La palmadita en la espalda de Salvador Alemany

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15 de diciembre de 2009 (19:29 CET)

Reunión navideña, en este caso un desayuno en la sede de Abertis. Salvador Alemany, su presidente, es un hombre curtido en mil batallas. Tiene tablas de sobra. Delante del faristol preparado al efecto, desgrana su discurso en un tono cercano, nada ampuloso. En la sala, medio centenar de periodistas. Un éxito de convocatoria, del que disfruta Toni Brunet, el director de Estudios y Comunicación de la entidad.

Comenta Alemany algunos datos que ya han sido publicados en los medios de comunicación, pues la bicefalia a la que se deben las empresas catalanas –citas en Madrid y en Barcelona para decir lo mismo- provoca estas situaciones. Las domiciliadas en la capital del Estado no tienen ese problema: lo que se ha de comunicar se hace en Madrid, para Barcelona la información local o regional.

En resumen, el año se ha ido arreglando: los datos del tercer trimestre fueron mejor que los del segundo y con estas cifras en la mano ya se puede aventurar que el 2009 acabará en positivo, aunque no son datos definitivos, no sea que la CNMV se mosquee. Saca pecho del volumen de inversiones realizados en los últimos años y de la calificación que le otorgan las agencias de rating, algo que parece preocuparle especialmente.

Hay un tema que no quiere dejar pasar. Cuando en Madrid explicó cual sería la política –generosa- de dividendos de Abertis en este 2009, algunos medios pusieron un empeño extra en atribuirlo a la docilidad de la empresa respecto a sus dos principales accionistas: la Caixa o Criteria y ACS. Alemany puntualiza: ¡ojo, los accionistas minoritarios también percibirán ese dividendo, eh! Es verdad, pero los periodistas no están del todo convencidos de que los pequeños accionistas tengan la misma capacidad de persuasión que las sociedades que presiden Isidre Fainé y Florentino Pérez, respectivamente.

Al final, la sorpresa. Alemany guarda los últimos párrafos de su intervención para el sector de medios de comunicación. Un detalle. Tras mencionar las dificultades por las que atraviesan las empresas de la mayoría de sus visitantes en esta gélida mañana de diciembre, el presidente tiene unas palabras de aliento y hace profesión de fe de algo conocido, pero quizás no suficientemente asumido: sin empresas no hay sociedad y, por tanto, tampoco medios, pero sin medios, sin una información mejor o peor, no habría tampoco empresas, porque no habría vínculo, comunicación, con la sociedad.

Un buen final. Un discurso alejado de muchos tópicos navideños y que se agradece. Alemany y su equipo demuestran, al menos, una cintura que se echa en falta en otros muchos actos similares que invaden estas fechas.
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