Spanair necesita algo más que la bandera

06 de octubre de 2009 (10:09 CET)

El proyecto de Spanair nació envuelto en una aureola de proyecto de país. Un grupo de empresarios, al frente de los cuales estaba Joan Gaspart, se movilizó para que Catalunya tuviera una aerolínea de bandera, aunque en los tiempos que corren, con fusiones a dojo, esa especie esté en serio peligro de extinción. El enemigo a batir era Iberia y Spanair, afectada por una severa crisis empresarial y dejada de la mano de Dios por su principal accionista, se prestaba a ello.

Pero la crisis económica, la general, no sólo la particular que tenía Spanair, empezaba a mostrarse ya en toda su crudeza y las llamadas bienintencionadas de los promotores no encontraron el eco deseado. ¿Solución? Si el capital privado se mostraba reticente, habría que hacer que fuera el público o semipúblico el que arrimara el hombro. Y una serie de instituciones en las que la hegemonía de las administraciones es obvia se puso al frente del carro y asumieron la mayoría accionarial del nuevo y arriesgadísimo proyecto: Catalana de Iniciatives, la Cambra, la Fira, Turismo de Barcelona… se convirtieron en los accionistas de referencia de Spanair a través de la sociedad Iniciatives Empresarials Aeronáutiques (IEASA).

Para ponerle la necesaria guinda al pastel, se consiguió que un grupo de patronos asociados a Femcat, una organización empresarial que se define como “catalanista y patriota” tomaran asimismo un paquete minoritario de la nueva compañía, que les fue vendida por los suecos de SAS por el simbólico precio de 1 euro. La operación se firmó el 31 de enero de 2009. Desde esa fecha queda por suscribir un 35% del capital, para lo que se han buscado incesantemente nuevos accionistas sin que hasta la fecha, por lo que se puede saber, haya habido éxito. A final de año, si no aparecen, los actuales accionistas asumirán a escote la parte que falta.

Hasta aquí la historia. A lo largo de todo este proceso ha habido preguntas cuya respuesta nunca ha quedado clara. Por ejemplo, ¿por qué en vez de apostar por una incierta aventura no se pudo llegar a un acuerdo con Iberia? ¿Por qué se apostó por Spanair y no por Vueling-Clickair, que ya tenían un accionariado catalán?

Curiosamente, ayer nos hacíamos eco en la web de que la patronal Cecot iba a firmar un acuerdo con Vueling para que sus asociados volaran en condiciones más favorables. La noticia no parece en sí tener más trascendencia sino fuera porque da la casualidad de que Antoni Abad, el presidente de la patronal originaria de Terrassa, es un destacado militante de Convergència Democràtica. Y nos ha llamado la atención el hecho de que Spanair, una aerolínea que pretende desarrollarse auspiciada por el apoyo del empresariado y que se presenta como una iniciativa de país, se vea obligada a asistir complacientemente a un acuerdo entre su rival y un empresariado proclive a sus planteamientos ideológicos. Y es que entre las realidades ideológicas y las comerciales a veces hay distancias insalvables.
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