Los bancos franceses resisten el primer asalto 

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EUROPA, CONTRA LA PARED

Sede central de Société Générale

14 de septiembre de 2011 (19:23 CET)

Los tres principales bancos franceses (Société Générale [SG], Crédit Agricole y BNP Paribas) han vivido este miércoles una jornada bursátil difícil, en la que por momentos parecieron estar al borde del precipicio. Antes la apertura de la Bolsa de París la agencia de calificación Moody’s rebajó la nota de los dos primeros y mantuvo en “vigilancia negativa” al tercero. Ante la perspectiva de que la situación no mejore, en Francia se alzan voces pidiendo la nacionalización de estas entidades.

La noticia de la degradación de Moody’s se conoció antes de la apertura de los mercados, por lo que se temía lo peor. El diario económico Les Echos incluso se aventuraba bautizándola como “la sesión de todos los peligros”. En un primer momento, el hecho de que la decisión de la agencia fuese menos severa de lo que se había vaticinado (desde el fin de semana se hablaba de una degradación de dos escalones en la nota de la SG y uno para las otras dos entidades) y que desde China llegasen rumores de que el gigante asiático pudiese acudir al rescate de la vieja Europa provocó un inicio de sesión bastante tranquilo.

El gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, se permitió incluso manifestar, en una entrevista en la emisora RTL, que la degradación de la nota a los dos bancos franceses era “relativamente una buena noticia” porque eso acabaría con los ataques de los mercados y porque las entidades francesas siguen conservando una buena nota, equivalente a la del resto de grandes bancos europeos.

Grecia pesa demasiado

Pero los rumores procedentes de China se desmintieron y abrió la caída de los valores bancarios, que el pasado lunes, ante la perspectiva de la nota negativa de Moody’s, ya habían sido masacrados.

A menos de una hora del cierre del parquet, y con la gran mayoría de valores en el verde, SG perdía casi el 11%, BNP Paribas casi el 7% y Crédit Agricole más del 3%. La hora fue vertiginosa. Los bancos salvaron los muebles y Société Géneral cedió al final un 2,8%, el BNP Paribas un 3,99% y Crédit Agricole cerró ganando un 1,2%.

Pero no se puede olvidar que Société Génerale ha perdido desde julio dos tercios de su valor bursátil y las otras dos entidades han visto reducido a la mitad el precio de sus títulos. Los mercados castigan su exposición a la deuda griega. Estas tres entidades, junto a algunas alemanes, son las que más bonos de deuda helena han adquirido y la posibilidad de que Atenas pueda declararse en suspensión de pagos estremece a los inversiones. Incluso pese a que en su informe de este miércoles, Moody’s reconozca que, en caso de quiebra de Grecia y pérdidas colosales para estos tres bancos, su solvencia y viabilidad no estaría amenazada.

Amenaza de nacionalización

Ante la amenaza de que la situación de los bancos franceses continúe degradándose en el futuro, los dos principales diarios galos coinciden en poner sobre la mesa uno de esos temas que los gobiernos tratan de evitar: ¿Hace falta nacionalizar los bancos?

El economista Philippe Brossard, publica una columna de opinión en Le Monde que no deja lugar a las dudas: ¡Nacionalicemos con urgencia los bancos franceses! “La banca es un negocio demasiado serio como para confiarlo a los banqueros”, dice el experto.

Brossard da tres argumentos para defender su tesis a favor de la nacionalización: la sospecha de que los bancos no tengan suficiente liquidez para cubrir sus pérdidas y que se solucionara con nuevas emisiones una posible nueva quiebra de los países europeos en peligro (España e Italia), ya que ningún inversor privado en su sano juicio participaría en una operación de recapitalización como estas. En ese supuesto, sería la ocasión del Estado de tomar el control de las entidades.

La segunda razón es que, visto que la capitalización bursátil actual de los bancos representa apenas el 30% de sus activos, el Estado podría obtener a medio plazo unas buenas plusvalías.

La tercera, es la estabilidad financiera. “Ya no puede ser posible acordar una garantía del Estado a los bancos y dejarles actuar libremente en los mercados internacionales, tomando riesgos y llevar a cabo políticas de remuneración extravagantes”, defiende el economista.

En otro artículo, Le Figaro se limita a describir la grave situación actual de la banca europea en general y de la francesa en particular, por su exposición en dos mercados tan inestables como el griego y el italiano. Se plantea la hipótesis de una nacionalización de los bancos, dando voz a detractores y defensores.

Detractores y defensores


En el primer grupo, los actores institucionales. El ministro de Industria, Eric Besson, dijo el lunes que la idea de “una nacionalización de la banca es prematura y fuera de lugar”. Noyer reiteró este miércoles que esa hipótesis “no tiene ningún sentido”.

Pero el diario conservador también se encarga de recordar que todos aquellos que mejor conocen la situación (los Estados, los Bancos Centrales y las entidades financieras) no hablan o se limitan a discursos vagos con tal de no añadir “más crisis a la crisis”.

Varios expertos consultados, como Marc Fiorentino (un habitual de los medios de comunicación donde analiza la actualidad económica) coinciden en que una nacionalización “sería una buena inversión para el Estado e, incluso, una necesidad financiera”.

“Los bancos deben dejar de dar la impresión de que el planeta va a explotar cada dos años. Deben recapitalizarse. Tuvieron una primera ocasión de hacerlo (en 2008, tras la caída de Lehman Brothers). Deben hacerlo en esta segunda oportunidad aunque sólo sea por calmar a sus accionistas”, argumenta.

Acción política

Y, mientras, los franceses cada vez están más preocupados por el futuro de sus ahorros y por un posible “corralito”. Las noticias que llegan de Grecia, lejos de tranquilizar, son cada vez más inquietantes y el riesgo de una suspensión de pagos parece más cerca que nunca, lo que podría poner en peligro la supervivencia del euro y de la propia Unión Europea.

Y siguen esperando una acción política fuerte que ponga fin a todos estos terremotos financieros.
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