Los grandes ejecutivos viven unas vacaciones cortas pero intensas

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CAÍDA MERCADOS

Pitina, el yate de Florentino Pérez

31 de agosto de 2011 (12:43 CET)

Algunos primeros espadas de la economía española incluso trabajaron más que en un mes cualquiera. No desconectaron un solo momento, como sus subordinados directos. Por ejemplo, el área de mercados de Santander o BBVA fue un hervidero desde que en julio la delicadísima situación de Grecia pusiera los mercados al pie de los caballos. Sería el comienzo de una caída libre por el temor a una suspensión de pagos en Estados Unidos y los ataques a la deuda española e italiana o a la banca francesa que llevó las cotizaciones de los dos gigantes españoles por debajo de los seis euros. Muchos se acordaron del drama posterior a la quiebra de Lehman Brothers.

Destinos tan poco exóticos como Gijón, desplazamientos cortos y de pocos días para volver al despacho en cuestión de unas pocas horas si era necesario, teléfonos móviles operativos las 24 horas del día, videoconferencias en los momentos más duros de la crisis que ha castigado a los mercados… El verano de la alta dirección de las empresas españolas más afectadas por el riesgo país fue tan intenso como atípico. Sencillamente, lo vivieron en el filo de la navaja.

Un banquero como Emilio Botín, obsesionado desde siempre con la cotización del banco y capaz de preguntar más de 20 veces por el precio de Santander en bolsa en una sesión cualquiera, vivió el que posiblemente haya sido su verano más amargo, con profit warning incluido. Una noticia que se intentó tapar (sin lograrlo) con un presunto favor a los desempleados que no pueden pagar su hipoteca.

En los últimos tres meses, el Santander perdió una cuarta parte de su valor en bolsa, como el BBVA, que también vivió agosto en el alambre por culpa de una huelga de futbolistas que retrasaó una semana el comienzo de la liga que lleva el nombre del banco que preside Francisco González. Como ellos, todos los jefes de la banca española vivieron con un ojo pegado a las pantallas de contratación.

Viajes a sitios cercanos

Para algunos, los últimos meses han sido una auténtica tortura. Aunque quizá nadie haya sufrido tanto como el presidente de Bankia, Rodrigo Rato. Tras liderar una salida a bolsa contra los elementos que le ha obligado a una actividad frenética durante todo el año, el tercer banquero del país por volumen de activos apenas se permitó una escapada a Gijón en agosto. Fueron unos pocos días, suficientes para presenciar la actuación del torero José Tomás en compañía de viejos compañeros de batalla en la arena política como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, o el flamante nuevo presidente de Asturias, Francisco Álvarez-Cascos.

Como la mayoría, Rato evitó las largas distancias y procuró estar en todo momento a tiro de piedra del despacho. Cortas fueron también las vacaciones del presidente y del consejero delegado de Banc Sabadell, Josep Oliu y Jaume Guardiola, respectivamente. Ambos pasaron una semana en distintas localidades del Empordà (Costa Brava) donde estuvieron en contacto permanente con sus subordinados para coordinar todas las operaciones. La cotización del banco, que cayó un 10% en los tres últimos meses, no fue el único dolor de cabeza de los directivos, que cerraron el día 20 de agosto la adquisición del Lydian Private Bank en Florida.

Fuera del mundo financiero cotizado tampoco ha habido descanso. Algunos como Jordi Mestre, director general de Unnim, sólo abandonó su despacho situado en Sabadell una semana, pero sin desconectar: realizó una videoconferencia diaria para no perderse ningún detalle del día a día de la caja catalana. La búsqueda de socios estratégicos que le permitan llegar al nivel de capital básico requerido no se paró. CaixaCatalunya se encuentra en una situación parecida a Unnim, aunque su director general, Adolf Todó, sí se tomó unos días de asueto. Eso sí, estuvo en contacto permanente con el resto del comité de dirección.

Los constructores, hiperactivos


Otro gremio, el de los constructores, vivió también un verano que puso a prueba la fortaleza de sus corazones. Sufrieron el desplome de sus propias cotizaciones y aún más el de algunas participadas, lo que les obligó o bien a realizar fuertes provisiones para cubrir pérdidas o a afrontar en situación de absoluta inferioridad ante la banca en sus procesos de refinanciación de deuda. Es el caso de Florentino Pérez o de Luis del Rivero.

Nadie tuvo un verano más ajetreado que el presidente de ACS y del Real Madrid. Disfrutó de unos pocos días de descanso en Ibiza a finales de julio que le sirvieron para negociar algún que otro fichaje frustrado como los de Neymar o Agüero. A bordo de su yate, Florentino reunió las fuerzas suficientes para afrontar un agosto trepidante. En los futbolístico, por el intensísimo duelo perdido con el FC Barcelona en la batalla por el primer título del año; en lo empresarial, elevando su participación en Iberdrola, vendiendo nuevos parques eólicos para reducir su apalancamiento o cerrando su desembarco en la alemana Hochtief que le permite entrar definitivamente en la aristocracia de las constructoras europeas.

A Florentino le pesa la deuda, pero queda claro que no le asusta trabajar. Por este lado, sus socios –los March y los Albertos--, no tendrán queja. Aunque no les haga ninguna gracia la mucha dedicación que requiere el Real Madrid en estos tiempos tan duros para el mundo de los negocios. Otro madridista de pro, Luis del Rivero, tuvo unas vacaciones movidas. Entre sus escapadas esporádicas el presidente de Sacyr Vallehermoso tuvo tiempo de cerrar en agosto un acuerdo con la mexicana Pemex para sindicar las acciones y mover la silla a Brufau.

Se acabó la paz de mentira entre el empresario murciano y el ejecutivo catalán. El problema es que la cotización de Repsol convertía en inviable la refinanciación de la deuda del grupo constructor y de servicios. Buscar una alternativa a Brufau y estirar hasta el límite el dividendo bien merecían unas vacaciones de mínimos. En Repsol reconocen que pasaron un verano relativamente tranquilo, con un equipo de guardia para solventar cualquier emergencia. Brufau sí se tomó unas merecidas vacaciones antes de enfrentarse a la dura batalla que le espera desde ya.

Para todos los gustos

Hay empresas que se han permitido el lujo de pasar el verano lejos de las pantallas de contratación. Es el caso de Grifols, la mejor empresa del Ibex en 2011 con mucha diferencia. Pero que la cotización suba más de un 30% este año no fue sinónimo de relajación, porque al otro lado del charco el grupo trabajó durante todo el verano en el proceso de integración de Talecris, la compañía estadounidense de hemoderivados adquirida a principios de junio.

Fuentes del grupo comentan que su presidente, Víctor Grífols, se tomó muy pocas vacaciones y en los últimos meses ha viajado continuamente desde Barcelona a Estados Unidos. La directora financiera de la multinacional, Núria Pascual, estuvo en contacto permanente con los inversores analizando la situación. Aunque afirman que su trabajo no fue “distinto” a otros años.

En otras compañías, el estío fue más tranquilo. En el caso de Abertis algunos directivos han podido salir de vacaciones hasta la última semana de agosto como el consejero delegado, Francisco Reynés. Otra de las grandes empresas en las que la presidencia se fue de vacaciones fue Gas Natural. Los portavoces de la multinacional presidida por Salvador Gabarró han señalado que se incorporaban a finales del mes pasado.
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