La banca reconoce por fin que no da créditos

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26 de mayo de 2009 (16:41 CET)

El presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), Miguel Martín ha aprovechado la inauguración de la 'Conferencia Inmobiliaria de Madrid 2009' para hacer unas declaraciones que dejan más dudas que certezas sobre la situación real de las instituciones financieras españolas.

Por una parte, Martín ha reconocido de manera implícita que las entidades financieras han cerrado el grifo crediticio, que sólo se abriría de nuevo, según él, si se recuperara la “confianza”. "Con más demanda y precios estabilizados o sin miedo al derrumbe de los precios, los demandantes de crédito verían mejorada su solvencia y sus garantías, y se mejoraría el crédito", dijo Martín.

Precisamente por ello, el máximo representante de la AEB ha pedido que se intente “evitar que el precio de los activos se degrade exageradamente, mucho más de lo que un precio de equilibrio requeriría”. De todas formas, Martín no ha concretado a partir de qué porcentaje se podría hablar de una caída exagerada del precio de la vivienda o del suelo edificable.

De momento, Martín puede tomar como referencia un informe de Citigroup presentado el lunes, donde se anuncia que los precios del mercado inmobiliario español podrían caer al menos un 20% en los próximos cinco años. Según este estudio, los precios sólo han retrocedido algo más del 7% desde los máximos a los que llegaron.

No obstante, algunas entidades como Caja Madrid, practican lo contrario de lo que defiende el presidente de la AEB y reconocen que están vendiendo pisos por debajo del precio de compra.

Martín ha explicado, además, que el sistema financiero español es un árbol “sano” a pesar de que “ganó mucha frondosidad en los años del boom inmobiliario”. Por ello, Martín considera que “ese árbol necesita cuidados y una cierta poda”, es decir, una “reestructuración y cuanto antes mejor”.

Ahora bien, el presidente de la AEB no ha concretado cómo debería hacerse esta reestructuración, ya que no ha concretado si las entidades deben cerrar las muchas oficinas que abrieron cuando el boom se lo permitió, con los consiguientes despidos que conllevarían, o si estas entidades deberían fusionarse.
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