El nobel Paul Krugman vislumbra las primeras muestras de estabilización de la economía

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25 de mayo de 2009 (18:56 CET)

Si un premio nobel de Economía dice que la situación global va camino de normalizarse, ¿será verdad? Paul Krugman, economista, divulgador y periodista norteamericano cercano a los planteamientos neokeynesianos, se ha reunido con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien dijo, hace solo unos meses, que la situación económica española era "aterradora". Por lo visto, Krugman ha vuelto a los cauces del optimismo, aunque de refilón.

El también columnista habitual en periódicos de influencia mundial como el New York Times ha afirmado que no le sorprendería que “el comercio internacional se estabilizara y que la producción industrial mundial se asentara y comenzara a crecer en dos meses”. Además, ha advertido de que es posible “ver un crecimiento del PIB (producto interno bruto) plano a positivo en Estados Unidos, y quizá incluso en Europa, en el segundo semestre del año".

Sin embargo, Krugman no pierde la realidad de vista y ha confesado temer un declive de una década de duración como el que sufrió Japón en los años 90. "En algún sentido podremos haber pasado lo peor, pero existe una gran diferencia entre estabilizar y retomar el terreno perdido", ha aclarado. "Hemos evitado la catástrofe absoluta, pero ¿cómo logramos una recuperación real?", se ha preguntado.

Krugman ha criticado el plan de rescate de la Administración de EEUU para convencer a los inversores de que ayuden a que los bancos se desprendan de activos tóxicos por 1 billón de dólares, ya que cree que se trata de una compra subsidiada de activos impagados.

Según el académico, la recuperación global podría darse a través de un aumento de la inversión por parte de las grandes empresas, el surgimiento de alguna innovación tecnológica revolucionadora o iniciativas sobre el cambio climático por parte de los gobiernos, terreno en cuya legislación ya se está trabajando en el Congreso de Estados Unidos.

"Cuando los europeos probablemente sigan ese camino, y los japoneses también, y empiecen las negociaciones con los países en desarrollo para incorporarlos al sistema, eso ofrecerá enormes incentivos para que las empresas empiecen a invertir y se preparen para el nuevo régimen sobre emisiones. Pero eso es una esperanza, no una certeza", ha sentenciado.
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