Adiós al 'campismo' y bienvenido el primer Gobierno 'fabrista'

stop

Fabra refuerza el poder de Císcar, crea una macroconsejería de Economía para impulsar el crecimiento y prescinde de cuatro consejeros de la era Camps

Los nuevos consejeros del Gobierno valenciano: Juan Carlos Moragues, Manuel Llombart y Asunción Sánchez Zaplana

07 de diciembre de 2012 (21:11 CET)

Alberto Fabra ya tiene un Consell a su medida. No lo ha tenido fácil. Ha convivido año y medio con un equipo heredado de Francisco Camps. La remodelación del Gobierno valenciano, esperada desde el verano, se ha ido retrasando mes tras mes, y en ese tiempo el empuje inicial de Fabra se ha desdibujado.

El presidente ha visto cómo su tibio regeneracionismo era incapaz de ganarle el pulso a la corrupción en su partido. La lista de parlamentarios imputados del PP que han sido imputados ya sobrepasa la decena en las Cortes. El último fue el ex consejero de Hacienda, José Manuel Vela, acusado de filtrar un informe de la Intervención de la Generalitat sobre el caso Cooperación al también ex consejero Rafael Blasco, imputado a su vez en este procedimiento.

La reciente dimisión de Vela obligaba a Fabra a acometer su remodelación, lo quisiera o no. Y ha elegido un equipo que supone, como tal se esperaba, el final del campismo. Con prudencia, y tratando de no provocar una crisis interna en el PP valenciano, el presidente ha prescindido de los más afines de Camps a lo largo de su mandato. En diciembre de 2011 se deshizo de Paula Sánchez de León, mano derecha de Camps y hoy delegada del Gobierno; reforzó el poder de José Císcar nombrándole presidente y portavoz e incorporó a María José Catalá (la esperanza blanca del PP a medio plazo) como consejera de Educación y Empleo.

Renovación del segundo escalón

En enero de este año, Fabra eligió a Máximo Buch consejero de Economía en sustitución de Enrique Verdeguer, que pasó a ser el presidente de la empresa pública Adif. Y en febrero, el jefe del Consell acometió una renovación profunda en el segundo escalón de la Administración autonómica con 17 nuevos nombramientos. Quedaba, sin embargo, el golpe final, una crisis de gobierno más amplia en la que rompiese definitivamente con la herencia de Camps.

Y así ha sido. Fabra prescinde de dos consejeras de ciega obediencia campista como Lola Johnson, incapaz de conectar con los empresarios turisticos y de la que no se conoce ninguna idea para reforzar el principal sector económico de la Comunitat Valenciana, y Maritina Hernández, que entró en el Consell en 2007 y que se ha enfrentado con casi todos: funcionarios, ingenieros agrónomos, sindicatos agrarios, veterinarios, cámaras agrarias, etc.

El fracaso de la reforma sanitaria


Luis Rosado, consejero de Sanidad hasta ahora, ha pagado caro el fracaso de su reforma sanitaria, que incluía un modelo de gestión privada en hospitales y centros de salud con el que la Generalitat pretendía ingresar 360 millones de euros en concepto de canon. Pero, además, Rosado ha sido una de las caras visibles de los impagos. La reciente huelga de los farmacéuticos ha contribuido a deteriorar su imagen dentro del Consell.

Quedaba Jorge Cabré, que también sale después de una gestión con más pena que gloria, que ha soliviantado, por la falta de recursos, a colectivos como los discapacitados, cuya última manifestación por los impagos es aún reciente.

Castellano y Bonig, supervivientes


Del último Consell de Camps sólo sobreviven Serafín Castellano, que gana Justicia para Gobernación; Isabel Bonig, que sigue como titular de Infraestructuras, y José Císcar, que amplía su poder con Agricultura, un sector que, como Turismo, deja de tener una consejería específica.

Fabra ha decidido que Hacienda no termine en manos del consejero de Economía, Máximo Buch, quien refuerza, sin embargo, su peso en el Gabinete asumiendo Empleo, que se desgaja de Educación, y Turismo. Buch estará al frente de una macroconsejeria que debe trazar la política de recuperación de la economía valenciana.

Moragues, un funcionario de Hacienda

Un técnico, Juan Carlos Moragues, asume la consejería de Hacienda cuando las cuentas públicas están lejos de pasar la prueba del déficit exigido por el Gobierno. La trayectoria profesional de Moragues está vinculada a la Agencia Tributaria, de la que ha sido delegado de Castellón en su última etapa.

Manuel Llombart y Asunción Sánchez Zaplana son las nuevas caras que completan el Consell. El primero será el consejero de Sanidad, un departamento del que huyó escaldado Manuel Cervera y que quemó a su sucesor, Luis Rosado. Llombart era director general de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO) y Sánchez Zaplana era teniente alcalde en el Ayuntamiento de Alicante.

Acuerdo con el Gobierno


Estos son los nombres del primer Consell de Alberto Fabra, que pasa de diez a ocho miembros, lo que puede entenderse como un amago de austeridad en el gasto público. El nuevo Consell no tendrá ni diez días de gracia. Tan alarmante es la situación de la tesorería de la Generalitat que lo prioritario será evitar la quiebra de la Administración autonómica. Ojalá el acuerdo anunciado por Fabra con el Gobierno para garantizar la viabilidad de la Generalitat obre pronto milagros.

Prioritario también será adoptar políticas que estimulen el crecimiento económico y atajar la corrupción que anida en el PP. Demasiados frentes abiertos para 2013. Pero ahora, a diferencia de lo ocurrido en la primera parte de la legislatura, Fabra tiene, con el permiso de Montoro, manos libres para hacer la política que desea. El tiempo de las buenas intenciones ya pasó. Lo que los ciudadanos esperan de él son hechos, algunas señales que les permitan pensar que hay un Gobierno de verdad que lucha por sacarles de la crisis.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad