La fusión de Aisa y Fergo, ¿la última maniobra?

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Adolf Todó, director general de CatalunyaCaixa

29 de mayo de 2009 (18:49 CET)

La inmobiliaria catalana Aisa está inmersa en una nueva peripecia para poder evitar los efectos más nefastos de la crisis. La empresa que tuvo entre sus accionistas a parte de lo más granado de la burguesía barcelonesa ha iniciado un proceso de fusión con el grupo Fergo: el objetivo poder realizar una travesía del desierto sin que ello cueste la vida a la sociedad.

Aisa, que preside Genís Marfá, tiene que superar un gran obstáculo: refinanciar la deuda, valorada en 454 millones a final del año pasado. Para ello ha de mejorar la gestión, pero lo más importante es conseguir la confianza de los bancos, que son los que, al final cabo, han de dar su visto bueno. Según ha manifestado la propia sociedad, durante el primer trimestre de 2009 la deuda ha sido reducida en 28 millones.

Por otra parte, Fergo, una sociedad con un tamaño mucho menor que Aisa, asegura haber reestructurado su deuda, mientras que Aisa se propone realizar lo que se llama una operación acordeón, es decir, una reducción de capital para enjugar pérdidas, que en 2008 sumaron 240 millones, a la que se deben añadir también las pérdidas meritadas en el primer trimestre, de 1,1 millones. A la reducción seguiría, como no puede ser de otra manera, una ampliación de capital posterior que podría llegar a los 100 millones, de los que Fergo aportaría una parte en forma de activos, entre ellos su cartera de negocios, y los socios de la promotora catalana otros 25 millones.

El plan ha de pasar una criba estratégica: los bancos, que han de creer en las explicaciones de Marfà.

Las últimas peripecias de Aisa no ayudan a la credibilidad de la sociedad. Sólo recordar la rocambolesca operación de venta de la entidad a un fantasmal fondo británico, First Mile Investments (FMI), por unos 70 millones de euros, operación que fue publicitada pero que no pasó de eso, aunque quizás sirvió para ganar alguna cosa, por lo menos tiempo.
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