Homo deficitarius

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Jordi Joly i Lena

26 de junio de 2013 (18:34 CET)

Sólo los países avanzados saben orientar su contabilidad pública hacia criterios estrictos. La diferencia entre cash y accrual es algo que se tiene que tener claro y saber cuando utilizar uno y otro criterio. No es el mismo tener un derecho y contabilizarlo, como hace una empresa cuando realiza una factura, que el movimiento de tesorería que se produce en el momento de cobrarla.

El debate político cuando aterriza en temas económicos, si no lo hace de forma rigurosa, y en cambio lo utiliza como una herramienta de estrategia partidista, se convierte en una fuente de desestabilización e incertidumbre, de un peligro extremo para cualquier economía. Se pueden crear problemas financieros allá donde no existen.

Explico un caso concreto, aquel que corresponde a la deuda de la Generalitat de Catalunya con el Ayuntamiento de Barcelona. Una deuda que desde una perspectiva puramente económica y financiera (de acuerdo con la contabilidad y la cuenta general del Ayuntamiento de Barcelona intervenido y auditado externamente) se encuentra bajo un control total y absoluto. No pone éste en entredicho la fuerte estabilidad de las finanzas de esta institución y su tesorería. Prueba de esta afirmación es el resultado de superávit de acuerdo con el Sistema Europeo de Cuentas, la fortaleza manifiesta de su tesorería en cash/líquido, y el último informe de seguimiento de pago a proveedores a fecha 31 de mayo de 2013 que presenta un plazo de pagos a proveedores de 28 días desde la fecha de recepción de la factura. Todo esto habiendo provisionado a corto plazo la deuda existente con la Generalitat y acompañado de las notas y comentarios muy favorables a la gestión financiera y la governabilidad del Ayuntamiento, de las tres agencias de rating a las que se somete, Standard and Poor's, Moody's y Fitch.

Quien se empecine en hacer ver que las relaciones económicas entre la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona están afectando las finanzas municipales, estará sembrando una percepción que puede ser muy peligrosa para una ciudad que está luchando con todas sus fuerzas para evitar el contagio financiero y para convertirse de forma efectiva motor de crecimiento y reactivación económica.

La cuenta pendiente de la Generalitat de Cataluña corresponde a aquello que se encuentra en situación de pendiente de cobro por parte del Ayuntamiento de Barcelona a 31 de diciembre del año anterior. Se necesario distinguir entre lo que es una deuda vencida de aquello que no lo es. La deuda vencida no atendida no puede tener el mismo tratamiento que aquella que todavía no ha vencido o apenas se ha producido.

Pues bien, es evidente que aquello que está pendiente de cobro de años anteriores, corresponde a unos derechos liquidados (facturas emitidas en términos de contabilidad comercial) que forman parte de las cuentas de resultados de los años anteriores. Seguro que ya queda claro, pero para más detalle, hay que insistir en que aquellos derechos ya formaban parte de los ingresos que alimentaban ejercicios anteriores y por lo tanto posibilitaban el gasto presupuestario de aquellos años. Aquel dinero (todavía no cobrados hoy) ya han sido presupuestados en gasto, adjudicados y pagados. La gestión de los derechos y obligaciones es diferente a la gestión de tesorería.

En conclusión, sólo hace falta un poco de sentido común para entender que lo pendiente de cobro es una magnitud de caja, de tesorería, no es una nueva fuente de financiación para realizar ningún nuevo gasto.

Cuando el Ayuntamiento de Barcelona cobre los derechos de deuda pública que tiene con la Generalitat, incrementará su posición de caja, pero nunca será una nueva fuente de financiación para nuevos gastos corrientes o de capital (inversiones).

Algunos están expresando públicamente que con este dinero se podrían hacer nuevas guarderías o equipamientos y que este es el agravio que está produciendo la Generalitat en el Ayuntamiento. Esto mismo podría ser aplicable pues a las relaciones de deuda entre cualquier administración autonómica y local.

Esto pone de manifiesto que cuando alguien confunde los derechos de cobro con las magnitudes de caja provoca la paradoja de gastar un mismo ingreso dos veces, generando un déficit que provocaría una nueva necesidad de financiación, y muy posiblemente de deuda adicional.

Los seguidores de esta escuela, ¿aplican el mismo criterio a sus economías domésticas?, ¿son quizás hombres y mujeres deficitarios por genética?, ¿ingresan por una unidad y gastan por dos de forma racional y automática? Sólo la ciencia del estudio de la genética quizás algún día nos podrá dar respuesta, desde los principios de sostenibilidad de la economía y de las políticas sociales de calidad, sobre la lógica de este tipo de homo deficitarius.
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