Ciencia competitiva, según De Guindos

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El ministro de Economía anuncia una ‘revisión global’ del sistema español de ciencia y tecnología para 2014

El ministro Luis de Guindos en una comparecencia en Bruselas / EFE

26 de octubre de 2013 (13:53 CET)

El Ministro de Economía y Competividad, Luís de Guindos, ha admitido esta semana que la inversión en el sistema español de ciencia y tecnología ha sido “muy limitada” en estos últimos años. Fue en la clausura de los Premios Cinco Días a la innovación empresarial. Y achacó las limitaciones a las exigencias del guión de la crisis, que las ha convertido en poco menos que imprescindibles.

Las perspectivas, no obstante, van a mejorar en el futuro. De un lado, anunció, se va a revisar el sistema de investigación, desarrollo e innovación español “de acuerdo con la Comisión Europea”. Será durante el primer semestre de 2014 y de la evaluación van a salir “recomendaciones”. Del otro, recordó que la propuesta de Presupuestos Generales del Estado prevé un incremento del 10% para el próximo año, cifra que no es compartida por expertos de la comunidad científica que han analizado la letra pequeña de la misma.

De nuevo, un diagnóstico


La idea lanzada por De Guindos no es nueva. Desde la aprobación de la primera Ley de la Ciencia, en 1986, en prácticamente cada legislatura, fuera quien fuese quien gobernara, se han establecido órganos que han tratado de dar un impulso al sistema no sin antes reformarlo.

Hasta 2011, fecha en la que se aprobó la actual Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, se han sucedido múltiples análisis, desde parciales hasta los más globales, que venían a decir poco más o menos lo mismo: hay que revisar el sistema y hacerlo más competitivo. Un diagnóstico en el que todas las partes, del signo que fueran, han estado de acuerdo.

Sin embargo, dos han sido las constantes en este larguísimo periodo. Una de ellas, la escasa participación de la comunidad científica, salvo excepciones, en el diagnóstico; la segunda, la implementación de medidas políticas de distinto signo que se han acabado traduciendo en parches al sistema.

Del parcheado al consenso


Una Ley parcheada acabó provocando un sistema parcheado. En la anterior Ley se fueron sumando enmiendas y contradicciones que más que organizar, llevaban a una adaptación constante, aunque con premisas más o menos estables. Quedaba claro que había un sistema de acceso a la financiación basado en criterios de competitividad. Los investigadores seguían siendo funcionarios pero se entreabrían las puertas a formas de contratación más flexibles gracias sobre todo a la instauración de centros al margen del sistema. Se empezaban a dar condiciones para la atracción de talento internacional; y, ante todo, iban creciendo los presupuestos.

Toda esta amalgama acabó traduciéndose en la Ley de 2011, inopinadamente aprobada con el consenso de las fuerzas mayoritarias del Congreso del momento. Por una vez, Partido Popular, Partido Socialista y el resto de fuerzas, incluidas CiU, PNV e Izquierda Unida, se pusieron de acuerdo y dieron el sí a una norma que integraba el concepto de innovación al sistema.

Sin desarrollo

Una parte sustancial de la norma impulsada por el extinto Ministerio de Ciencia encabezado por Cristina Garmendia tiene pendiente su desarrollo efectivo. Entre otros aspectos, la puesta en marcha de la tan deseada Agencia Estatal de Financiación para buena parte de la comunidad científica, el verdadero nudo gordiano del sistema.

Si se cumple el anuncio del ministro De Guindos podrá darse la paradoja de que un sistema que apenas ha iniciado su andadura es revisado y muy probablemente cambiado, pese a ser la norma que mayor consenso político ha alcanzado hasta la fecha.
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