El círculo de Mas desvela sus ansias por presidir la Generalitat

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El líder de Convergència es consciente de los problemas judiciales que acechan a su partido y de la necesidad también de seguir adelante para rehacer el espacio político

Artur Mas, delante de la puerta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), antes de declarar por el 9N / EFE

Barcelona, 24 de diciembre de 2015 (04:00 CET)

Artur Mas quiere ser president de la Generalitat de nuevo. Ahora está a punto de lograrlo. La asamblea de la CUP, que se celebra este domingo, y que tendrá lugar en Sabadell, en lugar de en Girona como estaba previsto, tiene en su mano la decisión.

Tras las últimas conversaciones con Junts pel Sí, la CUP se podría inclinar a prestar parte de sus diez diputados para que Mas sea reelegido la próxima semana. La Junta de portavoces del Parlament se reúne este lunes para organizar ya el nuevo pleno antes de acabar el año. Para Mas es fundamental.

El círculo de Mas insiste en las últimas semanas en dos cuestiones que se retroalimentan, pero sin obviar la fundamental: Mas sabe que la investigación sobre el supuesto pago de comisiones ilegales del 3% a Convergència seguirá su curso, y que se podrían abrir nuevas investigaciones.

Detenidos por el 3%

La obsesión es "ser president cuanto antes", porque sus asesores jurídicos entienden que se podrá defender con más garantías, al tiempo que sería más respetado. Pese a que el proceso soberanista ha permanecido en un segundo plano, durante las elecciones generales, el clima se podría intensificar en las próximas semanas con la propia votación de Mas en el Parlament.

El acecho judicial a Convergència y al propio Mas no es menor. Con la operación denominada Petrum III , la Guardia Civil registró la sede de Convergència, y de Infraestructures.cat., y detuvo a 11 personas relacionadas con el supuesto cobro ilegal. Entre ellas, el tesorero del partido y de las dos fundaciones de CDC, Andreu Viloca. También se arrestó a dos administrativos. Y la operación siguió con la detención de Josep Antoni Rosell, número dos de Infraestructures.cat, un hombre próximo al conseller de Justícia en funciones, Germà Gordó.

Mas, ese mismo día, se reunía con Jordi Pujol en el domicilio de Joan Martí Mercadal, un ex consejero de Banca Catalana, y amigo íntimo de Pujol, un encuentro desvelado por Economía Digital. Dos días más tarde, Mas, en el Parlament, aseguró que se sentía vigilado, y sacaba pecho por seguir viendo al ex president.

Tras Gordó...Mas

Las fuentes que insisten en que lo mejor que puede hacer Mas es ejercer cuanto antes de President mantienen que las investigaciones no se quedarán en Gordó, porque el último responsable del partido es el propio líder convergente. En sus manifestaciones en el Parlament, Mas consideró que no podía explicar nada nuevo, y que todos los contratos de la administración catalana se habían realizado correctamente. 

Otra cuestión es la imputación de Mas en el proceso por la organización de la consulta del 9N de 2014. El president declaró el 15 de octubre ante el TSJC, y asumió "toda la responsabilidad política". Aclamado por manifestantes soberanistas, se negó a responder las preguntas de la Fiscalía y la acusación particular. Eso, sin embargo, está pendiente. Y se podría activar en cualquier momento.  Para Mas lo mejor "es que le coja como President". El círculo de Mas tiene claro que los poderes del Estado le tienen ganas al president, al que no perdonan, precisamente, que siguiera adelante con la consulta cuando el Tribunal Constitucional la había suspendido, tras el recurso del Gobierno del PP. 

Un partido muy tocado

De todas esas acusasiones, que están en el terreno judicial, Mas le puede dar la vuelta políticamente, ya como presidente de la Generalitat y dirigente de un movimiento soberanista que tendrá, en teoría, un plazo de 18 meses para elaborar una Constitución catalana. Ese es el acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP, que podrían ratificar los militantes de la formación anticapitalista este domingo. Pero si no es así "el peligro de ser encausado es real". 

El otro argumento que se esgrime es estrictamente político. Mas sabe que Convergència, en estos momentos, es un partido destrozado. No hay una idea clara de lo que se quiere a medio plazo. El desgaste es enorme, precisamente, por los casos judiciales, y por la gestión desde la Generalitat, que ha descuidado el día a día, para centrarse en el proyecto independentista. Si Mas no puede retener ahora la presidencia de la Generalitat, y convoca nuevas elecciones para el mes de marzo, la situación de Convergència podría ser mucho peor.

¿Unas nuevas elecciones?

En un escenario en el que se da por hecho que no se repetiría la candidatura de Junts pel Sí con Esquerra Republicana, Convergència podría quedar en la oposición, ante un frente de izquierdas. Mas sabe que la única salida es rehacer el espacio político de CDC desde el Govern, de forma orgánica, y para ello necesita tiempo, desde el Palau de la Generalitat. 

Las elecciones generales han demostrado que Convergència ha perdido buena parte de su electorado, al perder ocho de sus 16 diputados en el Congreso. Es un mal augurio en el caso de que hubiera nuevas elecciones, aunque se traten de unas autonómicas. El pacto que se propone a la CUP, para lograr la investidura, es diametralmente opuesto al espacio ideológico que siempre ha representado CDC. Pero Mas quiere ser President.
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