Dexia abre la oleada de recapitalizaciones bancarias en Europa

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Los gobiernos francés y belga tienen casi un 6% de la entidad que ya fue rescatada en 2008. Junto a Luxemburgo han acordado un plan para desmantelar el banco

Vista exterior de la sede central del banco Dexia, en Bruselas, Bélgica

10 de octubre de 2011 (13:44 CET)

Francia y Bélgica han acordado desmantelar el banco semipúblico Dexia, muy dañado por la crisis, para salvarlo de la quiebra. La primera de una más que probable oleada de recapitalizaciones de la banca europea con el objetivo de detener la propagación de una crisis financiera que se extiende por todo el sistema. La pregunta que se hace la prensa francesa este lunes es cuánto le costará esta salvación los bolsillos galos.

La alarma saltó el viernes pasado, cuando los rumores sobre la necesidad de recapitalización de Dexia para salvarle de la quiebra provocaron una caída del 10% de sus acciones en bolsa. La entidad ya fue rescatada en 2008, durante la primera fase de la crisis. Cabe recordar que los estados francés y belga controlan cada uno el 6% de la sociedad.

Los gobiernos de ambos países, junto a representantes de Luxemburgo, acordaron este domingo un plan para desmantelar a Dexia, la primera víctima de la crisis de la deuda en Europa. La madrugada del lunes ha sido aceptado por el consejo de administración del banco.

Según el acuerdo, Bélgica comprará por unos 4.000 millones de euros la filial belga del grupo, Dexia Banque Belgique (DBB), se venderá la Banque Internationale de Luxemburg a una sociedad de Qatar por unos 900 millones y Francia reconvertirá su filial en un nuevo banco, que trabajará especialmente con las entidades locales. Otras filiales del grupo, entre ella Dexia Sabadell en España, también serán vendidas si se encuentra comprador.

Financiación local

Si Dexia en Bélgica actuaba como un banco comercial tradicional, la filial francesa estaba especializada en la financiación a las colectividades locales (ayuntamientos y otras entidades). Su problema ha sido que en los últimos años tomó prestado miles de millones de euros para dejarlos, a su vez, a las entidades públicas locales. La prensa calcula que unos 70.000 millones. Ahora ya no disponía de liquidez ante la negativa de los mercados a seguir prestándole dinero.

Esta situación amenaza con ahogar a los ayuntamientos y otras entidades locales francesas, que representa el 75% de la inversión pública en el país, al no poder seguir financiándose por esta vía. El Ejecutivo de Sarkoszy pretende crear un nuevo banco, en el que también participarán la Banque Postale y la Caisse de Dépôts, a través del cual se pueda seguir financiando a las colectividades locales.

Algunos ayuntamientos, como el de Rosny-sur-Seine (una población de 5.000 habitantes en las afueras de París) ya ha demandado a Dexia ante la justicia. La que acusa de “estafa” y “engaño” por haberle vendido préstamos tóxicos. Se especula que unos 5.500 ayuntamientos, organismos provinciales y regionales, y otras entidades locales, contrataron a Dexia préstamos tóxicos por valor de unos 25.000 millones de euros.

Se crea un 'banco malo'

Pese a que en el inicio de la crisis de las subprime Dexia se deshizo de su filial estadounidense, se calcula que la entidad franco-belga aún tiene unos 125.000 millones de euros en valores tóxicos.

En su encuentro, los ministros de finanzas de Francia y Bélgica también han acordado crear un banco malo con el que aislar estos activos nocivos y evitar así que puedan seguir contaminando al resto del sistema financiero. Lo garantizan ambos estados.

La banca francesa, en horas bajas

Y es que, en contra de lo que revelaron en julio pasado los test de estrés realizados a la banca europea, el sistema bancario y financiero galo pasa por grandes dificultades. Las mayores entidades del país, (Société Générale, BNP Paribas y Crédit Agricole) han pasado un verano de sobresalto en sobresalto ante cualquier noticia o rumor sobre su salud financiera, ampliamente difundidos por la prensa anglosajona.

Su gran exposición a la deuda de los países en mayores dificultades, especialmente Grecia e Italia, y la posibilidad, cada vez más probable, de una reestructuración de los bonos helenos ante la imposibilidad de que el Atenas pueda hacer frente a sus acreedores (un escenario que no fue contemplado en los test de estrés), provocó el desplome de los títulos de estos bancos en la bolsa de París, cuyo valor bursátil se ha dividido por dos o por tres en los últimos meses.

Defender la calificación de la deuda

Al mismo tiempo que el primer ministro francés, François Fillon, negociaba en Bruselas el plan de rescate para Dexia, el presidente galo, Nicolas Sarkozy, se entrevistaba en Berlín con la canciller Angela Merkel. Ambos acordaron la necesidad de tomar “todas las medidas necesarias para recapitalizar la banca europea" para salvar el euro, pero siguen sin concretarse cuáles son esas medidas. Sarkozy aseguró que se presentarán antes de la próxima reunión del G20, que se celebrará a primeros de noviembre en Cannes.

La gran preocupación del Gobierno francés es que la crisis bancaria no acabe afectando a la nota de su deuda, la famosa triple A, y que ello lleve al país a un periodo de turbulencias financieras como los vividos recientemente por España e Italia. Pero la mayor preocupación de la opinión pública va hacia otra dirección: conocer el coste de esa operación de recapitalización bancaria.

El Ejecutivo asegura que no repercutirá a los contribuyentes ni un euro, pero los principales periódicos del país se han encargado de desmontar la teoría. Abren sus ediciones del lunes con los paralelismos entre el rescate de Dexia y el plan que se puso en marchan en 1995 para salvar al Crédit Lyonnais. En esa esa época ya le costó al Estado unos 8.500 millones de euros.

Entonces se trataba de salvar a un solo banco. Ahora, el objetivo es salvar todo un sistema financiero. 
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