamente en el país en 13 puntos, tomando como base 100 el primer año. Pero también cita otros factores detrás de los pobres costes competitivos de España: la indexación de los salarios a la alta inflación pasada y la extensión automática de los incrementos salariales acordados a nivel industrial a todas las empresas y regiones, independientemente de las condiciones locales. “El resultado final fue un déficit por cuenta corriente significativo que alcanzó el 10% del PIB en 2007”.
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