El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso de los Diputados. EFE/Emilio Naranjo

El Congreso retoma la agenda aliviado del culebrón secesionista

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El desafío independentista pierde relevancia en la agenda política mientras los asuntos nacionales vuelven a situarse en la primera línea de la actualidad

Madrid, 22 de febrero de 2018 (21:14 CET)

Ya van dos semanas sin interpelaciones al Gobierno sobre el desafío secesionista en las sesiones de control. Empieza a generarse un consenso de que hablar y trasladar a primera línea de la actualidad el contencioso catalán sólo beneficia a los golpistas.

Mientras la confrontación entre el fugado Puigdemont con ERC y el PdeCat mantiene congelado el Parlament y la investidura de un nuevo president, el vía crucis de imputados ante el juez Llarena diluye la épica independentista y dibuja un horizonte de deserciones en los principales líderes que siguen declarando que ellos no han sido y que no sabían lo que hacían. Demostración de que un golpe a la democracia cuyos protagonistas se acobardan ante los jueces tiene muy poco futuro.

Los partidos de la oposición, PSOE, Podemos y Ciudadanos, han retomado la agenda política con la vista en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del año próximo. Y con el interrogante de si Mariano Rajoy podrá aguantar en el gobierno con su precaria situación.

El desfile de imputados ante el juez Llarena diluye la épica independentista y dibuja un horizonte de deserciones en los principales líderes

La sensación que se impone es que el desafío secesionista es un tumor con el que la sociedad española se tiene que acostumbrar a convivir. Se recuerda lo ocurrido en Quebec a partir de los dos referéndums para la autodeterminación. Fuga de empresas, traslado de la bolsa y caída económica y empresarial en el entorno independentista canadiense. Quebec nunca se ha recuperado del impacto económico negativo de su intento separatista. La economía canadiense ha resituado su actividad económica en el resto del territorio. Quebec ha ralentizado su crecimiento y ha visto aumentado el desempleo. El resto de Canadá sigue creciendo a buen ritmo.

Empresarios y políticos creen que esa será la ruta a la que conduce el secesionismo catalán. Y para lograr un cambio en la estructura de voto de bloques, en donde no puede haber trasvase inmediato, los hechos tendrán que demostrar con crudeza que mientras no desaparezca la amenaza, Cataluña sufrirá un largo periodo de retroceso económico que es el único factor que a medio plazo pudiera restar apoyos importantes a los partidos secesionistas.

El desafío secesionista es un tumor con el que la sociedad española se tiene que acostumbrar a convivir

Los partidos de oposición han retomado su agenda política al margen de lo que ocurre en Cataluña. Ciudadanos ha interiorizado que Puigdemont puede forzar unas nuevas elecciones en Cataluña a medio plazo.  Después de la victoria de Inés Arrimadas, no temen una repetición de elecciones, pero no la desean.

Puigdemont controla más de veinte diputados hooligans dispuestos, al menos de momento, a acompañar su sueño legitimista. ERC busca la forma de romper con él sin pagar un precio, dado el alto contenido simbólico y emocional que todavía tiene la figura del ex president prófugo en una parte del electorado secesionista. El Pdecat no tiene control alguno sobre el prófugo y sus leales. No sabe cómo puede recuperar la disciplina y la autoridad de partido.

Puigdemont controla más de veinte diputados 'hooligans' dispuestos a acompañar su sueño legitimista

Con ese panorama, el escenario político vuelve a instalarse en Madrid, que se libera poco a poco del secuestro catalán de la política española.

Ciudadanos ha rediseñado su estrategia parlamentaria. Apretar, pero no ahogar al Gobierno. Albert Rivera necesita tiempo para adecuar su organización a sus expectativas políticas. Necesita fichajes para las próximas elecciones municipales, europeas y autonómicas. Y aplicar filtros para detectar oportunistas. Consolidar las encuestas y apuntalar un programa de gobierno que cimente sus aspiraciones a ser alternativa para el gobierno de España.

El primer desafío son los Presupuestos Generales del Estado. Ciudadanos sigue acusando al PP de incumplir el pacto que permitió la investidura de Mariano Rajoy. El símbolo vigente es la negativa a quitar de en medio a la senadora Pilar Barreiro, citada a declarar por el Tribunal Supremo como imputada en una causa relacionada con la Operación Púnica. Si no dimite o por lo menos se sitúa en el Grupo Mixto, Ciudadanos no aprobará los Presupuestos, aunque el PNV desbloquee el acuerdo alcanzado por el Gobierno y que está en suspenso hasta que se levante la vigencia del artículo 155.

Ciudadanos ha rediseñado su estrategia parlamentaria: apretar al Gobierno, pero no ahogarle

Los cambios en la estrategia de Ciudadanos han conducido a algunos acuerdos negociados con Podemos. La reforma de la ley electoral para hacerla más proporcional no ha seducido al PSOE, al que probablemente no beneficiaría, que se ha puesto de perfil aludiendo a que para reformar esta ley hace falta acuerdo con el PP.

La aplicación inmediata del nuevo régimen de la televisión pública también es un acuerdo que une a Ciudadanos y Podemos. El PSOE es partidario, al menos eso piensa Ciudadanos, de aplazar su entrada en vigor a la próxima legislatura.

Mientras tanto los casos de corrupción siguen erosionando al PP. Es un desgaste sin control en el que la comisión del congreso se ha convertido en una pista de circo por la que desfilan Correa, el Bigotes y otros personajes que amenazan intermitentemente con tirar de la manta. La corrupción se ha convertido en un goteo sobre el partido, convertido en piedra caliza que se va disolviendo no tan lentamente.

La reforma de PSOE y Podemos para hacer la ley electoral más proporcional no ha seducido al PSOE

El PSOE ha recuperado su apego a la línea más dura. Vuelve a circular el eslogan “somos la izquierda” y hay la tensión con quienes se enfrentaron a Pedro Sánchez en las primarias, que se ha visualizado claramente vetando a Elena Valenciano en sus posibilidades de ser la líder del grupo de los socialistas en el Parlamento Europeo.

En el PSOE consideran que su apoyo al Gobierno en la crisis catalana ya no va a ser una prioridad. En los balbuceantes intentos del Gobierno de instalar la educación en castellano a través del 155, la respuesta negativa del PSOE ha sido tajante.

Los retos del PSOE son recomponer su agenda parlamentaria en la nueva situación política, en donde Podemos y Ciudadanos se entienden en temas que no le interesan al PSOE. El partido de Pedro Sánchez necesita escenificar de nuevo su confrontación con el PP, situando otra vez a Rajoy como el problema más grave de la democracia española. Pensiones, brecha salarial y corrupción ocuparán un lugar destacado en la agenda parlamentaria socialista.

Ciudadanos y el PNV serán los protagonistas que decidirán el rumbo de lo que queda de legislatura

Empiezan a ser conscientes de que la ausencia de Pedro Sánchez del Congreso de los Diputados es un serio inconveniente para una estrategia preelectoral. En el Grupo Parlamentario hay un descontento creciente con el papel de Margarita Robles como portavoz del Congreso.

También hay preocupación por la forma en que se están diluyendo propuestas estrella como la reforma constitucional y el desarrollo de las tesis de la España plurinacional.

Con Podemos hay sencillamente desconcierto ante la constatación de que no se han repuesto de los efectos de la ambigüedad de sus planteamientos en la crisis catalana. Las crisis regionales y las apariciones estrambóticas de la portavoz Irene Montero demuestran las dificultades de perfilar su agenda parlamentaria, incluida la definición de sus relaciones con el PSOE.

Si finalmente se produce una investidura en Cataluña y la retirada del 155, la aprobación de los presupuestos será la prioridad del Gobierno. Ciudadanos y el PNV serán los protagonistas que decidirán el rumbo de lo que queda de legislatura.

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