Crónica de un viaje inoportuno

09 de abril de 2009 (14:39 CET)

Hace unos días, algunas personalidades españolas viajaron a Turquía para participar en una reunión bilateral con los mandatarios de aquel país y, también, en la primera reunión formal de la Alianza de Civilizaciones. Todos recordarán la expedición, para bien y para mal, puesto que estuvo plagada de anécdotas y algún que otro disgusto.

El séquito español estaba encabezado por la ya exministra de Fomento, Magdalena Álvarez, quien se enteró de su destitución en Turquía. Pero no adelantemos acontecimientos. Entre los miembros de la expedición también se encontraban el exministro de Economía Carlos Solchaga; el exconseller d’Universitats de Catalunya Andreu Mas-Colell; el ex director de la Oficina Económica de Moncloa y presidente de la patronal de grandes constructoras (Seopan), David Taguas; Xavier Vidal-Folch, exdirector de El País en Catalunya, que estrenaba su cargo de director de relaciones internacionales del Grupo Prisa, amén de otros empresarios y representantes de entidades financieras.

Lo primero que se encontró la delegación española fue un servicio de azafatas un pelín expeditivo, que les apresuró de manera poco elegante para que dejaran sus maletas en un hotel de no muy fácil acceso. Pasado el trámite, con algún apuro, el grupo se dirigió a la embajada española, donde Joan Clos, el anfitrión, les obsequió con una exigua cena compuesta por frutos secos y fresas con chocolate.

Precisamente, Clos sería al día siguiente protagonista de una no muy afortunada intervención en la reunión bilateral, en la que demostró que mantiene algunos de los defectos que se le conocieron cuando fue alcalde de Barcelona. Digamos que el baile de cifras que ofreció sobre el número de habitantes de España y Turquía desconcertaron a más de uno.

De todas formas, la gran protagonista del viaje fue Magdalena Álvarez, exministra de Fomento. Estaba previsto que ella abriera y cerrara la cita bilateral. Y, sí, la abrió con referencias anacrónicas en su intervención inicial (en el siglo XIII, un malagueño no hubiera viajado a Turquía, tal como lo cree ella, sino a Anatolia que es lo que entonces existía), pero no la cerró.

En el interín, Álvarez recibió la noticia de su cese como ministra y decidió que por ello no valía la pena clausurar el encuentro con los anfitriones. Así que, a la hora prevista, con todos los diplomáticos esperándola pacientemente, ella se encontraba de compras en el zoco, con las esposas acompañantes. Pero quien desapareció más rápido de escena al enterarse de la crisis de gobierno, fue David Taguas, que decidió volver a la capital del reino, no sea que el cambio le pillara acompañando a una ministra cesante y no al flamante nuevo ministro de Fomento.

Un viaje inoportuno para algunos de los que fueron, caso de Álvarez y Taguas, a los que el desplazamiento les pilló con el pie cambiado. Lo de Clos es otra cosa, eso ya no tiene arreglo.
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