El imperio menguante de Díaz Ferrán

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02 de septiembre de 2009 (13:24 CET)

Hace unos meses, en abril, Gerardo Díaz Ferrán, propietario al 50%, junto a Gonzalo Pascual, de un exitoso holding entre cuyas empresas más conocidas está el grupo Viajes Marsans, vivía una de sus jornadas más felices al ser reelegido presidente de la CEOE, la gran patronal española. Díaz Ferrán revalidaba por práctica unanimidad un cargo que había heredado dos años antes por designación directa de José María Cuevas.

De puertas afuera, era un hombre en la cúspide de su carrera empresarial. De puertas adentro, hay otras historias. Por ejemplo, la de un grupo empresarial que parece estar en deconstrucción, sometido a un proceso de adelgazamiento y a graves problemas de liquidez, y todo ello en medio de crecientes rumores sobre unas posibles desavenencias con su socio, Gonzalo Pascual.

El hombre que alcanzaba en abril la cima de la institución empresarial por excelencia era a la vez un empresario que estaba asistiendo al declive de su grupo. Cada vez más aclamado y con más capacidad de interlocución, pero cada vez con más problemas en sus empresas.

Todo empezó, o no, el año pasado con los graves problemas surgidos con el gobierno argentino que lideran los Kirchner y que obligaron a Díaz Ferrán y a Pascual a desprenderse de Aerolíneas Argentinas, que sería expropiada por el parlamento argentino por un precio simbólico.

Marsans sólo pudo salvar el aval de 150 millones que tendría que haber pagado a Airbus en caso de haber cancelado los pedidos que le había encargado para renovar la flota de la aerolínea. Al final, el gobierno argentino accedió en febrero a pagar la mayor parte del coste de la operación.

Las malas lenguas aseguran que Díaz Ferrán estaba convencido de que su cargo en la CEOE le granjearía el apoyo diplomático del gobierno y por eso sus primeros pronunciamientos como patrón de patrones fueron vistos desde el PP como demasiado complacientes y comprensivos con la política de Zapatero. Pero el gobierno español no pudo o no quiso salvar sus intereses, algo que Díaz Ferrán debió de anotar.

Tal vez no haya una correlación directa, pero meses más tarde, en plena negociación sobre el diálogo social, Díaz Ferrán, que también sufría fuertes presiones por parte de los empresarios que pedían una auténtica reforma del mercado laboral, empezó a cambiar su actitud hacia el ejecutivo socialista.

Pero hay más. Si en febrero se resolvió el tema de Aerolíneas Argentinas, apenas un mes antes, Marsans vendió a Royal Caribbean la división de cruceros de Pullmantur por un importe global de 700 millones de euros. El grupo estadounidense se hizo con el capital accionarial por 430 millones de euros y además asumió una deuda neta de unos 270 millones de euros. Marsans perdía así una de sus pesos pesados.

Y ya antes, en octubre, el grupo había puesto el cartel de “Se vende” a su empresa de transporte por carretera, Trapsa, que el año pasado facturó aproximadamente 60 millones de euros, y a la cual aún no ha encontrado comprador. Además, hace pocos días se rumoreó que Viajes Marsans, una de las empresas más conocidas del grupo, habría rechazado una oferta de compra hecha por Orizonia, la filial de viajes de Iberia.

A todo esto, hay que sumar el conflicto laboral existente en Air Comet. La aerolínea propiedad de Marsans pasa en estos momentos por una delicada situación financiera, en la que la falta de liquidez está provocando desde finales de 2008 retrasos en el pago de las nóminas.

Actualmente, según los sindicatos, la empresa debe tres mensualidades y dos pagas extras y, además, parece que algunos trabajadores aún no han cobrado la nómina del mes de mayo, a pesar de los compromisos adquiridos por la empresa para pagarlos de manera escalonada.

El grupo Marsans facturó, según datos provisionales, 2.755 millones de euros en 2008, un 21% menos que en 2007, a raíz sobre todo del caso Aerolíneas. Por lo demás, la mayoría de sus empresas de Marsans consiguieron aumentar su volumen de negocio y, aparentemente, parecen rentables.

A pesar de ello, parece que el imperio de Díaz Ferrán va empequeñeciendo cada día que pasa, aunque, de momento, esto no ha afectado aún su imagen como presidente de la principal patronal española.
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