Aguas turbulentas en la Policía

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Guerras de poder en el CNP

El director general del CNP, Ignacio Cosidó.

en Barcelona, 04 de mayo de 2015 (20:54 CET)

Algunos de los recientes escándalos que han salpicado la actuación del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) han dejado tocado, casi hundido a su director general, Ignacio Cosidó.

La controvertida actuación de las unidades de asuntos internos en la investigación del llamado caso Pequeño Nicolás, puede ser la puntilla. Cosidó destituyó, hace unas semanas, al comisario Marcelino Martín-Blas Aranda poco después de que trascendiese un informe policial elaborado por esa unidad que relacionaba al comisario José Villarejo con el llamado Pequeño Nicolás.

Villarejo, experto en labores innombrables de inteligencia (hace unos meses se reunió con Oriol Pujol, hijo del ex presidente de la Generalitat), es seguramente el policía que provoca más admiración y, al mismo tiempo, más animadversión de todo el cuerpo.

Villarejo, un comisario blindado

Se dice de él que es un protegido del propio ministro quien, en el momento más álgido de las críticas por la supuesta relación del comisario con el pequeño Nicolás, facilitó a la prensa "amiga" un informe en el que avalaba la licitud de la red de empresas participadas por Villarejo, que era uno de los aspectos críticos del informe incriminatorio del destituido comisario de asuntos internos, Marcelino Martín-Blas.

En el pulso que mantuvo Villarejo con Martin-Blas, el ministro del interior se decantó por el primero.

Pocos apoyos entre los comisarios

Cosidó no controló la situación y sacrificó a uno de sus "centuriones" más leales, la cual cosa satisfizo al Cesar pero incomodó al Senado.

El pool de comisarios, acostumbrados a tenerlo todo atado y bien atado, observan reticentes, desde entonces, la gestión de su director general. Y los casos se suceden y aumentan las reticencias.

Se le fue la mano con Cataluña

Por ejemplo, creen que él y alguno de sus más estrechos colaboradores están sobreactuando (y, a consecuencia de ello, erosionando el perfil político del ministerio), en algunas de las muchas y variopintas indagaciones sobre el supuesto entramado corrupto que pulula alrededor de Convergència Democrática de Catalunya (parece que Unió Democrática, o al menos su líder, Josep Antoni Duran Lleida, personaje nada incómodo para la inteligencia del Estado, ha sido excluida de la diana).

Cosidó y alguno de sus colaboradores más cercanos --muy próximos al sector más "ultra español" de la policía--, no están al margen de algunas de las endebles indagaciones que se han realizado desde su organización sobre personas próximas el sector nacionalista catalán y, por su puesto, de la filtración de las mismas a la prensa "amiga".

Al imputado, patada hacia arriba

Se acusa, pues, a Cosidó de sobreactuación y falta de control.

En el marco del asunto del pequeño Nicolás, por ejemplo, parece confirmarse que el comisario Miguel Ángel Barrado, segundo jefe de la Comisaría General de Policía Judicial, cometió un presunto delito de revelación de secreto al informar de la titularidad de un vehículo a petición del gerente del Ayuntamiento de Madrid que, a su vez, se lo había solicitado a instancias del pequeño Nicolás. Barrado, que tiene la potestad de acceder a la base de datos de coches cuya matrícula es, para el grueso de la policía, una identificación reservada, averiguó que se trataba de una vehículo de CNI y así se lo trasladó al gerente municipal.

Barrado en breve declarará como imputado ante el juez por estos hechos. Este comisario ha sido destituido pero elevado a la cumbre de la organización policial. Ahora es el segundo jefe nada menos que del CITCO, el centro de inteligencia y de crimen organizado del Cuerpo Nacional de Policía.

Los comisarios, hartos de dar bandazos

Estos ceses y esos cambios llueven sobre mojado y parecen parches en un ajado paraguas.

El establishment policial español le ha dado la espalda a su director al que acusan de dar bandazos y le reprochan su incapacidad para gestionar y controlar los asuntos delicados. A esa casta policial no le gustan los zarandeos porque, como lobby de presión que es, le hacen perder poder e influencia.

El lunes día 4, el lobby policial catalán le hizo un regalo a su director general. Quizá un regalo póstumo. Le montaron una rueda de prensa sobre una grandilocuente operación contra la mafia china en Barcelona. Cosidó necesitaba sacar pecho y dar muestras de autoridad y éxito. La JSPC llenó la sala de prensa pero una inoportuna niebla impidió al director llegar a tiempo para vender la piel del oso que días antes sus policías de Barcelona habían cazado y convenientemente aguantado para la ocasión.

Sin mando en Cataluña

Cosidó fue a elegir una jefatura que está en precario desde hace meses, gobernada de facto por cuadros intermedios ante la baja de su jefe superior, Agustín Castro, aquejado de una severa depresión por causas personales y profesionales. Se dice que, hace meses, el ministro Fernández Díaz le hizo saber, personalmente, que no contaba con él por su pésima gestión en el asunto de la agencia de detectives Método 3. Que su cese era cuestión de tiempo.

Se dice y se da por hecho en círculos próximos a la casta policial de Cataluña, que tan pronto Castro se reincorpore, será destituido y la Secretaría de Estado de Seguridad hará público el nombramiento del comisario Sebastián Trapote, como nuevo jefe de Superior de Policía de Cataluña. Trapote es, actualmente, responsable de la UCOT (Unidad de Coordinación Territorial del CNP).

Relevos a la vista

Aguas revueltas en el Cuerpo Nacional de Policía en plena pre campaña electoral. A Agustín Castro, ex-comisario de información antiterrorista y persona muy apreciada por sus compañeros de Cataluña, se le buscará un acomodo acorde con su situación.

A Cosidó, se le puede reservar, como ya pasó con un antiguo y no menos controvertido director general llamado Juan Cotino, un puesto en alguna lista electoral del PP.

Una salida poco ruidosa para lo que es un clamor en el centro de imperio. 

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