Sony avisó que a finales de 2010 podía dejar Viladecavalls

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02 de septiembre de 2010 (13:17 CET)

En los primeros días de 2009 y luego de una larga y dura negociación, los representantes de Sony y de los sindicatos anunciaban el acuerdo: la empresa retiraba el ERE que afectaba a 275 trabajadores de la fábrica de Viladecavalls (Vallès Occidental) a cambio de un plan de bajas incentivadas voluntarias vigente hasta junio de aquel año. El acuerdo también supuso la congelación salarial durante 2009 y 2010 después de regularizar los sueldos que había pendientes debido a una incorrecta aplicación del convenio. Durante esos dos años, los trabajadores se comprometieron a hacer 40 horas más cada año y se aplicaron más flexibilidad horaria adaptada a las necesidades de la empresa.
 
El plan de bajas incentivadas contempló una indemnización de 45 días por año trabajado. Unos días antes Sony presentó un plan de viabilidad que proponía reducir a 93 los 275 trabajadores que en principio debían quedar afectados por el ERE. El acuerdo consiguió el apoyo de cuatro grupos sindicales. El pacto implicaba que Sony se comprometía a mantener hasta el 2010 una producción de televisores de 1.500.000 unidades.

El anuncio del ERE de Sony se había producido a mediados de diciembre de 2008. Se enmarcaba en un plan de reducción de personal de 8.000 personas en todo el mundo. En el mismo paquete, la multinacional japonesa insinuaba la posibilidad de cerrar alguna de las 57 fábricas de electrónica de consumo que tenía fuera de su país de origen.

En Viladecavalls llegaron a trabajar hasta 1.300 personas de las cuales 700 fijas y el resto con contratos temporales, pero el descenso de la demanda de televisores planos que se inició con la crisis puso en rojo todas las alarmas: las ventas en el mercado americano cayeron en 2008 entre un 40% y un 70%.

El anuncio de aquel ERE se produjo justo después de que el presidente de la Generalitat, José Montilla, se reuniese con la dirección internacional de Sony, y se dice que en aquel encuentro se le comunicó al president que para mantener la planta en Catalunya se deberían producir bajas y congelación de sueldos, lo que finalmente pasó.
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