La reforma laboral irrita más a los sindicatos y decepciona otra vez a la patronal

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EL GOBIERNO ES EL ÚNICO QUE DEFIENDE EL PLAN

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31 de julio de 2010 (08:15 CET)

Si el Real Decreto del gobierno que sentaba las bases para la reforma laboral no gustó a nadie, su proyecto de ley, que se aprobó el jueves en el Congreso únicamente con los votos favorables del PSOE, no ha tenido mejor suerte.

La introducción de algunas enmiendas al texto, como la que permitirá a las empresas despedir por pérdidas previstas o por disminución de ingresos, ha irritado todavía más a los sindicatos. Por ejemplo, el secretario general de la UGT, Cándido Méndez, ve la reforma como “una ruptura laboral”. Por su parte, las patronales, en su línea, afirman que esta reforma no es suficiente.

En esencia, la Comisión de Trabajo del Congreso aprobó el jueves con el único voto a favor del PSOE la reforma. No obstante, algunas enmiendas fueron pactadas con el PNV, que al final decidió abstenerse. Los dos grupos se pusieron de acuerdo para endurecer la propuesta para concretar las causas que permiten acogerse al despido objetivo por causas económicas con 20 días de indemnización. Así, las empresa podrán despedir a trabajadores si prevén que van a tener pérdidas “que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo”. Es decir, despidos preventivos.

Reforma de la negociación colectiva


Por su parte, el PSOE presentó un total de 20 enmiendas a todos los grupos pero asumió la petición de CiU de reformar la prestación por desempleo para mejorar su vinculación a las políticas activas de empleo cuando el empleo inicie su recuperación.

Asimismo, aceptó emprender en seis meses reforma de la negociación colectiva, eso sí, en acuerdo con las organizaciones empresariales y sindicales, revisando los mecanismos de articulación para adaptarlos a las necesidades de las trabajadores. Además, admite lanzar un plan para recolocar desempleados de la construcción.

Revisión de las bajas

La nueva ley también contempla que los inspectores de la Seguridad Social tengan un mayor control sobre los procesos de incapacidad temporal. De esta forma, podrán emitir un alta médica y serán los únicos competentes, "a través de sus propios médicos" para emitir una nueva baja médica. El objeto de esta medida es "evitar una prolongación innecesaria de las bajas".

Además, los socialistas aceptaron modificar las consideraciones que justifican el despido por motivos de absentismo laboral, que la ley fija el límite en el 20% de las jornadas hábiles durante dos meses consecutivos, o el 25% a lo largo de cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de un año, aunque en relación con una media de la plantilla que los socialistas plantean rebajar ahora del 5% al 2,5%.

Sin consenso

A pesar de estos acuerdos concretos, el partido del gobierno se quedó sólo a la hora de votar la ley. El PP la calificó de texto “improvisado, caótico e histérico”. CiU considera que “cuestiones fundamentales quedan aparcadas” en el nuevo texto. Izquierda Unida afirma que “sigue manteniendo la precariedad”, mientras que el PNV se abstuvo de calificar la reforma.

La reforma tampoco ha gustado a los sindicatos. El secretario general de UGT, Cándido Méndez, aseguró que ha empeorado porque no ha aumentado la flexibilidad interna, sino que ha consolidado el despido como la "fórmula privilegiada" para que los empresarios hagan ajustes.

En declaraciones a la cadena Ser, Méndez criticó en este sentido que la reforma del mercado de trabajo "no estimula" a los empresarios a buscar otras alternativas al despido de sus trabajadores para resolver las crisis que puedan tener sus compañías. A juicio del secretario general de UGT, la reforma laboral comenzó con el objetivo de tranquilizar a los mercados financieros, pero acabó pensada para los empresarios.

La patronal no lo ve suficiente

En la CEOE y Cepyme, la reforma tampoco ha gustado, pero por otros motivos. Según estas organizaciones, la reforma no responde, "a pesar de los esfuerzos realizados", a las necesidades del mercado de trabajo en España, por lo que instaron a que el texto sea mejorado "de manera mucho más decidida".

Las organizaciones empresariales denunciaron que la reforma no va a permitir a las empresas mejorar su actividad y crear empleo estable, pues los cambios introducidos en el Congreso a la ley "son, en general, claramente insuficientes e incapaces de solucionar los graves problemas de la economía y el empleo en España". "Nos encontramos ante una oportunidad perdida que hará inevitable que en un breve plazo sea necesario plantear nuevas reformas", lamentaron los empresarios.

Por su parte, la patronal vasca Confebask afirmó que el trámite parlamentario ha "empeorado" la reforma. La organización considera que el trámite parlamentario seguido por la reforma laboral, no “va a favorecer la competitividad empresarial, ni va a acabar con la dualidad del mercado de trabajo".

Según señalaron, tras el proceso de enmiendas, "no se ha producido avance alguno en materia de flexibilidad interna para las empresas respecto a las carencias que el Real Decreto Ley ya presentaba, manteniéndose, de este modo, prácticamente las mismas rigideces que estaban vigentes desde la reforma de 1994".

Zapatero, solo ante el peligro


Vistas las reacciones, el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo que salir a defender su reforma laboral. El viernes respondió a los sindicatos que la reforma laboral aprobada por el Gobierno está dirigida a reducir la temporalidad y a evitar los despidos, no a facilitarlos, como denunciaron CC OO y UGT. 

De todas formas, el trámite parlamentario ha mostrado nuevamente la soledad del gobierno a la hora de aprobar temas de gran importancia. El jueves casi se repitió la escena del 27 de mayo, cuando el Parlamento aprobó por un sólo voto de diferencia las medidas para reducir el déficit público.
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