Convergència enmudece: nadie discute sobre el plan de Mas

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DEMOCRACIA INTERNA

El presidente de la Generalitat, Artur Mas durante un mitin en Barcelona

Barcelona, 10 de diciembre de 2014 (00:05 CET)

¿Debate? ¿Discusión de ideas? No en Convergència.

La dirección del partido espera, pacientemente, las decisiones que pueda tomar el President Artur Mas en los próximos días y semanas. Mas tiene previsto reunirse, de nuevo, con el presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, y con el resto de fuerzas políticas que defendieron la consulta soberanista.

Sólo él determinará si es mejor o no convocar elecciones con carácter plebiscitario.

Un partido "hibernado" durante 18 meses


El partido, sin embargo, podría tener un papel clave en toda esa operación. Mas, sin embargo, expresó en su conferencia en la que diseñó la hoja de ruta del proceso independentista, que los partidos debían "hibernar" durante 18 meses.

Y parece que Convergència se lo ha tomado en serio. Aunque, ciertamente, existe una minoría de dirigentes que no ven nada claro lo que está sucediendo en la política catalana.

Agotar la legislatura, ¿por qué no?


Uno de ellos es el conseller de Política Territorial, Santi Vila, que expresará este miércoles su deseo de que Mas pueda agotar la legislatura. Lo lleva defendiendo desde hace algunas semanas. Vila pronunciará una conferencia en un desayuno informativo presentado, ni más ni menos, que por David Madí, ahora fuera de la primera línea política, pero todavía con gran ascendente en el President Mas.

La discusión, en todo caso, debería centrarse en la propia dirección de Convergència.

Y aquí brilla por su ausencia. En la última ejecutiva, de la pasada semana, nadie quiso debatir si era mejor o no aprobar los presupuestos de 2015, si se podría abrir una puerta para agotar la legislatura, ni si se podría explorar algún tipo de negociación con el resto de grupos parlamentarios, al margen de Esquerra Republicana.

Pendientes de la negociación con ERC


Sólo algunas voces, entre ellas la de Antoni Fernández Teixidó, preguntaron qué se podía negociar, en relación al presupuesto. Tras una intervención del conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, sobre la necesidad de que el Gobierno central cumpliera con sus compromisos, con partidas que deberían ascender a los 2.200 millones de euros para cuadrar las cuentas del próximo año, el coordinador general de CDC, Josep Rull, trató de alejar cualquier posibilidad de debate.

Rull afirmó que había que esperar cómo podía evolucionar las negociaciones de Mas con Junqueras. Y, por tanto, toda Convergència está a la espera de eso.

Diputados en la cuerda floja


¿Es lógico? Los partidos políticos tratan ahora de adaptarse, como pueden, a las nuevas exigencias de la opinión pública, ofreciendo mayor transparencia. Pero la democracia interna que se reclama no se practica en las propias filas. Convergència, convencida de que la marca ya no suma, después del caso Pujol, sólo espera ahora una solución por parte de Mas, aunque la hoja de ruta del President implique –si prospera la lista unitaria—que muchos de los actuales diputados de CDC se queden en la estacada.

La incomodidad de Rull, por ejemplo, es manifiesta. Estaba llamado a recomponer el partido, como coordinador general –fue nombrado el mismo día que Pujol confesaba su delito fiscal, el 25 de julio—pero se conforma ahora con esa "hibernación del partido".

La espera amarga de Felip Puig


En las próximas semanas, sin embargo, algunos dirigentes podrían definirse con alguna claridad. En próximo 17 de diciembre el pleno del Parlament debatirá sobre las enmiendas a la totalidad del presupuesto. Si Mas no tiene ningún acuerdo previo con ERC, todos los grupos le podrían indicar al President que retire las cuentas, lo que supondría una clara humillación, y una muestra de que no podría seguir adelante.

Ahora se trata de saber si Mas llegará o no a esa fecha con algo tangible. Algunos dirigentes, como Felip Puig, siguen en un discreto segundo plano. Puig sufre por un partido que lideró, y que se va desmoronando, sólo pendiente de Mas, como si fuera un caudillo.

Lejos quedan los acalorados debates en el seno de la ejecutiva, hace ya algunos años, por un sinfín de cuestiones, sobre las relaciones con el Gobierno central, sobre los presupuestos, o sobre un determinado proyecto de ley, fuera bajo el liderazgo del propio Mas o de Jordi Pujol.

Ahora todo es silencio.
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