De Cospedal tiene un plan para contrarrestar a Santamaría en Cataluña

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García-Albiol depende del éxito de la secretaria general del PP, mientras que la vicepresidenta sólo tiene ojos para Enric Millo

Cospedal, Rajoy y Sáenz de Santamaría, en una imagen en el Congreso./EFE

Barcelona, 22 de enero de 2017 (06:00 CET)

¿Operación diálogo en Cataluña? Ese diálogo debe comenzar antes en el seno del PP catalán, y entre éste y el PP nacional. La actual secretaria general del PP, y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, tiene un plan para contrarrestar a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, y la pieza clave se llama Xavier García-Albiol.

La situación cambia con celeridad en el PP catalán. La designación del delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, por parte de Sáenz de Santamaría, dejó helado al presidente del grupo parlamentario, García-Albiol.

Del tono agresivo al diálogo

El ex alcalde de Badalona, acostumbrado a lanzar pullas constantes, y con un tono agresivo contra los nacionalistas y contra el movimiento independentista, veía como el portavoz parlamentario, Enric Millo, un político curtido en mil batallas, con un pasado en Unió Democràtica, se convertía en el único interlocutor del Gobierno en Cataluña para ofrecer diálogo y posibles acuerdos.

El partido debe dirimir esa contradicción en el congreso que celebrará el 25 y 26 de marzo. García-Albiol es un hombre de Cospedal, pero, aunque orgánicamente pueda estar blindado, todo dependerá del Congreso del PP nacional que se celebará a mediados de febrero.

Las fuentes consultadas del partido aseguran que Cospedal se siente segura, que Rajoy confiará en ella otra vez para ser reelegida secretaria general, y que el hecho de haber avalado el dictamen del Consejo de Estado sobre el Yak-42, que ha dejado en una posición delicada a Federico Trillo y que le obligó a dejar la embajada de Londres, supone haber recibido todo el apoyo de Rajoy.

Pugna entre dos bloques

García-Albiol está atado a esa relación de confianza con Cospedal. Pero su elección como presidente del PP catalán, en el congreso de marzo, --en sustitución oficialmente de Alicia Sánchez-Camacho-- está en el aire.

Su relación con Millo no es buena, porque los proyectos políticos también son diferentes, y no es una cosa menor el tono y la relación con el resto de fuerzas políticas, con Millo como gran maestro de ceremonias para tejer a medio y larzo plazo todo tipo de complicidades.

Por eso, la guerra interna en el PP catalán será también la pugna entre Cospedal y Sáenz de Santamaría. El plan de Cospedal se centra en las relaciones orgánicas: García-Albiol tiene todos los resortes internos para ser presidente. Uno de los más importantes es el apoyo que le ha ofrecido Alejandro Fernández, presidente provincial del PP de Tarragona.


La pieza de Alejandro Fernández

El hecho de que García-Albiol, tras la nueva responsabilidad de Millo, nombrara a Alejandro Fernández nuevo portavoz del grupo parlamentario, significaba su concurso para que Tarragona le apoye en el Congreso.

El otro apoyo decisivo vendrá de Barcelona. Aquí la batalla se centra entre dos veteranos, Alberto Fernández y Albert Villagrasa. Éste último es un hombre de la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que apoya a Cospedal.

Sin embargo, aunque órganicamente García-Albiol tuviera todos los apoyos internos necesarios, "todo, todo, está en función del Congreso del PP nacional", reiteran las mismas fuentes del partido.


La mano de Soraya

Incluso si Cospedal queda reforzada, los dirigentes consultados no aseguran que el Gobierno pudiera influir decisivamente en la elección de un nuevo presidente del PP catalán que apoye la figura y la estrategia de Millo. Y aquí quien tiene la mayor influencia es Soraya Sáenz de Santamaría.

Pero claro, Cospedal podría hacer valer la propia naturaleza del PP catalán. "No se podrá imponer a nadie que desvirtue la esencia ideológica, por mucho que se necesiten acuerdos, y el PP catalán combate claramente el nacionalismo catalán", se precisa.

En el pasado, sin embargo, aparece la larga sombra de Josep Piqué, impuesto por José María Aznar en 1996, tras cortarle la cabeza a Alejo Vidal-Quadras, por orden de Jordi Pujol.
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