El gallinero de la política fiscal

01 de septiembre de 2009 (11:16 CET)

Si hay un debate que no debe hacerse como se está haciendo, ése es el debate sobre la política fiscal que debe tener este país para hacer frente a la crisis y la manera de salir de ella. De hecho, como recordaba ayer Joan Francesc Pont en La plaza, el tema de los impuestos es una de las materias sobre las que la Constitución española prohíbe expresamente realizar referéndums.

Pero nada, ahí estamos, enfangados en un debate tipo La noria, el programa que dirige Jordi González en Tele 5, donde parece que sea más importante dar espectáculo que llegar a un conclusión común tras poner sobre la mesa argumentos desde las más diversas posiciones. Nunca quizás como ahora la banalización de la política ocupe más espacio público.

Las opiniones se dividen con un simplismo apabullante: si eres del PP, o cercano, cargarás contra la anunciada subida de impuestos y criticarás hasta el paroxismo el gasto público del gobierno de Zapatero; si estás más próximo a los socialistas defenderás sin duda ni complejos el giro en la política impositiva y despreciarás la actitud destructiva de la oposición. Es lo que tenemos.

Esa necesidad de defender posiciones irreductible, apriorísticas, acaba llegando a todos los rincones. Ayer, por poner sólo un ejemplo, la Cambra emitió un comunicado contra la apenas anunciada subida aunque nada, o casi nada, sabemos sobre cómo se concretará esa idea. Quizás eso sea lo de menos.

Y, sin embargo, el debate sería crucial, porque es evidente que sin la herramienta de la política monetaria, hoy en manos del BCE, la política fiscal es la única alternativa que tienen los gobiernos para hacer política económica. Pero ni por esas…

Una elevada porción de la culpa está en el Gobierno que es el que ha lanzado los primeros globos sonda, mérito que hay que adjudicar a José Blanco, y que lo ha hecho con tanta torpeza informativa como acostumbra. Hoy apenas sabemos -habrá que leer lo que dijo ayer Zapatero- que la subida incidirá sobre las rentas del capital, que no se tocará el IRPF –contra lo que dijo hace unos días Elena Salgado de que todas las figuras impositivas estaban en revisión- y que nada se ha comentado sobre el IVA.

Y todo esto sin una explicación coherente y contextualizada de porqué hay que dar un giro a la política fiscal de este país, porqué no se habla apenas de reducciones de gasto, etc., etc. Todo a borbotones. Los comentaristas que debatieron el tema ayer en La plaza plantearon que quizás había que decir a las autonomías que en las actuales circunstancias no era posible proceder a una reforma de la financiación autonómica, que quizás habría que llegar a un acuerdo con autonomías y municipios para proceder a un adelgazamiento de sus inflacionadas estructuras –hay ciudades con televisión, radio y casi clubs deportivos propios-, de la misma manera que empresas y particulares deberán proceder a un adelgazamiento y un recorte de costes para salir de la crisis… que, entonces sí, que entonces en ese marco a lo mejor es más digerible un anuncio de reforma fiscal que exija una mayor contribución a los ciudadanos, que… Pero estas consideraciones quizás sólo tendrían sentido en un debate que seguramente no se va a dar.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad