La transición mal resuelta del RACC

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22 de enero de 2010 (21:44 CET)

Parte de lo que pasa en el RACC, un club con más de un millón de socios, se explica por una transición mal resuelta desde un modelo en el que primaba el espíritu de club: los trabajadores y directivos se llamaban a si mismos “gente amarilla”, por el color corporativo de la entidad a otro modelo más de multinacional.

La transición de un tipo de empresa a otra se ha agravado con la crisis económica que, en una entidad de servicios se nota más.

Muchos trabajadores del RACC se acuerdan de que a mediados de los años 90 en fechas señaladas, como navidad o fin de año, los que estaban de guardia en la sede central recibían la visita del presidente Salvadó, que pudiendo celebrar la fiesta con su familia tenía el detalle de agradecer personalmente a cada uno de los trabajadores su dedicación y felicitarle las fiestas.

Unos años más tarde todo eso se ha esfumado. Y el cambio coincide con la asunción de la máxima responsabilidad ejecutiva de Josep Mateu, el actual director general. Este llegó al club de conductores procedente de una empresa del transporte. Con su llegada cambió el estilo. Además se rodeó de un equipo de directivos procedentes de multinacionales que pusieron en marcha la política de expansión de la entidad cívica catalana.

Se terminaron la puertas abiertas en los despachos y el trabajo en equipo. Pero, con la crisis, las relaciones laborales se han convertido en impersonales e incluso agresivas. En la sede central del RACC hay quien recuerda casos llamativos, como el de un trabajador que al incorporarse notó que el ordenador no funcionaba, llamó al departamento de informática y allí le remitieron a personal. Entonces se enteró que estaba despedido, lo que quedó en los anales de la plantilla del RACC como uno de los momentos más tensos vividos en aquellas instalaciones.

También han cambiado algunas actitudes y esta vez en sentido contrario, como la que en algún momento se mantuvo con el presidente de la entidad, Sebastià Salvadó, respecto al Circuït de Catalunya en Montmeló. Las personas de su entorno más inmediato cuentan que Salvadó podía hace unos años presentarse sin anunciarlo en el circuito y mandar cambiar, por ejemplo, la ubicación de unos árboles si no le gustaba como estaban plantados. Pero esto también ha variado, porque la Generalitat y el Ayuntamiento de Montmeló han resituado la situación y quien manda en la instalación es una empresa con participación de todos los socios y con un gerente propio.

El factor humano hace ahora que la crisis tenga carices más sangrantes en personas con muchos años en la empresa. La despersonalización y la tensión hacen más dura la transición. Además, existe el problema de fondo consistente en la percepción en buena parte de la plantilla del hecho de estar pagando con sus puestos de trabajo una política de expansión que se ha decidido en la dirección sin que la asunción de responsabilidades afecte a la cúpula.
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