El plan de austeridad de Sarkozy no contenta a nadie 

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INTENTO DE CONSOLIDACIÓN FISCAL

Manuel Cabello Dujo

El presidente francés, Nicolas Sarkozy (segundo izquierda) encabeza una reunión de urgencia para analizar la situación económica
El presidente francés, Nicolas Sarkozy (segundo izquierda) encabeza una reunión de urgencia para analizar la situación económica

25 de agosto de 2011 (12:23 CET)

El plan de austeridad presentado este miércoles por el gobierno del presidente francés Nicolas Sarkozy ha tenido unanimidad: no gusta a nadie. Partidos políticos, sindicatos, empresarios, economistas, prensa... Todos coinciden en que es necesario reducir el déficit del país (7,1% del PIB en 2010 para una deuda de 1,65 billones de euros), pero destacan que las medidas adoptadas por el Gobierno no son las adecuadas. Unos dicen que el plan es poco ambicioso y, sobre todo, la mayoría coincide en que el peso de los recortes los soportarán los de siempre: las clases medias y trabajadoras.

En lo que también está casi todo el mundo de acuerdo es que con el plan de austeridad anunciado (con el que el Eliseo pretende ahorrar 1.000 millones en lo que queda de 2011 y 11.000 en 2012) queda definitivamente enterrado el programa con el que llegó al poder Sarkozy, el más liberal de todos los presidentes de la V República.

El presidente francés se presentó en 2007 como el líder que bajaría los impuestos para crear riqueza, el que devolvería a los franceses poder adquisitivo, el que pretendía convertir a sus ciudadanos en propietarios de viviendas (en campaña puso como ejemplo, incluso, el caso español). Todo se reducía a un lema: “Trabajar más para ganar más”, martilleaba el entonces candidato.

El diario Libération lo resume bien en su portada de este jueves: “Renegar más para recortar más”. “¡Qué pérdida de tiempo! Tres años desde el inicio de la crisis financiera para admitir al fin que las bases del sarkozysmo económico (…) no eran más que la traducción de una serie de eslóganes de campaña en una batería de medidas ineficaces”, dice en su editorial el diario de izquierdas.

Elecciones en primavera

La duda está en saber cómo afectará este giro radical de la política de Sarkozy en las elecciones presidenciales que se celebrarán en la próxima primavera.

La primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry, ha alertado que “se reduce el déficit, pero se aumenta el riesgo de una recesión”. Algunos de los economistas que han pasado desde ayer por los diferentes medios de comunicación ya han advertido que las medidas propuestas no son más que aumentos de impuestos y eso acabará afectando en el crecimiento económico del país, que apenas supera ya el 0%.

El presidente del MoDem, el centrista François Bayrou (tercero en las presidenciales de 2007) ha calificado las medidas de “parches, incoherentes y poco ambiciosas” porque con ellas el Estado sólo ahorrará “el 0,1% del PIB en 2011 y el 0,5% en 2012”, insuficiente ante la gravedad de la situación de la deuda francesa.

La presidenta del Frente Nacional (ultraderecha), Marine Le Pen, ha asegurado que el plan del Gobierno es “el reconocimiento de uno de los mayores fracasos del mandato de Sarkozy: la explosión de la deuda”, que Le Pen cifra en un aumento de 500.000 millones de euros desde que Sarkozy llegó al poder en 2007.

La candidata a las próximas presidenciales por la ultraderecha pone el dedo en otro aspecto en el que coincide casi todo el mundo: las medidas afectarán sobre todo “a los franceses a los que no hemos dejado de pedir sacrificios: las clases medias”.

Otra de las candidatas a la presidencia, Eva Joly (por Europe Ecologie-Les Verts) insiste en que el Gobierno “hace recaer los efectos de la crisis sobre las capas más vulnerables de la población” porque “mantiene los nichos fiscales favorables a los más acomodados” y que han privado al Estado francés de ingresar miles de millones de euros en los últimos años.

Impuestos “simbólicos” para los ricos


La izquierda ha denunciado que de los 12.000 millones de euros que el Gobierno pretende ahorrar con estas medidas, los más ricos sólo pagarán directamente unos 300 euros. Un impuesto “simbólico”, según el semanario Marianne. También se critica que el Ejecutivo haya anunciado que el impuesto sobre los más ricos desaparecerá cuando el déficit caiga al 3% (en 2014 según las previsiones), cuando el resto de medidas serán permanentes.

Las críticas no sólo han llegado desde la izquierda o la oposición. Algunos diputados del propio partido de Sarkozy han lamentado que las medidas para reducir el déficit no empezaran hace tres años, con el inicio de la crisis, lo que ahora hubiese evitado estos recortes.

La patronal Medef denuncia por su parte que el peso de las medidas recaerá sobre todo en las empresas y en los hogares, porque el Gobierno no ha previsto una disminución significativa del tren de vida del Estado, en lo que se califica como “un reparto desequilibrado”.

Los sindicatos tampoco están de acuerdo con el plan y han anunciado que el próximo 1 de septiembre se reunirán para estudiar en profundidad las medidas, sin descartar movilizaciones contra los recortes.

Hasta la Federación de Industrias Alimentarias ha criticado el aumento del 6% de las bebidas refrescantes con azúcares añadidos. No tanto por el aumento en sí (que cifran en un céntimo por lata de refresco) sino por el argumento dado por el Gobierno: la lucha contra la obesidad y a favor de la salud, equiparándolo con el alcohol y el tabaco.

Más IVA en los parques de atracciones

El Estado prevé ingresar 1.150 millones sólo con el aumento del 6% sobre los impuestos del tabaco ( 690 millones), el alcohol ( 340 millones) y las bebidas refrescantes ( 120 millones) reportará al Estado.

Otra cifra curiosa que ha trascendido: el Gobierno eleva el IVA de las entradas de los parques de atracciones, que pasa del 5,5% al 19,6%. Eso se traduce en 90 millones más para el Estado.
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