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El responsable del urbanismo atiende en una masía semiclandestina. Discreción total en la oficina que puede generar millones con una recalificación

Madrid, 19 de julio de 2017 (05:55 CET)

Las decisiones más delicadas en el ayuntamiento de L’Hospitalet (Barcelona) no se toman en la sede central del gobierno local, sino en una masía desconocida en la calle de Xipreret 25, a tres manzanas del ayuntamiento, en una zona con muy poco tránsito y oculta detrás de La Talaia, una torre fortificada del siglo XVII.

No hay ningún cartel oficial que identifique la sede municipal, el lugar donde se toman las decisiones estratégicas del urbanismo en la ciudad. No hay letreros ni mensajes de bienvenida. Sólo una puerta forjada. Podría ser una biblioteca, un centro cívico o una mansión de cualquier millonario, pero dentro, una decena de funcionarios y empleados trabajan bajo el mando de Antoni Nogués, el gerente de la Agencia de Desarrollo Urbano (ADU), que aprueba los planes urbanísticos estratégicos para la ciudad.

La reforma de una acera o una plaza no pasa por sus manos, sino por la concejalía de urbanismo. Lo suyo son los proyectos de enjundia, los planes de inversión millonaria que prometen grandes transformaciones. Su último gran proyecto: la construcción de 26 rascacielos en un plan que afectará suelo rústico y zonas verdes. En su lugar, planea la construcción de hoteles y oficinas.

El poder en la sombra

Nogués deja huella en todo propietario, empresario urbanístico o político que se reúne en su despacho. “Acudí a presentar un proyecto y me sorprendió el secretismo de la casa. Te abre la puerta una asistente y te da la impresión que estás entrando a un cortijo, a un coto privado, no a una oficina municipal, abierta al público”, explica un empresario que se reunió hace unos años con Nogués.

“Creo que no estaba interesado en lo que le contaba porque iba a plantear un proyecto modesto sin grandes construcciones ni inyección de capital. Entendí que sólo le interesan los megaproyectos”, añade.

A los jerarcas urbanísticos de L’Hospitalet siempre se le ha conocido como “Los Tonis”. Toni Nogués, el máximo responsable, y Toni Rodríguez, jubilado recientemente y que todavía mantiene contacto habitual con su tocayo, según fuentes cercanas.

Hace cinco años, dos activistas en defensa del patrimonio y de las viviendas sociales pidieron cita con los máximos responsables del ayuntamiento. Protestaban por un plan para construir pisos de protección oficial de lujo, con piscina y que terminaron costando hasta 260.000 euros, más caros que muchas viviendas del mercado libre.

“Estaba Toni Nogués, la alcaldesa Núria Marín y el concejal Francesc Belver. No olvido sus formas, casi intimidatorias. Alzaba la voz, gritaba, nos descalificaba. Estaba muy nervioso y pegaba puñetazos sobre la mesa”, explica Fran Villaescusa, que llegó a plantear al ayuntamiento un proyecto urbanístico menos agresivo y con pisos para los vecinos con baja renta.

“Nos trataron prácticamente de ilusos por no plantear un proyecto donde hubiese un pelotazo inmobiliario. Incluso la alcaldesa nos llegó a decir que buscaba la llegada de nuevos vecinos con un poder adquisitivo mucho más alto”, explica Villaescusa, hoy coordinador del grupo Canviem L’Hospitalet. 

A tiempo parcial

El máximo responsable de urbanismo de L’Hospitalet no ejerce con dedicación exclusiva. Tiene un despacho legal en Barcelona en la calle Balmes. El Ayuntamiento de L’Hospitalet asegura que el jerarca de urbanismo tiene solicitada la compatibilidad y, por tanto, puede ejercer su actividad profesional.

“Ha hecho cosas buenas por L’Hospitalet pero creo que la ciudad se debe dirigir con nuevos criterios y se debe superar la vieja política urbanística”, explica Miguel García, portavoz del grupo de Ciudadanos, quien militó durante muchos años en el Partido Socialista y conoce de cerca al jefe de urbanismo.

Sus defensores le atribuyen la capacidad de concebir proyectos inmobiliarios que mejoren la ciudad sin que las arcas públicas tengan que cargar con gastos para llevarlos a cabo. Un método habitual de muchos ayuntamientos para financiar sus obras públicas. Pero sus detractores perciben en él y su equipo unas prioridades meramente especulativas.

“Creo que trata a los que no están en su línea con opacidad y prepotencia. Le quería plantear otra alternativa en La Remunta, pero ni siquiera nos dejó hablar”, explica el historiador Ireneu Castillo. “Tengo la impresión de que sólo le interesa gentrificar L’Hospitalet”.

Mientras el municipio ultima una enorme transformación urbanística para dar paso al negocio millonario de constructoras e inmobiliarias, Nogués sigue permaneciendo en la sombra, sin apariciones públicas y sin grandes declaraciones. Con la marcha de su tocayo, el otro Toni, todo el poder queda en su firma. 

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